Juan Ramón "Chacho" Cano, el hombre condenado a prisión perpetua por el femicidio de la maestra Vanesa Castillo en Alto Verde, intentó atacar con una chuza al personal del Servicio Penitenciario en la cárcel de Coronda. La circunstancia del ataque fue revelada en una audiencia por un pedido de "habeas corpus" que presentó la defensa de Cano: el interno reclamaba que n recibía atención médica en el penal.
La audiencia se realizó este lunes en la sala 4 de los tribunales santafesinos y fue presidida por el juez Sebastián Szeifert; Cano y el defensor público Alejandro Bustamante participaron por videoconferencia. El fiscal Marcelo Fontana representó al MPA, José De Olazabal, funcionario del Ministerio de Justicia, intervino en representación del gobierno provincial, mientras que el Servicio Penitenciario estuvo representado por empleados del área de Asuntos Jurídicos y del sector de internos de Alto Perfil.
El planteo de la defensa estuvo motivado en un presunto "empeoramiento en las condiciones de detención" de Cano por una herida que presenta en una pierna. Sin embargo, el juez rechazó el planteo ya que Cano es atendido en el penal, recibe elementos de higiene y cuidado, y se constató que fue trasladado al menos en tres oportunidades al hospital Cullen.
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Ataque y herida
La herida que presenta Cano en una de sus piernas fue resultado de un disparo disuasivo realizado por personal del Servicio, el 28 de noviembre de 2023. Entonces, Cano se encontraba alojado en una celda de resguardo, y periódicamente se realizan controles; cuando el personal llegó a la celda 10, Cano se negó a salir e intentó atacar al personal con un elemento cortopunzante de fabricación casera, una "chuza".
Los representantes del Servicio explicaron en la audiencia que, ante el ataque de Cano, el personal actuó según el protocolo y efectuó un disparo disuasivo que le produjo a Cano una herida en una pierna, cerca del tobillo. Esa herida aún no cicatrizó, y Cano reclama que no recibe la atención médica necesaria, y que le niegan los traslados al hospital.
Sin embargo, los representantes del Servicio remarcaron que Cano fue atendido ese mismo día, donde se le realizaron curaciones en la herida y le dieron medicación. Además, una semana después fue trasladado al hospital. En total Cano fue asistido en el Cullen en tres oportunidades, la última de ellas en enero: "El servicio entrega elementos de higiene y cuidado personal, y depende de la voluntad de cada interno cuando y como se higieniza", detallaron desde el servicio para explicar por qué aun puede no haber cicatrizado la herida: Cano no se higieniza ni cuida la herida como debería hacerlo.
El juez entendió que no hubo un empeoramiento en las condiciones de detención de Cano, ya que fue atendido tres veces en el hospital, que está medicado, que es asistido por el personal del penal y que ellos pueden evaluar si necesita ser trasladado nuevamente al hospital. "Es obligación de Cano asumir su propio cuidado personal", remarcó el magistrado, y sugirió al personal del servicio que se realice un control diario para evaluar el estado de la herida.
Un hombre peligroso
Chacho Cano fue condenado en septiembre de 2020 a prisión perpetua por el femicidio de la maestra Vanesa Castillo, cometido en febrero de 2018. En el marco de un juicio oral y público, Cano fue encontrado autor materialmente responsable de los delitos de homicidio calificado por ensañamiento, alevosía y por ser cometido por un hombre contra una mujer mediando violencia de género -femicidio, en perjuicio de Vanesa Castillo; y por lesiones dolosas cometidas a un personal policial.
Cano se encuentra detenido desde el mismo día del crimen, el 15 de febrero de 2018, en medio de una pueblada que se generó en Alto Verde a raíz del violento ataque. Los vecinos y testigos refirieron que Cano se acercó a la maestra cuando salió de trabajar, intentó venderle unas ojotas tipo crocs y luego le pidió que lo llevara en la moto. Ante la negativa de Vanesa Castillo, Cano la tomó del cuello, se subió a la moto y comenzó a apuñalarla con un hierro.
En una de las jornadas del juicio, especialistas declararon sobre las circunstancias de la vida de Cano que lo convirtieron en una amenaza: una infancia atravesada por la violencia de un padre alcohólico que golpeaba a su madre, carencias de lazos afectivos y un consumo problemático de drogas de todo tipo, hicieron que Cano haya construido una vida marcada por la agresión hacia las mujeres y niños.
Cano se crió en el seno de una familia caracterizada por el patriarcado donde un padre violento y alcohólico golpeaba a su esposa en reiteradas oportunidades y delante de sus hijos, entre ellos el hoy imputado por el crimen de Vanesa Castillo. Esas situaciones de violencia hicieron de Cano un niño con grandes dificultades de aprendizaje en la escuela. Tal es así, que sus maestras ya entonces advertían que tenía serios problemas de conducta, con sus compañeros y docentes a quienes golpeaba e insultaba cuando asistía a clases. También mostraba dificultades cognitivas.
Su instrucción fue escasa. A muy temprana edad abandonó la escuela y pasó a protagonizar distintos episodios de desacato a la ley y las normas. En síntesis, se convirtió en un “descarriado” que utilizó siempre la “violencia como mecanismo de resolución de conflictos” y que además consideró a la mujer siempre en un grado de “inferioridad”.
El informe ventilado durante el juicio también determinó que Cano pudo establecer un solo vínculo afectivo a lo largo de su vida: el que tiene con su madre. Es que según determinaron las especialistas, el hombre no cosechó ningún tipo de amistades y aún menos una relación de pareja.
“No tuvo amistades profundas o verdaderas. Si se contactaba con algún hombre era de manera utilitaria para comprar drogas o cometer delitos”, describió una psicóloga del equipo interdisciplinario que pasó por el juicio.
El resultado del informe volcado en el debate destacó además el consumo problemático que tuvo Cano de estupefacientes desde muy pequeño. Se empezó a drogar a los 11 años con “poxirrán” y combustibles. Luego pasó a fumar marihuana y cocaína, como así también a mezclar pastillas con fernet con coca.
Su madre intentó en reiteradas oportunidades internarlo en centros de rehabilitación de Rosario y Santa Fe pero Cano siempre se evadió. También procuró que asista a un taller de alfabetización pero tuvo sacarlo de allí debido a que las docentes sufrieron permanentes agresiones del mismo.






