miércoles 11 de mayo de 2022
La bitácora | Humor |

La chica del bikini azul... con barbijo

Luciana Trinchieri nos presenta una cruel realidad: ¿qué haremos con el barbijo durante el verano?

Hay dos empresas que detesto en la vida a la hora de comprar, que realmente me molestan porque terminan transformándose en una necesidad más que un placer, y que siempre me dejan un sabor amargo atragantado en la boca.

Una de ellas, es la de comprar un pantalón de jean: nunca en 43 años recuerdo haber salido satisfecha con la adquisición de esta prenda, a la que uno accede después de transpirar media hora - sea el mes que sea - en un cubículo de 2 metros por 2 metros, pelear con un cierre que nos destroza los dedos, saltar vertical para acomodar esa tela al cuerpo y que cuando miras, siempre le encontrás algún defecto. O no me marca la cola que no tengo y si la panza que mis embarazos supieron cosechar, o me quedan largos de piernas. La verdad, un perno.

Otra tarea más odiosa todavía es la de adquirir una malla, traje de baño, bikini, triquini, tanquini, y mil nombres más. No hago gimnasia por falta de tiempo y ganas, e iniciar la titánica tarea de conseguir un pedazo de tela de lycra que me permita tirarme bomba a la pileta o acostarme en la reposera como lagarto al sol (previo protector solar 50 OBVIO) es casi una misión directa a la frustración. Un golpe artero a la autoestima. Pero el cloro y los productos, te rompen esos disfraces veraniegos, obligándonos a caer año tras año en la trampa de tener que elegir uno nuevo.

La rutina es simple y para mi conocida. Primero elijo un traje de baño que me gusta, que generalmente es el más caro que existe en América Latina, por lo que declino la idea y pido uno más económico (total no me va terminar gustando igual). Tenés 300 conjuntos uno encima de otro y rescatas los que crees que pueden quedarte bien. Y ahí empieza otro capítulo.

Pero el cloro y los productos, te rompen esos disfraces veraniegos, obligándonos a caer año tras año en la trampa de tener que elegir uno nuevo.

Fuentes extraoficiales indicaron que la Universidad de Massachusetts está llevando adelante una investigación del porqué nunca, pero NUNCA el talle del corpiño coincide con el de lo que vos intentas ponerte como bombacha, y es ahí donde se presenta el nuevo dilema: llevas la parte de arriba enorme tamaño Coca Sarli, sobrandote por todos lados o la bombacha que te queda como zunga... o una parte de arriba que te quede acorde a tu talle y lolas, pero la tanga, cortándote la circulación, marcando los rollos de la cintura y el de la panza. Decisión a gusto del consumidor.

Y como si eso fuera poco para chapotear en el la pileta, piletín, fuentón o donde sea, ahora hay que sumarle el BARBIJO. Sí, así como les cuento, los trajes de baño ahora son de dos o tres piezas porque contemplan nuestra crisis sanitaria y así como muchos se “aggiornaron” a la moda, el verano trae también “los barbijos beach”, un accesorio de moda que parece será un boom indispensable para este verano, aunque no asomemos la nariz a ninguna playa.

Las que saben de moda e influencers ya hablan del “outfit” de la temporada y en Europa o Estados Unidos se hicieron campañas publicitarias enteras sumando este nuevo elemento, en algunos casos hecho con tela con filtro solar (que visto sirve, porque te ahorras ponerte protector en la mitad de la cara... punto a favor).

Los trajes de baño ahora son de dos o tres piezas porque contemplan nuestra crisis sanitaria y así como muchos se “aggiornaron” a la moda, el verano trae también “los barbijos beach”

Chau piquito para la selfie, chau foto sexy en la playa y bienvenido verano Covid 19 a la Argentina. Te estábamos esperando, y se bueno con nosotros, que está complicado el barbijo con 40 grados en Santa Fe.

Temas

Dejá tu comentario