Con un historial de servicio impecable y sin percance alguno durante más de tres décadas, el Concorde era el avión de pasajeros más rápido, exclusivo y seguro del mundo. Pero la tragedia del 25 de julio de 2000 –provocada por un insólito objeto–, cuando uno se estrelló tras despegar del aeropuerto Charles de Gaulle de París, causó la muerte de 113 personas y aceleraría el fin de la era de los vuelos comerciales supersónicos tres años después.