“Iba a pasar a comprar unas cosas por el chino, cuando veo dos Toyota Hilux y un Ford Focus que paran frente a la casa de Los Romero. Se baja uno con una metra y otros con pistolas y empiezan a tirar. Yo estaba en el auto y por suerte me quedé atrás porque no sabía qué hacer”.
El relato pertenece a un vecino de Nuevo Alberdi, que el martes, cerca de las 20, estuvo cerca de quedar en medio del feroz ataque en el que se usaron 52 de balas y que terminó con el asesinato de Joel Mansilla, de 17 años, un chico que pertenece al clan de Los Romero, una histórica banda de la zona norte, y su vida sirvió como saldo de la venganza que habrían protagonizado Los Monos para cobrar una deuda y avanzar en ese territorio dominado por Hernán Romero, conocido como Lichi.
La flexibilización de la cuarentena empezó a cristalizar una mayor dureza en los enfrentamientos entre bandas. En el Ministerio de Seguridad creen que Ariel “Guille” Cantero pretende absorber a los vendedores de droga más pequeños en una especie de búsqueda desaforada por quedarse con un mercado de cocaína cada vez más reducido a causa de la crisis económica y la pandemia. Los movimientos de este mercado clandestino se ejercen con balas.
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Los Romero son una histórica banda que, como la mayoría, se dedicaba a los delitos más comunes, como entraderas y robos y derivó a un perfil con una base de recaudación con el manejo de la venta de drogas en esa zona cercana a la ruta 34. También como ocurre con otras organizaciones criminales, como Los Monos, es un clan familiar, liderado por Lichi que está preso y fue condenado en octubre de 2018 a 20 años de prisión por una ristra de delitos violentos.
También es investigado por lavado de dinero y su caso se transformó en una especie de mojón para la justicia santafesina, porque la Cámara Penal de Rosario resolvió que ese fuero es competente para intervenir en delitos de blanqueo de activos. La decisión judicial se transformó en un precedente relevante para las investigaciones que apuntan a los bienes que acumulan las organizaciones criminales.
En el caso de Lichi, el MPA detectó que a pesar de que nunca tuvo actividad laboral en su vida logró comprar un BMW modelo 323i, valuado en unos 20.000 dólares. Su primo Gastón Romero, que tampoco posee ingresos legales, adquirió en octubre de 2014 un Citroen C4 por 13.000 dólares. Cinco meses después compró un Mini Cooper por 17.000 dólares.
Los Romero se aliaron en 2018 con otra banda de la zona liderada Emanuel Sandoval, alias Ema Pimpi, ex soldadito de Esteban Alvarado que tomó protagonismo por admitir en la justicia que atentó contra el ex gobernador Antonio Bonfatti en 2013. El 25 de octubre pasado fue asesinado en un ataque comando en una mansión de la zona norte de Rosario donde cumplía prisión domiciliaria, una residencia que alquilaba a través de un amigo y testaferro, Matías Lange, a una inmobiliaria, donde el propietario de la casa, el camarista Oscar Puccinelli, había puesto el inmueble en alquiler.
La alianza de Los Romero y Sandoval se gestó para correr del negocio a una de las principales vendedoras de droga de la zona norte, Olga Beatriz Medina, una veterana adicta a las cirugías estéticas que con sus hijos tenía la hegemonía de los búnkeres de La Cerámica y Casiano Casas.
En este esquema de frágiles alianzas y enemigos circunstanciales por un trozo de barrio para ubicar la cocaína, que por su escasez se vende cada vez más adulterada, se desató el tiroteo el martes a la noche en Nuevo Alberdi, en el límite norte de Rosario.
Los sicarios dispararon 52 balas para matar a Mansilla, que murió a causa de un tiro en la espalda pero a los investigadores les llamó la atención la cantidad de balas 9 milímetros que los atacantes usaron para el asesinato, una tendencia que se repite en los últimos días, cuando en por lo menos dos hechos se usaron ametralladoras y se dispararon decenas de tiros.
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Fue el quinto homicidio que se produjo en los últimos siete días, lo que marca un recrudecimiento de la violencia ligada al narcotráfico a medida que se empezó a flexibilizar la cuarentena y las medidas restrictivas por el covid-19. Este año se cometieron 75 homicidios en lo que va del año en Rosario, con un incremento de los casos en enero y febrero, cuando se produjeron 49 crímenes. En mayo la violencia muestra que va en aumento durante las últimas dos semanas.
De acuerdo a las pericias para ejecutar el crimen se habrían usado pistolas 9 milímetros con cargadores largos de 31 disparos que las transforman en automática, con el mismo poder de fuego que una ametralladora.
Una hora y media después de que se produjera este asesinato en Nuevo Alberdi, un joven de 15 años fue atacado de un balazo en la cabeza en Villa Gobernador Gálvez, localidad vecina a Rosario. El balazo que recibió Joaquín V. le atravesó la cabeza y le provocó serias heridas, por lo que se encuentra internado con pronóstico reservado en el hospital de Emergencias de Rosario. De acuerdo a las fuentes policiales, este muchacho mantuvo una discusión con otro joven del barrio que prometió volver y dispararle. Cumplió su promesa unos minutos después y ahora está siendo buscado por las fuerzas de seguridad.
El domingo pasado un hombre de 40 años fue asesinado a puñaladas en el rostro, el cuello y el abdomen. Roberto Vallejo murió en el medio de una pelea barrial en Puente Gallego, que terminó con el robo de algunas pertenencias de su casa y una trama de intento de usurpación de la vivienda. La brigada de Homicidios detuvo luego a una ex pareja suya como posible autora del crimen, que había llamado a un flete para llevarse los muebles de la víctima.
El sábado a la noche un joven de 26 años fue asesinado de un tiro en la cabeza. El crimen ocurrió cerca de las 22, en el barrio La República de la Sexta, en la zona sur de Rosario. José Molina, de 26 años, recibió un tiro en la cabeza que le provocó la muerte.
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El joven conocía al asesino que apretó el gatillo de la pistola 9 milímetros con el que antes de morir mantuvo una breve discusión. Se sospecha que ambos estaban involucrados en la venta de estupefacientes en la zona. A pocos metros de la casa donde vivía el joven funcionaba un búnker de venta de drogas.
El jueves un joven de 22 años fue ejecutado a balazos en la zona oeste cuando se encontraba en la puerta de su casa. Franco Verón murió tras ser atacado en barrio Belgrano a las 21. Lo mataron desde un auto que frenó en la puerta de su casa. La víctima, fue trasladada al Policlínico San Martín y luego derivado al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez, pero llegó sin vida.
Antes de disparar, según los testigos, los sicarios lo llamaron por su sobrenombre "Franquito", un muchacho conocido en el ambiente de la venta de drogas por ser el novio de una de las hijas de Luis Medina, el empresario narco que fue asesinado a fines de diciembre de enero 2013 en el acceso sur de Rosario. La suegra de "Franquito" y ex pareja de Medina es Daniela Ungaro, una mujer que transita un proceso judicial por venta de drogas que dominaba en el barrio Municipal, que fue eje de la violencia entre las bandas de los Funes y Caminos a principios de 2018.
El miércoles se produjo otro asesinato vinculado a la venta de drogas en el barrio 7 de Setiembre, donde además del homicidio hubo ataques a balazos contra varias viviendas. El muchacho que ejecutaron se llamaba Rodrigo Soraire, de 19 años.
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