Un informe de Argentinos por la Educación advierte sobre las dificultades educativas en el nivel secundario que atraviesan los adolescentes y adultos pobres. Los datos fueron recabados de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) publicada por el Indec. De acuerdo a esta, solo uno de cada tres adolescentes pobres logra terminar el secundario.
En la Argentina, el 93% de los mayores de 25 años terminó la primaria 2 pero solo el 58% terminó el secundario. Sin embargo, este dato no es tan alentador al observar que la 3 terminalidad del nivel primario muestra un diferencial de 10 puntos entre los deciles más bajos (no llega al 90%) respecto de los estratos de mayores ingresos, donde la educación primaria se ha universalizado entre la población.
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La desigualdad educativa se hace más evidente en el secundario. En el decil más alto de la población el 87% termina el secundario (similar al promedio de la Unión Europea), mientras que en el otro extremo menos de un tercio lo logra. La proporción que termina el secundario crece a medida que aumenta el nivel de ingresos. Hay una brecha de 55 puntos en la concreción del nivel medio entre las puntas de la distribución. Por otro lado, solo a partir del sexto decil de ingresos, la mitad de la población tiene estudios secundarios completos.
Esta brecha de desigualdad educativa se traslada luego a los estudios superiores, donde el 51% de los mayores de 25 años del nivel económico más alto logró completar la universidad (mientras que el 6,5% realizó estudios de posgrado). Solo el 2,4% del decil más bajo consiguió terminar la universidad y virtualmente ninguno alcanzó un posgrado. Esta baja proporción de graduados universitarios se replica en deciles de ingresos aún mayores: hay que esperar al decil 8 para que la proporción supere el 20%.
¿Dónde estudian los que estudian?
Otra de las segmentaciones observadas en la sociedad es entre los que van a la escuela pública y a la privada. De acuerdo a los datos de la EPH, el 72.7% de los que asisten a la escuela primaria y secundaria, lo hacen a una escuela pública. Aunque de nuevo, con variaciones importantes en la oferta educativa pública y privada, dependiendo de la jurisdicción o el tamaño de la ciudad . Por ejemplo, en el caso de la 4 Caba el 50% de la matrícula asiste a escuelas de gestión privada.
Las escuelas públicas escolarizan a casi la totalidad de los niños y niñas del decil de menores ingresos (94%), mientras que en el extremo de los ingresos más altos, casi el 80% de los niños y niñas concurren a escuela privada. El porcentaje de estudiantes que concurre a las escuelas primarias de gestión pública baja sistemáticamente a medida que aumenta el nivel de ingresos de la familia a la que pertenecen.
La distribución para el nivel medio presenta un patrón muy similar, aunque la elección por el sector público es más marcada en todos los segmentos. Por ejemplo, para el decil de mayores ingresos, la proporción que asiste a la escuela privada es de un 63% versus el 80% que se observaba en primaria.
El capital educativo de las familias
Esta segmentación social se expresa también en la historia educativa de la familia de pertenencia. Considerando el máximo nivel educativo alcanzado por las madres de los estudiantes, se exploran los 5 diferenciales entre quienes concurren al sector público o privado.
En los hogares que eligieron escuelas del sector privado para sus hijos/as, el nivel educativo de las madres es marcadamente superior, más del 80% de los niños y adolescentes que concurren a establecimientos de gestión privada tienen madres que como mínimo, culminaron sus estudios secundarios: casi el 40% tiene título universitario, un 15% empezó dichos estudios sin completarlos, y casi un 30% adicional completó la secundaria.
En cambio, en el 30% de los hogares cuyos hijos asisten al sector público, las madres sólo concurrieron al nivel primario (un 20% lo terminó y un 10% no), y si bien se observa que poco más de la mitad empezó la secundaria, solo el 26% de las madres culminó ese nivel. En otras palabras, el 44% de los estudiantes del sector público pertenecen a hogares cuyas madres finalizaron la educación obligatoria, de las cuales, apenas un 10% tiene estudios universitarios, una cuarta parte de lo que representa dicho grupo en los hogares que eligieron el sector privado para sus hijos.
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