Si el éxito de un negocio pasa por ofrecer un producto que tenga demanda, en Argentina no hay bien más preciado que el dólar. Y los fabricantes pymes de biodiesel de Santa Fe lo saben, por eso en estas horas retomaron un antiguo planteo según el cual están en condiciones de aportar 2.400 millones de dólares a favor en la balanza de pagos del país.
El título es auspicioso, pero merece algunas aclaraciones. En primer lugar porque las pymes no exportan ni un litro de biodiesel. Todo lo que producen lo vuelcan al mercado interno argentino para que las petroleras lo mezclen con el gasoil en el porcentaje obligatorio antes de comercializarlo.
En concreto, la Cámara Santafesina de Energías Renovables (Casfer) afirma que las pymes tienen la capacidad de sustituir el grueso de las importaciones de gasoil que al país le cuestan 2.400 millones de dólares al año. Y por lo tanto un negocio verde por donde lo mire: más biocombustible para bajar emisiones de dióxido de carbono y más dólares para la economía argentina.
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En un informe firmado por la consultora Ramos & Asociados, por encargo de Casfer, se detalla que “mientras la industria nacional de biodiesel tiene una ociosidad del 60% (2.400.000 toneladas), Argentina importa para consumo automotor y usinas más de 3.000.000 toneladas de gasoil a un valor total de 2.400 millones de dólares en divisas”.
Más biodiesel, menos divisas
El informe deja una serie de propuestas para revertir ese escenario:
- Reponer el corte general de biodiesel al 10% en lugar del actual 3,6%. Eso permitiría sustituir 780.000 tonelada/año de gasoil importado y ahorrar divisas por 624 millones de dólares.
- Cortar al 15% el gasoil agropecuario, lo que sustituiría 200.000 tonelada/año de gasoil importado y ahorraría divisas por otras 160 millones de dólares.
- Cortar al 15% el gasoil para colectivos, sustituiría 100.000 tonelada/año de gasoil importado y ahorraría divisas por 80 millones de dólares.
- Cortar al 15% el gasoil para las usinas eléctricas, sustituiría 200.000 tonelada/año de gasoil importado y ahorrar divisas por 160 millones de dólares.
Como el mercado del biodiesel en Argentina está 100% regulado, para avanzar en cualquiera de esos pasos, o en todos, se requiere una decisión política de la Secretaría de Energía de la Nación.
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La pregunta que cae de cajón es por qué se sigue importando gasoil para cubrir el déficit del mercado interno en lugar de echar mano a la sustitución de importaciones teniendo la tecnología y capacidad de hacerlo con biodiesel.
La respuesta del gobierno y del sector petrolero es que a pesar de la ociosidad en la industria, la tonelada de biodiesel es más cara que la de gasoil importado. Por lo tanto si se autorizara mayor porcentaje de mezcla se incrementarían los costos de las petroleras y en consecuencia el precio final.
Visiones e intereses encontrados
Pero esa es una mirada del problema. El informe de Casfer rebate ese argumento a partir de la pregunta: ¿Cuánto le cuesta a la macroeconomía del país conseguir un dólar adicional para importar gasoil: 109 o 223 dólares?
El cuadro anterior permite observar que, según esta mirada, el precio del biodiesel está en un punto intermedio entre dólar oficial y el contado con liqui.
El presidente de Casfer, Federico Pucciarello, aclara que la comparación no es caprichosa, sino que tiene relación con lo que ocurre en la economía real.
“La Argentina no fabrica dólares. Por ejemplo, si el país cuenta con 10 dólares reales, tiene que decir «los pongo allá o acá» porque no alcanza para todo. ¿Entonces qué pasa? Como gobierno, por un lado restringe importaciones para bienes de capital y de uso porque no tenemos divisas para pagarle a la contraparte extranjera; eso hace que produzcamos menos y agreguemos menos valor en Argentina. Pero cuando se trata de energía fósil usamos esos dólares para importar gasoil, cuando podríamos usar pesos de acá y usar bios más baratos”, afirma.
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Para el empresario, “van a escuchar a economistas defensores de este sistema pro fósil, que defienden la idea de que compran gasoil en el exterior a dólar oficial y por lo tanto más barato que el biodiesel. La realidad es que después, cuando un empresario quiere comprar un amortiguador o lo que sea para fabricar un auto o lo que sea… un software para fabricar aviones, no tiene acceso a ese dólar, no le dejan importar nada”.
“Cuando el Estado te dice «yo traigo (el gasoil importado) a dólar oficial, es una mentira, porque el empresario después no tiene ese dólar oficial, no puede acceder” porque se priorizó comprar gasoil con esos dólares –afirma Pucciarello–. “El cálculo hay que hacerlo con el dólar real, que es el que se consigue en el mercado, que es el precio del contado con liqui”. El empresario y ex rugbier explica que la comparativa en el mercado de energía “se hace al precio de contado con liqui. Cuando las petroleras dicen «estamos atrasados en la tarifa del litro de nafta», es porque te hacen el cálculo al dólar billete, no al oficial. La nafta ya está a más de un dólar oficial el litro, pero en el mundo el barril se vende al dólar billete, no al oficial”.
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Divisas vs. inflación
El planteo de los fabricantes de biodiesel viene de larga data, y en los últimos años lo hicieron tanto las industrias pyme como las exportadoras. Como la nueva ley de biocombustibles le vedó el mercado interno a las exportadoras, las empresas pymes ahora reclaman incrementar los porcentajes de corte con el gasoil para sustituir la importación de gasoil y porque tienen capacidad suficiente para abastecer una mayor demanda.
Por eso presionan para subir el piso de corte, que la ley actual mantuvo en los niveles de la ley anterior, en el 5%, pero habilita a la Secretaría de Energía a subirlo o bajarlo (a un mínimo de 3%).
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En 2010 el corte arrancó con 4,8% y el máximo fue en 2017 con 9,5% de biodiesel por cada litro de gasoil. Luego descendió paulatinamente, hasta que 2020 experimentó una caída abrupta de 4,8% para tocar el piso de 3,6% en 2021.
La principal resistencia a un mayor porcentaje de mezcla es de las petroleras porque les sale más económico importar. El planteo de Casfer es que le sale más barato a las petroleras pero no al conjunto de la economía. Miradas e intereses que chocan sobre dos variables en permanente tensión en la economía argentina: por un lado la sequía de divisas internacionales y por el otro la inflación, que tiene en el precio de los combustibles un componente muy influyente.
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