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Ponerse en el lugar del otro: talleres vivenciales para acompañar la discapacidad

A través de su Programa de Concientización, la ONG Cilsa propone a los alumnos de las escuelas de Santa Fe experimentar por un día el uso de sillas de ruedas, bastones y tapaojos con el objetivo de identificar barreras a la accesibilidad en el entorno educativo.

A través de talleres vivenciales que lleva adelante en distintas escuelas de la ciudad, la organización busca que alumnos santafesinos puedan ponerse en el lugar del otro, reconocer los problemas de accesibilidad que aparecen en su entorno y saber cómo acompañar a las personas usuarias de sillas de ruedas o bastones.

Para conocer esta propuesta, AIRE conversó con María Eugenia Canal y Andrea Ruíz, comunicadoras institucionales de la institución.

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Ponerse en el lugar del otro: talleres vivenciales para acompañar la discapacidad.

Ponerse en el lugar del otro: talleres vivenciales para acompañar la discapacidad.

Reconocer las barreras a la inclusión

El Programa de Concientización de Cilsa –una de las cinco propuestas sociales de la entidad– es coordinado por María Carina Giancarelli y, en lo que respecta al trabajo en las escuelas, tiene tres instancias.

La primera consiste en una charla en la institución educativa, la misma puede estar destinada a los alumnos, pero también a los docentes o las familias de la comunidad. “Hablamos al respecto de alguna temática que los chicos quieran o en general sobre inclusión, barreras, derechos y recursos de accesibilidad. Son temas sobre los que falta conocer mucho para desmitificar un montón de ideas y para perder la lástima que a veces sentimos de la persona con discapacidad. Además, hacemos un acercamiento a la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y les contamos a los chicos cuál es la forma apropiada para referirse a ellas. A veces nos convoca un profe de educación física y entonces hablamos de deporte accesible, invitamos a sumarse a nuestros deportistas y proponemos a los alumnos a jugar al básquet en silla de ruedas”, cuentan las entrevistadas.

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María Eugenia Canal y Andrea Ruíz, comunicadoras institucionales de Cilsa.

María Eugenia Canal y Andrea Ruíz, comunicadoras institucionales de Cilsa.

La segunda parte invita a “ponerse en el lugar del otro” a través de un taller vivencial: “Los chicos se sientan en una silla de ruedas o se tapan los ojos y usan un bastón blanco para entender cómo manejar estos elementos con autonomía. Así se pueden ver cuáles son los verdaderos problemas que una persona con discapacidad tiene a la hora de desenvolverse en cualquier espacio. A partir de eso nos cuestionamos: ¿Vimos que esta puerta es muy angosta y la silla no entra? ¿Notamos que si entramos al baño no tenemos lugar para girar?”, relata Eugenia. El objetivo es reflexionar y reconocer que el problema no está en usar una silla de ruedas, sino en la dificultad que encuentra quien la usa. La barrera no está en la persona sino en el ambiente.

En último lugar, se presenta a la institución educativa –que puede ser desde un jardín maternal hasta una universidad– el desafío de trabajar en un proyecto para hacerse eco de lo aprendido en el taller. Los chicos se convierten así en embajadores del mensaje de la inclusión, sugieren temas, investigan y trabajan en propuestas para difundir entre sus familias, el resto de la institución o con la comunidad en general como murales o folletos digitales.

Una construcción en conjunto

“A veces nos llama una docente, nos cuenta que se incorporó un alumno en silla de ruedas y que no saben cómo incluirlo. Ahí vamos con compañeros que también tienen discapacidad motriz y que comparten experiencias y trucos; y charlamos entre todos. La idea es poner a los chicos en una posición activa, que pasen de ser el nene con discapacidad que está en el fondo del salón a ser el protagonista, el que cuenta y enseña”, explica Andrea.

Las entrevistadas agregan que hoy en día la mayoría de los chicos conoce a alguien con discapacidad de su familia, su barrio o su escuela; por eso en los talleres se generan espacios de intercambio en los que ellos cuentan sus propias experiencias y opiniones y a la vez son receptivos a la información que se les brinda.

Como persona con discapacidad visual, María Eugenia pone el foco en la importancia de construir accesibilidad: “De a poco va generando sensibilidad, que es lo que necesitamos las personas con discapacidad para poder usar todos los recursos con los que contamos, que son muchos, para tener autonomía aunque no veamos, no escuchemos o no caminemos. Las cosas están cambiando: hay huellas podotáctiles en la peatonal, se ven más rampas, más códigos QR, hay mejores tratos y miradas en la calle. Este es un proceso que involucra a las personas que no tienen discapacidad y también las que tenemos discapacidad, quienes debemos tomarnos el tiempo de difundir, de aceptar que el otro no tiene por qué saber todo, de hacer saber lo que nos sirve y lo que no. Como sociedad todos construimos la accesibilidad. En las charlas siempre les digo a los chicos que las barreras no crecen como los árboles, ni tampoco caen con la lluvia. Somos las personas las que las ponemos en el camino, por eso también está en nuestras manos el poder eliminarlas, evitarlas o corregirlas”.