martes 17 de mayo de 2022
La bitácora | Coronavirus |

Roberto tiene coronavirus

Denuncias, reclamos, enfados y mucha molestia. Un mar de mensajes y uno que llamó la atención de Luciana para hacer su entrega semanal en La Bitácora: la historia de Roberto.

La gente quiere denunciar. Esta es una conclusión a la que he llegado después de varios años en el periodismo, donde nuestras fuentes han sido desde funcionarios, empleados enojados, testigos casuales, vecinos, taxistas o padres de familia que ante injusticias indignantes recurrían “al 4to poder” para contar el suceso, acción u omisión que generaba la bronca de la garganta profunda en cuestión (nota: ese fue el apodo del informante más famoso de la historia del periodismo nombrado por el jefe de redacción del Washington Post en el momento más caliente del Watergate. Sí, Garganta Profunda es una porno vieja).

En este caso, la pandemia, hizo que el mensajero de wasap de la radio de pronto reflejara este ánimo de la gente por contar cosas para buscar justicia, potenciado por el encierro y todo lo que trajo el Covid 19 a nuestras vidas. “En tal calle al 7800 están jugando al fútbol con hinchada y todo”, “En la plaza del barrio todos tomando mate con torta frita como si nada”, “Fiesta clandestina al lado de mi casa, ¡horrible la música que están poniendo y además me llenan el patio de olor a porro!” además por supuesto, de todas las denuncias del Barbijogate, que quedarán para otro relato.

Pero hubo uno, en ese mar de mensajes, que me rogó ser escuchado. Me llamó por mi nombre y, como soy yo, siempre siento la responsabilidad de responder cuando alguien me plantea algo.

“Roberto tiene Coronavirus”. Así en seco, sin preámbulos. Contundente como telegrama de guerra, sin adjetivos y en un tono informativo que me obligaba a averiguar qué escondía detrás. En este momento de la pandemia, hay cientos de casos positivos y no entendía el porqué de la información.

No puedo decir hoy si Roberto vive en Santa Fe, Santo Tomé, Recreo, Monte Vera, Rincón o Arroyo Leyes. Pero su caso desconcertó a todos.

Tenía que saber más de la historia de Roberto, y el secreto que escondía. Y ojo, que cualquier parecido con personas verdaderas, vivas o muertas, o con hechos reales es pura coincidencia.

“- Roberto me dejó a días de casarnos, ahora se están por cumplir 25 años, la iglesia la teníamos para octubre, los muebles comprados, pero conoció a Estela, y se enamoró. Se fue con ella y armó su vida, aunque seguimos con una relación cercana porque siempre se sintió cómodo conmigo, estuvimos de novios desde los 13 años-”, arrancó el relato. SÍ, ESA CARA PUSE YO CUANDO LEÍ.

Mi “Garganta Profunda” ya había abierto las compuertas de su corazón y en privado, siguió la historia. Para el pochoclo.

Ella rehizo su vida por poco tiempo, el suficiente para traer un hijo al mundo (que era la luz de sus ojos) y cuando se separó, la amistad que tenía con Roberto se hizo más fuerte.

Ella era su confidente, le cebaba mates, le llevaba la contabilidad porque era buena con los números, le hacía el budín de naranja que tanto le gustaba y al caer la noche, él volvía a su casa. Por eso ella tenía a Raúl, “una relación libre de compromisos” me aclaró. Al pochoclo le sumé el chocolate. Quería más.

Raúl era una pobre alma en pena, vivía con su mamá que le cocinaba aún y le lavaba la ropa a pesar de sus 53 años, “- una santa la mamá con sus 84 seguir haciendo todo eso-”. “- Raúl cuando sale, llama a una señora de confianza para que se quede con ella, y cruzando los dedos para que esté disponible-”, porque tiene varios trabajos. “- Por eso se complica cuando Raúl puede y está Roberto, los dos son muy celosos, y si Roberto puede, hay que aprovechar porque él no quiere dejar tanto tiempo sola a Estela... hace tiempo que está preocupado ya que sospecha que ella lo puede estar engañando con el dueño de la panadería de la esquina”, me dijo preocupada mi GP mientras yo pensaba que ni García Márquez se animó a tanto.

Había angustia en el relato que ya no sabía a dónde iba. ¿Cuál era la denuncia? “- Que Roberto tiene Coronavirus y no sabemos dónde se lo agarró, obviamente no me nombró entre los contactos estrechos porque Estela se iba a poner como loca, justo ahora que él tiene miedo de perderla, pero ¿yo tendría que hisoparme? Le quise preguntar a Raúl, pero no puede venir porque la señora que la cuida a la mamá está con tos y fiebre, no la puede dejar sola. Y no son cosas para hablar por teléfono. Pobre Roberto, ¿dónde se habrá contagiado? - “

“- Y, hay circulación comunitaria, hay que cuidarse mucho y evitar los contactos innecesarios- ”, le dije por decir algo. Y pensé, pobre Roberto, claro. Pero pobre el equipo de salud que tiene que buscar de dónde se contagió. Para miles de casos, uno de los tantos misterios que trajo esta pandemia.

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