Con apenas la mitad de su caudal promedio para esta época del año y un proceso de bajante extrema que ya lleva dos años, el humedal del Delta del río Paraná atraviesa un período de máxima vulnerabilidad ante su principal agresor: la acción humana. Con el río en su menor nivel de los últimos 50 años y sin la protección que significa el agua, avanza la conquista del territorio para usos no compatibles con su cuidado: quemas de pastizales y construcción de terraplenes y endicamientos asociados a la ganadería de islas, desarrollos inmobiliarios, sobrepesca y sobredragado, circulación de vehículos, caza furtiva y turismo desaprensivo son algunas de las manifestaciones que se repitieron en los últimos meses.
Con la Ley de Humedales cajoneada en el Congreso de la Nación y pronósticos climáticos para nada alentadores que no permiten esperar una mejora del caudal en el corto plazo, no son pocos quienes aprovechan para avanzar sobre el Delta modificando su paisaje de manera muchas veces permanente.
Morder el territorio
Según Néstor Di Leo, docente e investigador de la Universidad Nacional de Rosario, la cobertura de agua en las islas que componen el enorme delta del Paraná (unos dos millones de hectáreas) apenas llega al 5% en la actualidad, cuando habitualmente cubre hasta el 40% de esas tierras.
Desprotegidas, sin lagunas ni riachos, las islas del humedal parecen haberse convertido en campos de la llanura pampeana de fácil acceso para vehículos y máquinas capaces de mover el terreno, como retroexcavadoras y palas mecánicas.
La bajante dejó la puerta abierta para este tipo de intervenciones, como el enorme terraplén que hace años se construye a la vera de la ruta que une Rosario con Victoria a la altura del kilómetro 42. “Es una obra que comenzó en 2013 y se fue ampliando, en medio las islas del departamento Victoria (Entre Ríos)”, denunciaron esta semana desde la organización socioambiental El Paraná No Se Toca.
Los ambientalistas denunciaron que el terraplén, cuyos trabajos se aceleraron en las últimas semanas, ya tiene unos 7 kilómetros de largo y es parte de un sistema junto a otros cuatro más pequeños. En total, suman más de 14 kilómetros de endicamientos en tierras protegidas, al menos en los papeles. “A simple vista se aprecia como impacta en el escurrimiento del agua cortando lagunas y arroyos del humedal”, agregaron.
Especulación inmobiliaria
Otro negocio que florece cuando el agua se retira del humedal del Paraná es el de la especulación inmobiliaria, sobre todo en cercanías de grandes ciudades. Hace pocas semanas, varias organizaciones ambientalistas del sur de la provincia alertaron sobre lo que ocurre en la llamada Isla de los Mástiles, frente a Granadero Baigorria, unos kilómetros al norte de Rosario.
Se trata de una de las escasas islas de la región que pertenecen a la provincia de Santa Fe, y en teoría existía una iniciativa para convertirla en reserva natural. “Hace dos o tres años que en vez de reserva natural vemos cada vez más asentamientos irregulares, carteles de propiedad privada y venta de lotes en medios digitales”, explicaron en una carta abierta los ambientalistas, que reclaman que el gobierno provincial haga su parte y regule el uso del territorio.
Sobredragado
Pero no solo la parte terrestre del vasto territorio del Delta se ve fragilizado y afectado por la acción humana en tiempos de bajante histórica. Hace pocas semanas la empresa de origen belga Jan de Nul, todavía concesionaria de las obras de dragado y mantenimiento de la hidrovía, anunció que debía “sobredragar” sectores del canal principal del Paraná para permitir el paso de buques de gran porte, afectados por la falta de agua y la escasa profundidad.
Eso llevó a que desde la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas pidieran información al ministerio de Transporte nacional, al afirmar que “esta actividad no fue autorizada por el Estado Nacional ni por las provincias que tienen injerencia, sino que el anuncio surgió de un actor privado”. Desde esa organización afirmaron que el sobredragado “genera impactos ambientales como la remoción de los bancos de arena, el vaciamiento del fondo de la cuenca del Paraná y la resuspensión de partículas”, lo que repercute en la calidad de agua.
La pesca en su laberinto
La saga pesquera es una historia en si misma en Santa Fe, donde en los últimos tiempos se sucedieron algunas decisiones judiciales para intentar establecer vedas, atendiendo al contexto natural extraordinario que plantea la bajante.
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Durante junio, y hasta tanto una nueva norma la sustituya, la pesca comercial está totalmente prohibida en todo el territorio santafesino durante los días viernes, sábados, domingos y feriados.







