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Insuga: historia, presente y futuro de una empresa de Santa Fe que se proyecta al país

Se trata de una firma que emplea a 94 empleados en Santa Fe y que cuenta con plantas en Chaco y Entre Ríos.

Cuando Fabián Ardeti habla de su empresa, no puede evitar hacer referencia a su vida. Y a la de su familia. Y a las vidas de todos aquellos que día a día vuelcan su esfuerzo para que esta firma de Santa Fe continúe creciendo, expandiéndose a provincias vecinas como Chaco o Entre Ríos, encontrando nuevos clientes y traspasando fronteras.

Insuga es una fábrica de subproductos ganaderos, dedicada a la producción de grasas bovinas refinadas y harinas de carne y huesos. Se trata de la principal compañía regional de transformación de materia prima cruda proveniente de la elaboración de despojos frescos de faena.

Sus productos terminan en distintas industrias que van desde las panaderías, hasta las que fabrican alimentos para mascotas. En Insuga, que funciona en Ruta 70, casi Circunvalación Oeste, trabajan hoy 95 empleados, a los que se suman 35 que prestan servicios en la planta de Puerto Tirol, Chaco, y 32 en la planta de Aldea Brasilera, en Entre Ríos. Procesa diariamente alrededor de 400 toneladas de materias primas entre las tres instalaciones.

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La historia de Insuga va de la mano de la historia familiar de sus conductores. Hoy, la empresa procesa alrededor de 400 toneladas diarias de materias primas en Santa Fe, Chaco y Entre Ríos.

La historia de Insuga va de la mano de la historia familiar de sus conductores. Hoy, la empresa procesa alrededor de 400 toneladas diarias de materias primas en Santa Fe, Chaco y Entre Ríos.

La planta industrial de Insuga en Santa Fe se encuentra emplazada sobre terrenos propios y ocupa una superficie de siete hectáreas. Cuenta con laboratorios de última tecnología, oficinas administrativas, galpones para carga y descarga, mantenimiento, elaboración y depósitos, talleres y oficinas anexas.

La empresa nació en 1962, de la mano de un grupo de carniceros y matarifes de Santa Fe que comenzaron a criar cerdos para sus establecimientos, y con los residuos de la faena dieron sus primeros pasos en la elaboración de alimentos para esos animales.

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En la planta de Santa Fe de Insuga trabajan 94 empleados.

En la planta de Santa Fe de Insuga trabajan 94 empleados.

Poco a poco, aquel emprendimiento de carniceros y matarifes de Santa Fe inició un proceso de crecimiento. Aparecieron nuevos clientes y también nuevos vendedores de sus productos. Entre ellos, un joven con empuje y determinación. Le decían "Coco", pero se llamaba Edgard Ardetti.

"Era mi papá -explica Fabián Ardetti, actualmente a cargo de la Presidencia de Insuga- que comenzó a trabajar con ellos y con el paso de los años siempre tuvieron buenas relaciones". Hasta que llegó 1990. Eran tiempos duros, de hiperfinflación y mucha incertidumbre. Y fue entonces cuando los fundadores de la empresa decidieron que era hora de venderla.

A mediados de aquel año, Edgard llamó a su hijo Fabián. Le contó de la idea, pero le dijo que sólo se decidiría a comprar la empresa si él lo acompañaba en este verdadero desafío.

Pensaron que "Coco" podría estar interesado en continuar con este desafío. Y comenzaron las negociaciones.

A mediados de aquel año, Edgard llamó a su hijo Fabián. Le contó de la idea, pero le dijo que sólo se decidiría a comprar la empresa si él lo acompañaba en este verdadero desafío. No fue necesario dar demasiadas explicaciones. Fabián dijo que "le metiera para adelante", que él estaría allí para acompañarlo. En noviembre de 1990, Edgard "Coco" Ardetti se había convertido en el nuevo propietario de Insuga.

Una decisión de vida

En realidad, no se trataba de una decisión fácil para Fabián. Cuando tenía apenas 10 años, en la escuela Bustamante le pidieron que redactara una composición en la que, a pesar de ser apenas un niño de quinto grado, escribió que cuando creciera sería arquitecto. Y así lo hizo.

En 1980 cursaba cuarto año de la secundaria y comenzó a estudiar para ser constructor. Se recibió en 1982 y con apenas con 18 años trabajaba en el área de mantenimiento de los edificios construidos por la Iglesia de los Santos de Los Últimos Días. La carrera de Arquitectura le llevó más tiempo de lo usual -primero en la UCSF y luego en la UNL-, porque trabajaba mientras estudiaba.

Ser arquitecto siempre había sido el sueño de Fabián. Y en una fábrica de harinas de carne y huesos no había mucho para construir. De todos modos, en enero de 1993, con 29 años cumplidos, Fabián comenzó a trabajar en Insuga. Empezaba a cumplir el compromiso asumido con su padre.

"Recuerdo aquel día como si fuera hoy. Mi papá se sentó en este escritorio. Me senté delante de él. Me dio una libretita verde con nombres y me dijo que ahí encontraría los contactos de los clientes. Que empezara a llamarlos", relata hoy Fabián con cierto dejo de nostalgia.

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Equipo de lujo, con

Equipo de lujo, con "Coco" Ardeti, su hijo Fabián, Ricardo Santoro y otros colaboradores esenciales en momentos importantes de la empresa.

Apenas dos meses antes, en noviembre de 1992, se había sumado a la empresa Ricardo Santoro como era jefe de Producción. Nunca se fue, y hoy es vicepresidente de Insuga.

Buenas y malas

A lo largo de estos años hubo momentos buenos y malos. Tiempos de expansión y tiempos de espera. "Siempre es difícil sostener una empresa en la Argentina porque las condiciones cambian en todo momento", explica Fabián.

Pero los momentos más duros, sin duda, se dieron durante la crisis económica de 2001 y en las inundaciones del Salado de 2003, cuando Insuga terminó bajo el agua del río.

"En 2001 fue muy duro. Nuestra única preocupación cada día era ver qué cheque salvábamos. Ibamos de un lado al otro con una caja de zapatos llena de Lecops, que era el mejor medio de pago", recuerda.

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Fabián Ardeti tiene todavía presente los duros momentos que debieron atravesar en la crisis de 2001.

Fabián Ardeti tiene todavía presente los duros momentos que debieron atravesar en la crisis de 2001.

Una mañana, en la playa de estacionamiento ubicada frente a la sucursal del Banco Credicoop de la ciudad de Santa Fe, Fabián lo miró al papá y le preguntó: "¿Hasta cuándo va a seguir esto? ¿Hasta cuándo vamos a aguantar?".

"Coco" metió la mano en el bolsillo, sacó unos pesos y le pagó el estacionamiento a su hijo. La respuesta fue sencilla: "Esto será día a día. Ya vamos a salir".

"Coco" metió la mano en el bolsillo, sacó unos pesos y le pagó el estacionamiento a su hijo. La respuesta fue sencilla: "Esto será día a día. Ya vamos a salir".

Otro hito fue la inundación de 2003, cuando Insuga terminó con 80 centímetros de agua. Edgard ya comenzaba a delegar el mando en Fabián, quien con Ricardo Santoro se quedaban a dormir en una camioneta para cuidar las instalaciones. Hoy, recuerda el esfuerzo de los empleados por salvar la planta: "Estaban todos acá, ayudando, a pesar de que a algunos los llamaban desde sus casas. Estuvimos un mes paralizados. Todos colaboraron e hicieron lo necesario para volvernos a poner de pie".

Los años pasaron y llegaron tiempos mejores. En 2009, la empresa comenzó a tener inconvenientes para conseguir la materia prima que necesitaba, porque la soja avanzaba y las explotaciones ganaderas se movían hacia el norte. Entonces, decidieron instalar una nueva planta en Puerto Tirol, a 8 kilómetros de Resistencia. Hoy, esa planta procesa 110 toneladas diarias y cuenta con 35 empleados.

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La decisión de instalar un planta en el Chaco se tomó ante la falta de materias primas en Santa Fe, ya que la ganadería comenzaba a correrse hacia el norte del país frente al avance de la soja.

La decisión de instalar un planta en el Chaco se tomó ante la falta de materias primas en Santa Fe, ya que la ganadería comenzaba a correrse hacia el norte del país frente al avance de la soja.

En Entre Ríos, Insuga instaló una planta en Aldea Brasilera, donde actualmente 32 empleados trabajan en el procesamiento de toneladas diarias de materias primas.

Es verdad que la situación económica del país es muy delicada. Aun así, Insuga avanza con un proyecto para producir y exportar alimentos para mascotas desde Chaco. Y también hay planes de producción de jabones desde Entre Ríos.

Como andar en bicicleta

Durante 2003, Edgard "Coco" Ardeti comenzó a traspasar el mando de la empresa a su hijo Fabián. "Fue como cuando tu papá te enseña a andar en bicicleta. De repente un día te suelta y no te das cuenta porque ya están andando solo", recuerda con cariño.

En setiembre del año pasado "Coco" falleció luego de varios años de enfermedad. Hacía tiempo que no participaba de las decisiones de la empresa, pero aun así fue un golpe muy duro para todos. Especialmente para su hijo.

"Fue como cuando tu papá te enseña a andar en bicicleta. De repente un día te suelta y no te das cuenta porque ya están andando solo". "Fue como cuando tu papá te enseña a andar en bicicleta. De repente un día te suelta y no te das cuenta porque ya están andando solo"

Hace pocos días, Fabián Ardeti cumplió 56 años. Exactamente la misma edad que tenía su papá cuando se hizo cargo de Insuga, la empresa de la familia.

El pasado de Insuga está escrito. El presente, se escribe día a día. Y el futuro plantea enormes desafío. Nuevos proyectos están en marcha. La historia de esta empresa, la de la familia que conduce y la de tantos empleados que día a día hacen su aporte, continúa.

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