“No creo que haya un modelo de escuela inclusiva, creo que esta se construye día a día y en respuesta al contexto y de la demanda de época. Sí pienso que hay principios que definen a una institución como inclusiva y que tienen que ver con la mirada hacia el otro, con darle lugar, con poner en valor la diferencia. Si pensamos que cada uno aprende de manera diferente, construimos un aula a la medida de cada uno”, asegura Silvana Corso.
Esta profesora y especialista en estrategias de inclusión educativa fue una de las finalistas del Global Teacher Prize 2017 de la Fundación Varkey que reconoce el compromiso docente con la innovación educativa y la transformación social, por su trabajo en la Escuela Rumania del barrio porteño de Villa Real cerca de Fuerte Apache.
LEER MÁS ► Enseñar a los niños en la diversidad del aula: dificultades y consejos
AIRE conversó con ella sobre la importancia de romper con viejas representaciones para incluir realmente a niños con discapacidad o con dificultades de aprendizaje en el aula.
Enseñar a cualquiera
“Como punto de partida, si queremos trabajar en inclusión, deberíamos como docentes ser capaces de enseñarle a cualquiera, sin límite. No podemos quedarnos en las representaciones del alumno ideal o promedio y de una trayectoria única. Si cuando llega un chico que no encaja, insistimos en hacerlo entrar en un molde, entonces no somos capaces de enseñarle a cualquiera”, dice Corso.
LEER MÁS ► Educación inclusiva y discapacidad: el reto de "pensar otra escuela"
La especialista asegura que las barreras en este objetivo no son las que se nombran habitualmente como la formación docente o la falta de recursos, sino que tienen que ver con un problema de representación. Según su mirada, la clave es revisar las propias creencias y emociones, para saber reconocer los obstáculos que impiden construir una realidad mejor.
“En primer lugar, hay que reconocer dentro de una institución aquellos gestos que impiden hacer de la educación inclusiva algo real. Alguien puede decir ‘trabajo en una escuela inclusiva porque tengo muchos alumnos con discapacidad’. En realidad, da lo mismo si tenés un montón o si no tenés ninguno, porque la inclusión no se define por la presencia o no de estudiantes con discapacidad", indica.
En este sentido añadió: "El objetivo es en realidad que cada niño pueda escribir su propia historia. Una escuela que no está abierta a todos, es una escuela que mata destinos. Lo digo en forma literal y metafórica, y quiero ser dramática con esto: realmente tiene que ver con negarle a alguien la posibilidad de no estar obligado o condenado a reproducir historias de vida y de generarse oportunidades para salir del lugar donde está o para tener una vida lo más autónoma posible”.
Alojar la incertidumbre
“Hay que superar el modelo de talla única en el que vamos con el mismo trajecito para todos y lo agrandamos o lo achicamos según la medida de cada estudiante. Como docente tengo que diseñar un traje a la medida de cada uno”, explica Corso en referencia al diseño universal para el aprendizaje (DUA).
Este es un enfoque que busca llevar a la práctica los principios de la educación inclusiva a través de propuestas pensadas para todas las trayectorias de aprendizaje y buscando desarrollar al máximo la autonomía de los chicos.
Generar una cultura escolar que incluya a todos implica repensar en cómo se recibe a cada persona, cómo se la aloja, qué expectativas se tiene de ella y en cómo se le pueden generar oportunidades.
Para la profesora, estos procesos no pueden darse sin crisis: “En términos de inclusión, alojar la incertidumbre significa que todos los días van a ser un desafío, no hay forma de pensar en recetas”.
Para Silvana, incluir es una cuestión de creencias y de confianza: “Si un docente cree que todos los chicos pueden aprender, no debería de llegar al aula con una única propuesta. Lo primero que tendría que hacer es diseñar una planificación que dé cuenta de esa creencia. Si como profesora creo que todos pueden aprender, entiendo que no todos van a poder hacerlo al mismo tiempo, de la misma manera y con los mismos materiales; tengo que ser flexible y generar un ambiente de confianza. No basta con decir ‘yo confío en vos’, sino que mi propuesta lo tiene que confirmar”.
La escuela que abrazamos, la sociedad que queremos
Corso trabajó durante muchos años en instituciones a la que asisten alumnos en condición de vulnerabilidad social. A partir de su experiencia, reflexiona sobre la importancia de enseñar en contexto, adaptando a este las prácticas educativas.
“Claramente algunas cuestiones que atraviesan las historias de nuestros estudiantes a veces nos desvían y nos hacen pensar que no estamos aportando exactamente a la educación, porque estamos acompañando situaciones de vulnerabilidad, maltrato, abandono. Pero también ahí hay aprendizaje. Por eso, a veces sentimos una gran frustración cuando, a pesar de todo el trabajo, los chicos igual se pierden. A veces el contexto nos gana y esa es la gran dificultad”.
Por otra parte, la especialista resaltó el protagonismo que tiene la educación a la hora de forjar una sociedad inclusiva: “La inclusión social se inicia en la inclusión escolar. Si queremos ser empáticos en la calle y ser conscientes de las necesidades del otro, tenemos que visibilizarlo, y esa visibilidad se da en la escuela".
"A su vez -sigue- esta es transformadora social, no porque vaya a transformar la vida de los chicos, sino porque a ellos se les van a habilitar otros mundos posibles y van a hacerse transformadores de esta sociedad. Muchos de nuestros jóvenes y niños están destinados a abrir puertas a muchos otros que van a disfrutar de los resultados de este recorrido. El modelo de escuela que abrazamos, es el modelo de sociedad que queremos”.
Temas


