El mensaje mafioso se impuso desde 2018 como una rúbrica. Era necesario dejar en claro quién estaba detrás de los atentados contra los jueces, con un texto contundente: “Con la mafia no se jode”. En setiembre de 2021, Ariel Cantero fue condenado a 22 años de prisión por los ataques contra magistrados. El juicio expuso que las víctimas, los magistrados, no podían esconder su miedo, algo natural y entendible, ya que habían sido blanco de ataques de un grupo mafioso. Los testimonios de los jueces pasaron casi desapercibidos, porque se quiso evitar una exposición de sus breves relatos. La escena mostró una dimensión más profunda del problema: el miedo y el terror que atraviesan estas tramas. Esta vez los magistrados estaban del otro lado, en el lugar de las víctimas.
Ese mensaje, “con la mafia no se jode”, se popularizó a la par del uso de las balas para otros motivos, como intimidaciones, amenazas, usurpaciones y venganzas. Los propios periodistas estuvieron en el blanco con la aparición de una bandera en la puerta de Telefe Noticias que decía: “Vamos a matar periodistas. Con la mafia no se jode”.
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Si se empieza a enumerar todo lo que estuvo en la mira de amenazas e intimidaciones, la lista sería interminable. Rosario es una ciudad que está amenazada desde hace más de una década por el crecimiento de una violencia que se derramó a partir de un negocio que, como se planteó en varias causas judiciales, tuvo la complicidad del Estado a partir de connivencias palpables, con más nítidas de los sectores policiales.
Los Monos prefirieron el sábado 24 de junio pasado no usar su sello “con la mafia no se jode”. Utilizaron en la bandera de 40 metros que exhibieron en un estadio repleto que había asistido a la despedida de Maximiliano Rodríguez un mensaje más sutil, pero que no dejaba dudas de su fortaleza: “Nosotros estamos más allá de todos”.
La bandera que tenía estampados las caricaturas de Ariel “Guille” Cantero –un mono con lentes- y dos de sus lugartenientes en la barra de Newell’s Leandro Vinardi (un pollo) y Carlos Escobar (un toro) sirvió para demostrar el poderío de la banda criminal sobre la barra de Newell’s. Se mostró después de una serie de atentados, entre ellos, al supermercado del suegro de Lionel Messi (el jugador estaba presente en la cancha ese día), y cinco crímenes, dentro del marco de una interna violenta entre la propia organización narco, como delinearon los fiscales Luis Schiappa Pietra y Matías Edery, cuando argumentaron en la imputación contra uno de los detenidos - Cristian Ayala, vinculado al Sindicato de Camioneros de Rosario- que la exhibición de la bandera se trató de un hecho de “intimidación pública”.
Esta semana el camarista Javier Beltramano consideró que esa puesta en escena no representó un delito de intimidación pública. Sus argumentos están cargados de sentido y lógica, si no se tratara de la ciudad de Rosario, el lugar donde se exhibió la bandera, atravesada por un contexto de violencia cada vez más extrema.
En otras causas relacionadas con este caso, se imputó a una facción de Los Monos del homicidio de Lorenzo Altamirano, que fue secuestrado en la calle y ejecutado en la puerta del estadio para que su cadáver sirviera como un envoltorio para pasar un mensaje a miembros de la barra. El despliegue de la bandera –que fue encargada a una empresa de Isidro Casanova, en La Matanza- con los dibujos se produjo en este contexto.
Al analizar una apelación presentada por la defensa del detenido, Beltramone argumentó que no se trató de un delito de esa naturaleza, porque no generó entre el público ninguna reacción intimidatoria. A pesar de que no coincidió con la calificación del delito de intimidación pública, el juez decidió que Ayala continúe cumpliendo la prisión preventiva por las imputaciones de asociación ilícita y tenencia ilegítima de arma de fuego de guerra en carácter de autor, ya que, a su entender, contribuyó a una “finalidad criminal”.
Entre los argumentos que expuso Beltramone se destaca que la demostración de poder de Los Monos no generó una reacción inmediata en la gente de temor. “Es de vital importancia, en orden al tipo penal que se ensaya, referir que no hubo en todos los asistentes al evento deportivo ninguna manifestación inmediata, directa, clara y precisa que a consecuencia de dicha exhibición hubieren sentido una intimidación de modo tal que hubiere ocurrido un masivo desplazamiento de personas, por ejemplo, o que hubiesen dejado el estadio, o en su caso, una verdadera alarma social que cuanto menos en la celebración -desplegada la bandera-hubiere comportado una reacción de tal magnitud que provoque su interrupción, de modo cuanto menos evidente y apreciable en el tiempo”, escribió el magistrado en el fallo de 14 páginas.
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El fiscal Schiappa Pietra, uno de los que ensayó la acusación bajo el delito de intimidación pública, se mostró disconforme con el fallo del camarista. “El doctor Beltramone observa de forma diametralmente opuesta a la nuestra el contexto local y nacional que estamos viviendo. Explicamos en una audiencia que esta bandera se desplegó en medio de dos imputaciones gravísimas contra los líderes de Los Monos y con una disputa entre ellos como pocas veces hemos visto. Esa puja le ha costado la vida a mucha gente”, reconoció el funcionario.
“El derecho no está hecho para expertos que manejan lenguajes intrincados. No hablemos difícil. No cabe duda de lo que significa esa bandera. No hay ambigüedades en un mensaje tan claro dada la forma en la que se armó y el momento que se eligió. Todos los que viven en esta ciudad saben que Los Monos manejan la barra y eso lo reafirman públicamente colgando la bandera atrás de Messi, Di María, los presidentes de la Conmebol y de la AFA y tantos referentes del fútbol local y mundial que estaban allí”, señaló Schiappa Pietra.
La visión del camarista es contrapuesta a esta mirada, como se expuso en el fallo. “Todo ha quedado en la interpretación de una bandera. Que se haya logrado determinar quién la hizo, cuánto se pagó y quiénes estarían detrás de ella demuestra la eficacia en la investigación de la Fiscalía, que le aportará mayores evidencias para sostener y robustecer las acusaciones sobre los miembros de la asociación ilícita”, añadió en la resolución.
Beltramonte sostuvo que el delito de intimidación pública “apunta a generar un estado de estupor o pavor en un conjunto considerable de personas indeterminadas, las que aparecen de modo inmediato como víctimas”, y agregó: “La exhibición de la bandera generó un sinnúmero de interpretaciones que fueron posteriores en el tiempo y que significaron aportes de analistas específicos, a los fines de desentrañar qué había detrás del fuerte mensaje, uno en tantos”.
En uno de los tramos del fallo, el magistrado recordó que el propio gobernador de Santa Fe, Omar Perotti estaba en el estadio cuando se exhibió la bandera. “Pensó que se trataba de un homenaje a la Fiera Rodríguez”, apuntó. “Que la bandera tenía como objetivo -posiblemente- mostrar el poderío de una banda sobre otra solo podía ser advertido por quienes están involucrados, sea como miembros de las organizaciones criminales, los que las investigan, y algún que otro periodista especializado en la materia”, sostuvo el camarista.
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