El piloto australiano –del que hoy se cumplen 10 años de su fallecimiento– ya se había coronado en 1959 y 1960 al volante de sendos Cooper. Y en la temporada 1966, se alzó con su tercer título y convirtió en el primero en conquistar el Mundial de la máxima categoría con un auto diseñado y construido por su propio equipo, un logro que, quizás, jamás sea igualado.