La crueldad era parte de un engranaje vital para mostrar que no había límites. El crimen de Lorenzo Altamirano, que ocurrió el 1º de febrero pasado, dejó al descubierto que una interna en la banda de Los Monos podía terminar en uno de los crímenes más aberrantes de los últimos tiempos. El joven fue raptado al azar en la calle y tras ser asesinado, su cadáver fue usado como un envoltorio en la puerta del estadio de Newell’s para generar un estado de conmoción.
No alcanzaba con matar, sino que el cuerpo debía transformarse en un mensaje, que tenía como objetivo perjudicar a Carlos “Toro” Escobar y Leonardo “Pollo” Vinardi, cuyas caricaturas aparecieron en una bandera gigante que exhibió la barra brava el 24 de junio, durante la despedida del jugador Maximiliano Rodríguez. En el trapo también estaba estampado el dibujo de un mono con lentes, que hacía referencia a Ariel Guille Cantero, líder de la banda narco. El texto de la bandera exponía otro mensaje: “Nosotros estamos más allá de todos”.
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Como publicó AIRE, en la investigación se detectó que Pablo Nicolás Camino, un narco de Los Monos que está preso en el penal de Rawson, fue el que ordenó una serie de ataques, que incluyó el atentado contra el supermercado del suegro de Lionel Messi y otros cinco crímenes.
Camino, y otros dos miembros del clan, reclamaban a los jefes de la barra el pago de una deuda de 60.000 dólares en concepto de drogas. Aunque parezca increíble, esa exigencia a Pollo y Toro generó una tragedia, como fue el crimen de un muchacho, como Jimi Altamirano, que no tenía nada que ver con la mafia. Pero la investigación determinó que uno de los sicarios también intentó ser eliminado, para que nadie hablara y el silencio tapara una historia cruel.
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Altamirano, de 28 años, trabajaba en la calle. Hacía malabares en semáforos en la zona de barrio Parque, cerca del estadio, y tocaba el bajo en varias bandas. La noche del miércoles 1º de febrero salió de ensayar con una banda de punk y caminaba hacia su casa cuando fue raptado en Iriondo y 27 de Febrero por los ocupantes de un Renault Sandero, que había sido robado. Lo llevaron a la puerta 6 del estadio Marcelo Bielsa y lo ejecutaron con tres tiros, en la cabeza, tórax y un brazo. Murió horas después en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez.
Este caso terrible sirvió para aportar una explicación de cómo se gesta y se mantiene la violencia en Rosario. Un detonante, que puede ser mínimo, como una deuda, puede sembrar escenas sangrientas que parecen extraídas de otras realidades, de países donde la muerte se exhibe como un premio.
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Tras imputar a Pablo Nicolás Camino, el autor intelectual de este esquema demencial, los fiscales avanzaron sobre los ejecutores de este asesinato. Daniel Mateo Bomer fue detenido el jueves pasado en un centro de rehabilitación del conurbano bonaerense. Fue imputado como partícipe del asesinato, junto a Alexis Oscar “Tato” Romero.
El fiscal Matías Edery explicó que el contexto del crimen fue la disputa desatada hace nueve meses en la banda de Los Monos a partir de una deuda de 60.000 dólares por una carga de drogas impaga. Entre las evidencias contra Romero se mencionó que su celular impactó en la antena del estadio la noche del crimen. Hace dos semanas había sido acusado por integrar la asociación ilícita de Leandro Vilches, que según los fiscales trabaja en sintonía con Camino desde Rawson, además de una serie de homicidios.
A Bomer, entre otros elementos, lo comprometen llamados que mantuvo horas antes con Romero y el propio Camino, se presume que para coordinar detalles del ataque. En su celular tenía una foto de Jimi y selfies en las que posaba con armas.
Tres días después de matar a Altamirano, Bomer fue herido de once tiros en Iriondo y 3 de Febrero. Internado en el Heca, él mismo les contó a los policías que se había hecho el muerto para que dejaran de dispararle y así sobrevivió. Dijo que es hincha fanático de Newell’s y conocía a Camino porque solía ir con él a la cancha. “A mí me contactó Nicolás Camino que sé que está preso y me dijo si quería trabajar para ellos aguantando casas. Yo le dije que sí. Esto fue hace un par de meses”, reveló.
Una hipótesis que se maneja es que, tras matar a Jimi Altamirano, el sicario debía ser eliminado. Y quien lo entregó habría sido su propio compañero. Los fiscales creen que para evitar que hablara decidieron matarlo.
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Bomer no tenía causas en su contra y cuando le dieron el alta se fue de la ciudad. Lo ubicaron la semana pasada en un centro de rehabilitación cristiano de Villa Bosch, en el partido bonaerense de Tres de Febrero. Según la evidencia expuesta por Fiscalía, el día del crimen de Jimi se comunicó en reiteradas oportunidades con Camino, a quien tenía agendado como “Trotro”, y con Romero, registrado como “TT”. Si bien el contenido de esas conversaciones se desconoce, se cree que fueron parte de la coordinación del crimen.



