lunes 6 de julio de 2020
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De absuelto a condenado: la historia de"Zapatito" Benegas desnuda dos miradas de la Justicia

Esta semana se conoció en Rosario una sentencia que deja en la superficie las opuestas miradas del Poder Judicial en relación a la valoración de las pruebas de un mismo hecho, en este caso el brutal crimen de un barrabrava de Newell's.

Esta semana se conoció en Rosario una sentencia que deja en la superficie las opuestas miradas del Poder Judicial en relación a la valoración de las pruebas de un mismo hecho, en este caso el brutal crimen de un barrabrava de Newell’s. Los jueces del juicio no le creyeron a la principal testigo que identificó al acusado como el asesino, y lo sobreseyeron. Pero esa misma declaración fue tomada como clave por los jueces de la Cámara Penal que revisaron el fallo y lo condenaron.

Elías “Zapatito” Benegas fue absuelto el año pasado por el beneficio de la duda tras un juicio de cuatro días donde llegó acusado de asesinar a Jonatan Rosales el 23 de junio de 2016 en Padre Giaccone y Paraguay, un homicidio más en la feroz interna que atravesaba por esos días la barrabrava de Newell’s Old Boys.

La única y principal testigo del hecho fue la mujer de la víctima, Brisa Ojeda, quien lo acompañaba junto a una pequeña hija de un año que llevaba en brazos. La moto en la que circulaban los tres fue emboscada y embestida por un auto donde iban al menos dos personas.

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Postal del crimen de Jonatan Rosales en plena calle.

Postal del crimen de Jonatan Rosales en plena calle.

La joven, de 21 años, identificó a los tiradores: eran Benegas y el asesinado Rubén Ariel “Tubi” Segovia, por ese entonces referente de la banda de Los Monos en el paravalanchas leproso. Jonatan los conocía de ese mundo porque solía realizar algunos trabajos sucios por encargo de Tubi.

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Los investigadores creen que Segovia decidió eliminar a Rosales porque se sintió traicionado cuando el joven se negó a matar a Matías “Cuatrerito” Franchetti, otro que quiso copar la parada en Newells y finalmente fue asesinado el 7 de junio de 2016.

Después del crimen de su marido Brisa quedó aterrada porque sabía de los códigos mafiosos con los que se manejaban los sujetos mencionados. Es más a las pocas horas del hecho dijo no reconocerlos al declarar en la comisaría porque era consciente de que “Segovia le pagaba a la policía”.

La joven pudo juntar fuerzas y en una declaración judicializada en la Fiscalía de Homicidios identificó a Zapatito como quien baleó a Jonatan, y a Tubi como ocupante del auto.

En ese interín sufrió intimidaciones, y cambió sin querer cambió su vida por otra. El 13 de diciembre de 2016 sicarios se presentaron en su casa, golpearon la puerta y en su lugar salió su hermana Lorena, de 16 años. Los agresores la confundieron con ella y la balearon. La chica agonizó un mes y luego falleció. Ese ataque fue digitado por Tubi Segovia, horas antes de que Brisa fuera a Tribunales a la ronda de reconocimiento en la que lo identificaría. La idea era infundir temor a la testigo, lo lograron, y también mataron a su hermana.

El juicio

Benegas fue detenido y en septiembre del año pasado llegó al juicio oral acusado del crimen de Rosales. Tubi Segovia no estuvo en el banquillo porque reos encapuchados lo mataron a chuzados en abril de 2018 en una celda de Coronda, donde esperaba el proceso en su contra por ese y otros tres homicidios.

Al declarar ante los jueces Facundo Becerra, Juan Carlos Curto e Ismael Manfrín, Brenda señaló directamente a Benegas. Narró que Segovia conducía el auto y Zapatito iba como acompañante con el vidrio bajo. “Veo que saca la mano, y el fierro, me doy vuelta para tapar a mi nena y es cuando me da el tiro a mí”, describió. Luego indicó que escuchó cerca de diez disparos. Todos iban dirigidos a su marido. Pero la hipótesis acusatoria de la fiscal Mariana Prunotto que se apoyaba en esa declaración esencial, sufrió los embates del abogado defensor de Benegas, Leopoldo Monteil.

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El Juez Manfrin que escuchó el relato de la testigo.

El Juez Manfrin que escuchó el relato de la testigo.

En su alegato el profesional dijo que esa era la única versión sobre la mecánica de los hechos que ponía a su cliente en la escena del crimen, y señaló que Brisa era parte de una interna en Newell’s de la que también participaba su marido. Y que por eso tenía motivos para mentir.

La duda, beneficio y la arbitrariedad

La fiscal replicó esos argumentos y enumeró una serie de pruebas coincidentes y concordantes sobre la responsabilidad de Zapatito. Sin embargo los jueces Becerra, Manfrín y Curto interpretaron que no eran suficientes para condenarlo. Y en fallo unánime dictaron el sobreseimiento “por el beneficio de la duda”.

Prunotto apeló la sentencia. Remarcó que fue “arbitraria” en cuanto a la valoración de la prueba, “por violar el principio de sana crítica racional”. Según su análisis, los tres jueces parecieron “no escuchar el relato de Brisa” cuando describió cómo fue el momento del reconocimiento que realiza en Paraguay y Piedras, momentos antes del homicidio.

Los jueces Becerra, Manfrín y Curto consideraron absolver a Benegas tras no creer el relato de la única testigo que tuvo el caso.

Además, explicó que de los dichos de Brenda “queda claro que el auto traspasó la línea de la calle, retrocedió y le dio paso a la moto, y es en ese momento que dice ellos iban en moto, alumbran al auto y pueden ver a sus ocupantes, reconociendo como acompañante a Benegas y como conductor al “Tubi” Segovia.

Revaloración, otra mirada

El caso llegó a la Cámara Penal. Los jueces sorteados para revisar la sentencia fueron Gustavo Salvador, Carolina Hernández y Gabriela Sansó. De entrada los magistrados mostraron su disidencia con la decisión de los colegas. Indicaron que “no tuvieron en cuenta que Brisa conocía de antemano a los agresores, porque Jonatan “llevaba con ellos gente a la cancha de Newell's cuando había partidos”.

Los camaristas criticaron a los jueces del juicio por restarle credibilidad al relato de Brenda por no haber denunciado lo ocurrido en la comisaría, cuando la testigo aclaró que era consciente que sus dichos caerían en saco roto por los sobornos que Segovia pagaba a la policía. “Brisa Ojeada conocía de antemano a quienes identificó como los autores del ataque en su contra. Lo más criticable es que la variación en la evaluación de la palabra de la víctima fue dada por el Tribunal con argumentos que no resultan convincentes y por lo tanto no constituyen una fundamentación lógica” dicen los camaristas al sostener que la sentencia del juicio “tuvo déficit argumentativo”.

Según esa ponderación, la perspectiva con la que debía analizar la prueba “no podía escapar al contexto de violencia y de conocimiento previo entre víctimas y victimarios. No se entiende por qué Brisa mentiría sobre las personas que le mataron a su pareja y padre de su hija en un ataque donde sólo por la buena fortuna no encontró la muerte, y cuando al poco tiempo le mataron a la hermana”.

Ponerse en el lugar del otro

En otro párrafo del fallo critican a los jueces del juicio porque no se pusieron en el lugar de la testigo, una valoración cargada de sentido común, algo que no abunda en el Poder Judicial. “Para comprobar la veracidad del testimonio el juez deberá ponerse en el lugar del testigo (tiempo, lugar, situación de apremio) y sopesar sus dichos con otros elementos objetivos de la causa”.

“no podía escapar al contexto de violencia y de conocimiento previo entre víctimas y victimarios. No se entiende por qué Brisa mentiría sobre las personas que le mataron a su pareja y padre de su hija en un ataque", resaltaron los camaristas en su fallo

“no podía escapar al contexto de violencia y de conocimiento previo entre víctimas y victimarios. No se entiende por qué Brisa mentiría sobre las personas que le mataron a su pareja y padre de su hija en un ataque", resaltaron los camaristas en su fallo

En ese sentido explican que debe tenerse especialmente en cuenta la percepción del testigo, ya que “no es lo mismo un suceso que lo involucra emocionalmente, tomándolo por sorpresa y generando un fuerte impacto. La declaración de Brisa no podía valorarse por fuera de esas circunstancias para “confluir en la atribución de responsabilidad penal de Benegas”.

Bajo esa perspectiva los camaristas decidieron revocar el fallo y condenar a Zapatito Benegas a 17 años de prisión como autor de homicidio agravado por el uso de arma de fuego, en concurso real con tentativa de homicidio agravado (por el ataque a Brenda), en curso ideal con la portación ilegal de arma de fuego de guerra. Tras el fallo, la fiscalía solicitó la inmediata detención de Benegas (estaba en libertad) pero hasta el viernes a última hora no lo habían hallado en su domicilio.

La dispar valoración jurídica de un mismo hecho y sobre las pruebas volcadas en un juicio, donde se aborda desde el mínimo delito hasta casos como el homicidio de Rosales, hacen pendular la balanza de la Justicia hacia el peligro de la impunidad. Esta vez la instancia revisora del proceso penal parece haber puesto las cosas en su lugar. No siempre es así.

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