Una familia decide comprar una lujosa casa con muchas comodidades en un exclusivo barrio de la ciudad. Por otro lado, también decide tomar un merecido descanso y vacacionar durante un mes en el exterior. Hasta aquí la historia luce muy tentadora. El problema reside en que sus ingresos no condicen con las decisiones de compras y gastos que toma. Llegará un momento en que quedará “ahogada” financieramente, producto de no poder pagar sus obligaciones, o refinanciar las mismas y quedarse “atrapados” en el pago de los intereses que se van generando.
Las finanzas personales, así como también las de todo un país, deben estar muy bien administradas. Prudencia y responsabilidad: coherencia entre lo recaudado y lo gastado. Tener una mirada integral entre la sustentabilidad del esquema impositivo y el gasto planificado, atendiendo al hecho de que la respuesta no puede ser siempre aumentar los impuestos.
Tener una planificación financiera sostenible y saludable nos permite tener una mirada esperanzadora sobre el futuro, ya que eliminamos, o por lo menos minimizamos, la incertidumbre que conlleva el hecho de no saber cómo financiar el rojo fiscal en caso de tenerlo.
¿Un país puede gastar por encima de sus posibilidades? La respuesta es depende. No será sostenible, si se piensa en el crecimiento y el desarrollo y convivir con un déficit crónico. En este sentido, la decisión siempre es política. Se visualiza en el hecho de “parar la pelota”, pensar y construir escenarios a futuro. Se trata de llegar a consensos y acuerdos sobre hasta donde se dirige la economía y que país deseamos a futuro. Tal como puede pasar en una familia: se trata de juntarse en la mesa y observar el nivel de vida que se está teniendo, llegando a verificar si es sustentable en el tiempo con los ingresos presentes y futuros.
Es cierto que una familia no puede emitir dinero, mientras que un país si puede hacerlo. Sin embargo, como sucede en todos los aspectos, cualquier decisión trae consecuencias. En este esquema, si la opción es financiar el exceso de gastos solo con emisión monetaria, entraremos en un escenario inflacionario, que afecta el poder adquisitivo de todos y cada uno de los ciudadanos.
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Nada es gratis. Todo se paga. Cualquier decisión tiene efectos, y por esto, es importante analizar cada una de ellas, estimando los impactos que pueden tener. Entendiendo estas premisas, lograremos darnos cuenta de la importancia de nuestras decisiones. Si seguimos haciendo lo mismo, seguramente tendremos siempre los mismos resultados.
Ser responsables en la administración de nuestros recursos excede cualquier ideología. Es una cuestión de pragmatismo. Si queremos bajar la pobreza, nuestro principal enemigo es la inflación. Si no queremos seguir endeudándonos, debemos apostar al equilibrio fiscal.
Argentina debe motorizar la inversión en infraestructura, educación, seguridad y salud. Es fundamental establecer prioridades en la agenda de gobierno y destinar los recursos en ese sentido. Las necesidades son ilimitadas, mientras que los recursos no, siendo estos últimos producto del esfuerzo de todas las argentinas y argentinos. La racionalidad en el gasto debe cimentarse en el hecho de que la administración se da sobre un sistema impositivo sin margen para aumentar impuestos. La presión impositiva ahoga al sector privado.
Prudencia, planificación y decisión. Las finanzas personales y las nacionales deben estar siempre bien administradas.
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