sábado 5 de diciembre de 2020
La bitácora | mujeres |

El dijo, ella dijo

Somos distintos, pensamos diferente y en esos matices se basa nuestra vida cotidiana. Ellos nos miran y analizan de una forma, nos critican más las veces que nos elogian públicamente. Bueno, nosotras también. La ciencia nos banca. Cómo actuamos nosotros y cómo actúan ellos, "that is the question".

Pido disculpas de antemano por limitar el desarrollo de este escrito al binarismo de género (papá después te explico qué es). Habrá seguro otros temas y más historias que pueda sumar más adelante al debate, en este espacio que me dio un ida y vuelta con la gente. Gracias por lo que me escriben o piden que narre, y como siempre, cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.

Es evidente que hay una cuestión de incomprensión lingüística entre el hombre y la mujer, que va más allá de una visión distinta del mundo. Diferencias que se acentúan si los involucrados son convivientes o legalmente unidos en feliz matrimonio. Ese parecería ser un factor determinante en los fenómenos que vemos a diarios y que son motivo de consultas varias en charlas de café o consultorios con profesionales médicos y psicólogos.

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Navegando la red de redes podemos informarnos también que los cerebros masculinos utilizan casi siete veces más materia gris para su actividad, mientras que los femeninos utilizan casi diez veces más materia blanca. ¿Qué significa esto? Obvio que como no tengo idea, antes buscaba libros y estudiaba, hoy googleo.

Aparentemente, la sustancia gris o materia gris, es un tipo de tejido neuronal que no puede transmitir impulsos nerviosos de forma rápida, hecho hace que se relacione con el procesamiento de información y el razonamiento, pero no con su transmisión. Esto se puede traducir en una especie de visión de túnel en los hombres cuando están haciendo algo (sí a mí también se me vino a la cabeza la imagen de la manga de la cancha y los jugadores saliendo a un partido) o profundamente comprometidos en una tarea, por lo que no pueden atender fácilmente ni demostrar mucha sensibilidad hacia su entorno. Hombres, aprovechen, les estoy dando un argumento único.

La sustancia blanca o materia blanca su función es básicamente la de transportar la información nerviosa, y aparentemente es por esto que las mujeres tienden a una realizar una transición más rápida entre las tareas que los hombres.

La diferencia de la materia gris-blanca puede explicar por qué las mujeres son muy buenas en la ejecución de multitareas. O sea, somos unos pulpos de la vida cotidiana, capaces de descifrarte el Código Enigma (sí, el que usaban los alemanes en la Segunda Guerra Mundial para que no descubrieran sus comunicaciones), mientras estamos en una reunión de trabajo respondiendo los mensajes de los chicos para que los pases a buscar por el club o el grito de algún miembro de la casa que no encuentra algo en toda la superficie del hogar.

Una investigación realizada por científicos de la Universidad de Pensilvania (se la perdió Massachussets) reveló que en el cerebro de los hombres se dan otro tipo de conexiones neuronales que en el de las mujeres, por lo que las formas de pensar de ambos sexos son diferentes. Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron los mapas de conectividad neuronal de 521 mujeres y 428 hombres de entre 9 y 22 años de edad. Allí descubrieron que el sexo femenino tiene un mayor número de conexiones entre el hemisferio derecho y el izquierdo, es decir logran una memoria superior, una mayor inteligencia social y más facilidad para realizar varias actividades a la vez.

Por eso quizá, pensé, las diferencias tan notorias a la hora de la convivencia que paso a detallar:

El hombre jamás encuentra lo que busca. Para ellos, es casi como si la habitación o la casa estuviera embrujada y abarca desde medias o calzoncillos, hasta paquetes, vasos, conservas, la sal, llaves y demás yerbas.

El hombre sólo escucha una cosa a la vez. Jamás hay que intentar comunicar más de dos ideas juntas porque él seleccionará cuál retener. Después ante el reclamo, vendrá inmediatamente el “pero a mí no me dijiste nada” y cualquier intento por discutir será en vano.

El hombre no distingue colores. Intentar explicar el “lavanda”, fucsia, magenta hasta diferenciar el azul marino del Francia, es tiempo perdido. Hagan la prueba: pidan que les traiga la remera de colores que no sea azul, rojo, blanco, amarillo, negro, gris y verde, y preguntarán cuál es... muy divertido.

El hombre no puede realizar relatos descriptivos (que no sean de sus andanzas o hazañas deportivas, pesqueras o laborales). Nunca les pidan que cuenten conversaciones con otros, consultas al médico, reuniones de padres, etc porque su poder de síntesis puede ser exasperante, retiene sólo lo que él considera importante –volviendo al punto 1- y en el medio, queda toda la información para nosotras realmente relevante y tenemos después, que salir a averiguar todo de nuevo.

El hombre no puede estar enfermo sin depender de otro ser humano. En caso de tener un padecimiento físico siempre se considera al borde del abismo. Muchas veces no pueden levantarse de la cama y se convierten en dictadores moribundos, más demandantes que los hijos. Un marido o pareja enferma, está entre los peores pesares a los que debe hacer frente una persona. Ni hablar si van al doctor: odian que les digas qué preguntar, pero después vienen sin saber nada.

Se quejan porque “les das órdenes todo el tiempo”. Creen que los obligamos a hacer cosas cuando sólo organizamos su cerebro para que puedan hacer todo lo que nosotras no podemos porque tenemos sólo dos manos y un cuerpo. Pedimos, no ordenamos. Este punto puede traer muchos conflictos y siempre, malos entendidos.

El hombre prefiere ver televisión solo. No entiende el ritual de compartir una serie, película o programa, comentarios de por medio y llega a exasperarse cuando uno trata de resaltar detalles del relato, situaciones y demás. Bloquea cualquier sonido y hasta puede emitir un “- ¿todo vas a comentar? -”, que puede repetir varias veces.

En general, el hombre no retiene fechas y menos horas. Hay versiones que dicen que se las alianzas de casamiento llevan la fecha de la ceremonia para recordársela. Si retiene la fecha de cumpleaños ya es un montón. Entrar en detalles cómo día del comienzo del noviazgo, semanas de embarazo, años de casados es ponerlos en un aprieto, que también es muy entretenido.

Tienen un problema de apego a la ropa. Lo peor que podemos hacer es deshacernos de una remera vieja o desteñida que es “la más cómoda que tiene”, regalar ese buzo con el que él se siente tan cómodo. Y ni hablar de esa manía de comprarse camisetas de fútbol o basket que toman como objetos de colección. Para ellos, no existe ropa vieja.

La lista, en realidad, podría convertirse en una enumeración interminable de situaciones y hechos, todos avalados por la ciencia que se ha encargado de estudiar este fenómeno de las diferencias biológicas y sociales entre ambos sexos. Esa grieta que muchas veces se reduce a “él dijo” o “ella dijo”, que nos coloca -según nuestra historia- siempre de un lado de esta forma de vivir la vida. Sin intentar hacer entrar a nadie en razones. Por lo menos, conscientemente.

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