Ya tenía un título de la Fórmula 1 en su haber y, cuando en 1976 se encaminaba a obtener el segundo, el formidable piloto austríaco sufrió un gravísimo accidente donde estuvo a nada de la muerte. Pero sobrevivió y, aunque desfigurado por el fuego, en otra muestra de su inquebrantable carácter y férrea determinación, volvió aún más fuerte para conquistar dos coronas más.