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Educación | pandemia | Rosario | Covid-19

La niñez encerrada: el año de las pantallas y la tarea infinita

La vida cotidiana de millones de niñas y niños se vio modificada por una pandemia que limita las posibilidades de movimiento y socialización. Los chicos no son población de riesgo específico, pero este año quedará para siempre en sus memorias.

Decile que en la escuela no nos dejan mover, y eso está mal.

La que habla es una niña, que sabe que su mamá responderá una entrevista sobre las infancias en pandemia. Quiere que transmita esa queja. Una nena que el año pasado, en la cuarentena más estricta, jugó de balcón a balcón con sus amigas. Hicieron tutti frutti, tomaron sol y bailaron manteniendo el contacto y la distancia al mismo tiempo, en un edificio del macrocentro de Rosario. En la provincia de Santa Fe hay –según el último censo, de 2010- por lo menos 750.000 personas menores de 14 años. Sus familias debieron acomodarse a una nueva realidad, con las condiciones preexistentes, en el mejor de los casos.

“Por suerte vivimos en un minibarrio, donde hay un montón de chicos y chicos de más o menos de la misma edad, que por suerte se han llevado bien. Las familias hemos habilitado su interacción desde el principio y tienen espacios comunes que han podido compartir antes de la pandemia y eso provocó que durante la pandemia hicieran juegos de balcón a balcón”, cuenta Mercedes Gómez de la Cruz, la mamá de esa niña que necesita movimiento, como cualquier niña. “Yo veo otras compañeras de mi hija, que no tienen ninguna otra instancia de socialización con pares que no sea la escuela. Y eso es desolador”, lamenta.

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La falta de movimiento, en los meses de aislamiento estricto, se sintió en los chicos. En Rosario, los escuelas primarias retornaron a la presencialidad.

La falta de movimiento, en los meses de aislamiento estricto, se sintió en los chicos. En Rosario, los escuelas primarias retornaron a la presencialidad.

Para Mercedes, que es poeta, la pandemia de covid-19 acentuó una falencia preexistente, aquella que olvida la importancia de la experiencia corporal. “El movimiento forma parte de los procesos de aprendizaje, de todos los aprendizajes. Todo lo que aprendemos, está en nuestro cuerpo, aunque no lo sepamos. Creemos que está nuestra mente, pero está en todo nuestro cuerpo”, subraya. Casi siempre, la virtualidad pone todo el peso de lo social en los ojos fijos en las pantallas.

Mateo nació el 15 de abril. Antes del subidón de la segunda ola, festejó su segundo cumpleaños en pandemia en el parque, con distanciamiento social y muy pocas personas. Las velas: 10. Cuando se le pregunta sobre el año que pasó, contesta por whatsapp, por escrito y sin errores, con idioma inclusivo. “Lo pasé bien, hice más amigxs en la virtualidad e hice encuentros en el parque con mis amigxs, pero están las cosas malas: no podía ver a mis familiares y no tenía escuela. Me parecía muy aburrido porque era como tener tarea infinita y no ir a la escuela. Como faltar un año a la escuela y que te manden la tarea”, dice Mateo, que le encuentra cosas buenas al año que quedará en todas las memorias: “Empecé a leer un montón. Creo que aproximadamente leí 30 libros en un año o más. También me despertaba todos los días a las 11 de la mañana”.

La escuela, ese gran ordenador social, imprescindible, es también el lugar donde se les exige a las infancias que permanezcan quietas durante horas. “Esta última decisión, de sacarles los deportes para que vayan a una escuela donde, en la mayoría de los casos, están sentados todo el tiempo, es cruel”, considera Inés Martino, mamá de una niña de 9 años.

“Creo que las infancias no fueron tenidas en cuenta, porque en la mayoría de los casos, en las agendas públicas, de gobierno, de los medios, las infancias -que son en nuestro país la tercera parte de la población-, ni siquiera son mencionadas”, plantea Virginia Giacosa, la mamá de Mateo.

"En los barrios, las familias son de más de 5 hijos y hay casos de mamás que tenían solo un celular para esos cinco pibes. Se les dificultaba un montón", cuenta Romina Mansilla.

“Las niñas, niños y adolescentes son las víctimas ocultas del coronavirus. La pandemia del covid-19 y las medidas tomadas por el gobierno para disminuir su propagación han alterado la vida de los hogares y han generado cambios en los hábitos y rutinas de las personas. Hay un conjunto de efectos colaterales que impactan especialmente a la niñez, en dimensiones como educación, nutrición, salud física y mental, ocio y recreación, protección, entre otras”, dice el informe de Unicef “El impacto de la pandemia covid-19”.

En la Argentina, el 58% de las personas menores de 14 años son pobres. Es decir, la mayor parte de les niñes. Después del acceso a la alimentación, el acceso a internet es –en esta época- otro derecho vulnerado.

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A muchos chicos, las clases virtuales los aburren y los agotan. 

A muchos chicos, las clases virtuales los aburren y los agotan.

Georgina Mansilla es referente de la organización social La Poderosa, en el barrio Los Pumitas (de Rosario), donde las urgencias son previas, y se agudizaron. “En el barrio lo primero que se empezó a ver fueron pibes que salen a cartonean, se empezó a ver mucho más esos pibes de 12, 11 años que empezaron a salir a juntar los cartones para poder sobrevivir o a buscar comida en los comedores”, cuenta la realidad cotidiana de un barrio donde los alimentos, el agua potable y las redes de internet escasean. “También lo dificultoso fue tener escuela, las clases virtuales. En los barrios, las familias son de más de 5 hijos y hay casos de mamás que tenían solo un celular para esos cinco pibes. Se les dificultaba un montón. Un tema es el dinero para cargar el crédito y también, estar en contacto con las maestras. Desde la organización, nos reunimos con el Ministerio de Educación nacional y, como no teníamos ninguna respuesta, decidimos lanzar la campaña Contagiá Conectividad para llevar internet a los barrios. Tenemos 100 nodos de conectividad en el país, y en Rosario funcionan los de Los Pumitas y la Cariñosa, que son dos de los cuatro barrios en los que estamos”. Allí pueden ir las personas del barrio a conectarse.

No es lo mismo, claro. “Esta cuestión de las clases sociales tiene mucho que ver. Justo el año pasado nos habíamos mudado a una casa con patio, en un barrio, lo que significaba que mi hija podía dar una vuelta manzana con el perro sin cruzarse a nadie. Le pudimos poner una hamaca en el patio, que tenía sol. Si nos hubiera agarrado en 2019, vivíamos en un departamento en pleno centro con un balcón de 50 centímetros por 50 centímetros. Entonces, la vivencia es distinta. Creo que los más afectados han sido los chicos de departamento, que no tienen acceso al sol, a espacio”, plantea Inés Martino.

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En departamento, en una casilla o una casita, las infancias necesitan personas adultas que les protejan y les habiliten una comprensión del mundo. Virginia se pregunta qué efectos tendrá esta experiencia en el futuro. “La pediatra de mi hijo, que tiene una posición muy responsable sobre la pandemia, en febrero me dijo que los niños no pueden resistir un año más sin sus pares y con sus padres. Y yo adhiero. Hay padres y madres que no están preparados para hacerse cargo de esos niños y a veces los adultos son un factor de riesgo. Me pregunto cómo va a ser esta generación también en relación a este contacto permanente y al estar bajo la mirada de los padres”, considera.

Inés lo ve claro: “Los chicos de más de 9 años, que necesitan socializar, ya se aburren de los padres, nos odian. Quieren ver otra gente, no nos aguantan más”, plantea.

Para Mercedes, cuya hija es un poco más pequeña, la estrategia es hablar, ponerle palabras a lo que ocurre. “Charlar un montón, no sobreinformar pero tampoco ignorar. Darle lugar a la angustia, a la preocupación. También está esa cosa de que, como son chicos, no entienden. No es así”, insiste.

También cuenta el difícil equilibrio de cada día, para que la realidad no sea asfixiante, pero que su hija también sepa que es necesario cuidarse, ya que la covid-19 causó más de 160 millones de contagios en poco más de un año, y más de tres millones de muertes en el mundo.