El atraco fatal ocurrió unos minutos antes de las 18 del 11 de febrero del 2020, cuando el custodio de una empresa de seguridad, Juan Manuel Ruffino, estacionó su Toyota Corolla blanco en la esquina de Tucumán y Rivadavia, frente a la Plaza Colón. Del vehículo descendieron Brian Damiani, Bruno Figueroa y la entonces menor, Agustina González, de 17 años.
Ruffino continuó con su marcha, dobló en La Rioja y estacionó sobre la vereda de Aguas Provinciales, frente al ingreso de la galería Rivadavia, un corredor comercial que alberga inmobiliarias, consultoras, estudios jurídicos y contables y hasta firmas de operaciones bursátiles y financieras. Sus acompañantes, por su parte, hicieron el mismo tramo, pero a pie y al llegar al ingreso de la galería se metieron dentro para concretar así uno de los hechos delictivos más significantes en la historia reciente.
Damiani se colocó en el hall de ingreso a la galería, mientras que Figueroa y González fueron hasta la entrada de Turismo Oldani Srl, en donde se encontraba Hugo, su propietario. Los jóvenes tocaron el timbre, aguardaron la salida de un cliente y tras entrar al local, Figueroa sacó un arma 9 milímetros e inició el asalto.
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Oldani se resistió y en pleno forcejeo, el ladrón gatilló e hirió al comerciante de 67 años en su abdomen. Frustrado el robo, Damiani, Figueroa y González escaparon de la galería y subieron al auto de Ruffino que arrancó el coche y a toda velocidad se dirigieron al norte de la ciudad. Desde entonces, se inició una compleja investigación que terminó con una fiscal apartada del caso, una banda criminal deschavada por sus delatores y hasta un inocente preso.
La coartada que no fue
Por el robo, fueron inicialmente detenidos Damiani y Ruffino e imputados en una audiencia en tribunales en donde el custodio en seguridad fue el único que decidió romper el silencio y declarar ante un juez sobre quien había sido el autor del disparo que mató a Oldani.
En aquella declaración, Ruffino dijo que el matador de Oldani había sido Figueroa y que este le había pedido que lo llevara hasta la galería Rivadavia, desconociendo que iba a asaltar al comerciante santafesino. Sin embargo, tiempo después, esa versión quedó descartada tras ser peritado un teléfono en donde surgieron chat que evidenciaron como el custodio en seguridad solía juntarse con Figueroa para cometer asaltos.
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Ruffino y Damiani fueron los primeros dos detenidos que tuvo la causa
Con Ruffino y Damiani detenidos, los investigadores del caso lograron dos meses después concretar la captura de Figueroa en una casa de Gorostiaga 3700 del barrio Los Hornos de la ciudad de Santa Fe. La menor implicada en la causa, en tanto, fue arrestada un mes después en avenida Peñaloza y Castelli, tras una persecución policial, y fue puesta a disposición del Juzgado de Menores de Santa Fe en donde se instruyó su causa que terminó con una condena de diez años de prisión efectiva como coautora del crimen.
La colaboración secreta
Con los cuatro jóvenes detenidos, el caso pareció estar prácticamente cerrado hasta que en agosto del 2020, Brian Damiani, decidió colaborar con el fiscal del caso, Gonzalo Iglesias, sobre quien más había participado de la trama criminal.
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Maiquel Torcatt / Aire Digital
Fue así que en el marco de esa declaración, realizada ante el juez José Luis García Troiano, Damiani fue llevado hasta tribunales para una audiencia secreta en donde no hubo policías en la sala, los audios y videos de la misma fueron encriptados, y no formó parte del listado público de agendamiento diario de la Oficina de Gestión Judicial.
En medio de ese secretismo, el “campana” reveló que aquel 11 de febrero (2020), en horas de la mañana, Kaipl lo buscó por la casa de su pareja y los llevó hasta una farmacia ubicada de bulevar tres cuadras al norte por calle Belgrano. En ese lugar, contó Diamiani, se encontraba un hombre “morrudito, morochito y petisito” que les habría sido el dueño del local comercial y el cual les dio el dato de Turismo Oldani para cometer el asalto a mano armada. Además, destacó que unas horas antes del atraco fallido, Kaipl fue hasta la galería, pasó por el local y grabó el frente.
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Culminada la declaración, Damiani volvió a prisión y desde entonces se abrió una investigación que apuntó a Kaipl como el quinto integrante de la banda y a su vez dio un giro inesperado al ser detenido el supuesto “cebrero” del robo.
Detenido y liberado
Aquella detención recayó sobre el bioquímico Alfredo Sadonio, un vecino del barrio Candioti Sur, al cual agentes del Organismo de Investigaciones (OI), bajo la dirección del fiscal Iglesias, lo ligaron al caso a partir de la declaración de Damiani.
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Al bioquímico Alfredo Sadonio lo detuvieron a partir de más de 500 llamadas y mensajes incriminantes que finalmente nunca aparecieron.
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Sin embargo, cuando el “campana” de la banda fue trasladado hasta tribunales para un reconocimiento, el ladrón no lo identificó como quien habría dado el dato de donde robar a la banda en la mañana previa al asesinato.
Esa situación posibilitó que Sadonio sea liberado diez días después de su detención y al año siguiente fuera sobreseído por el juez Octavio Silva en un fallo luego confirmado en dos instancias judiciales.
El interrogante sin resolver
Realidad distinta a la de Sadonio fue la de Kaipl, quien continuó detenido hasta el juicio y bajo una defensa que nunca negó haber estado en inmediaciones de la cueva financiera al momento del robo fatal, pero sí se opuso férreamente a la acusación de haber estado en la galería Rivadavia unas horas antes del robo haciendo “tareas de inteligencia”.
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Según el relacionista público, aquella tarde del hecho fue hasta la zona del local de Oldani porque Brian Damiani le debía dinero y este lo citó a la zona de El Palomar. Sin embargo, cuando ocurrió el asalto perdió el rastro de Damiani y recién se encontró con él en la casa del amigo de Ruffino ubicada detrás del barrio Abasto de Santa Fe.
Kaipl además sostuvo (durante el juicio) que aquella tarde estaba en su auto Fiat Palio junto con un hombre con el cual se dedicaba a la cobranza de préstamos de dinero y quien paradójicamente reside al lado de una farmacia del centro de Santa Fe. Tal confesión, de hecho, generó sospechas sobre si el acompañante del relacionista público era en realidad quien ofició como datero de la banda y al cual confundieron con Alfredo Sadonio. Sin embargo, nunca fue citado a prestar declaración en Fiscalía.
Un hecho y varias miradas judiciales
Por el asalto fatal de Hugo Oldani se abrieron en total varias causas judiciales que tramitaron en varios fueros judiciales. En lo que respecta a la “causa madre”, que investigó el robo seguido de muerte, fueron condenados a penas de prisión perpetua Ruffino y Kaipl, los únicos integrantes de la banda que fueron a juicio oral; Brian Damiani, por su parte, firmó un juicio abreviado dos años después a 12 años de prisión y fue declarado “participe secundario” del crimen. Mientras que Bruno Figueroa, el matador de Oldani, fue encontrado muerto en su celda tras quitarse la vida en la cárcel de Las Flores.
En la Justicia de Menores, por su parte, fue sentenciada a diez años de prisión a la menor Agustina González, que al momento del asalto tenía 17 años. También fue condenada a cinco años de prisión una mujer identificada como Florencia Priscila Pérez, quien fue investigada por haber ayudado a la pareja que ingresó al local de Oldani a esconderse de la Justicia.
El caso Oldani también llegó a la Justicia federal tras el retiro de millones de pesos y dólares que se encontraban en la agencia de turismo y los cuales fueron retirados a ojos de la primera fiscal del caso, Cristina Ferraro, sin antes ser contados por los peritos de la Policía de Investigaciones (PDI).
A raíz de esa alteración de la escena del crimen, Ferraro fue apartada del caso y luego imputada y procesada por encubrimiento, al igual que otros allegados a la firma comercial. Además, fueron procesadas otras diez personas por la intermediación financiera no autorizada que se realizaba en la firma Turismo Oldani Srl, hechos que aún aguardan ser juzgados en el Tribunal Oral Federal de la ciudad de Santa Fe.