El paro de colectivos obligó a Susana a ingeniárselas para cumplir las dos responsabilidades que la desvelan en estos días: su trabajo (limpieza por hora en viviendas particulares) y cuidar a su papá internado desde hace una semana por un problema cardíaco. Así fue que su principal medio para moverse entre un lugar de trabajo y otro pasó a ser una bicicleta prestada de escaso atractivo para ladrones. El domingo pedaleó los 12 kilómetros que separan el barrio Casiano Casas del sanatorio, pero en la semana, por el cansancio físico que arrastra y cuestiones de tiempo, fue en remís: casi 700 pesos para ir y volver. Su tío, con quien alterna los cuidados del paciente, hizo el mismo trayecto ¡a pie!
A pesar que gobierna “el más federal de los porteños”, Buenos Aires no tiene en el radar a Susana y a los miles que como ella quedaron de a pie. Es lo único que explica que Ciudad de Buenos Aires y su área metropolitana no hayan tenido un solo día de paro desde que comenzó la pandemia, mientras Rosario cumplió 42 y cifras parecidas el resto de las ciudades de provincias, a excepción de los interurbanos de Córdoba que cumplieron 100 días.
¿Aparece el dinero?
En las últimas horas circuló fuerte la versión de que finalmente este jueves el gobierno nacional depositará los subsidios para “el interior”. Intendentes, funcionarios provinciales, sindicalistas, a todos les llegó la versión pero nadie quiso hacerse cargo de esa promesa. Prefieren escucharlo de boca de los representantes del gobierno nacional durante la videoconferencia de partes prevista para ese día.
Santa Fe espera 226 millones de pesos. De ahí, 105 millones son para el transporte urbano de Rosario. Representan el 50% de la masa salarial faltante que motiva el quite de crédito laboral que lleva 21 días ininterrumpidos. El planteo sindical es claro: “Si cobramos junio podemos hablar de otra forma para ver cómo se cancelaría el medio aguinaldo y el resto de la deuda”, reiteró Sergio Copello, de UTA Rosario. En una palabra, si el dinero aparece, se retoma la negociación por el medio aguinaldo y el bono adeudado con los colectivos en la calle.
En la ciudad de Santa Fe la relación sindicato-empresas es diferente. Y gravita la presencia de un concesionario con fuertes vínculos políticos como Alejandro Rossi (Autobuses Santa Fe). Las empresas adelantaron el dinero hasta que llegue el giro de Nación y el servicio se normalizó el 8 de julio.
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Esos mismos empresarios presionan ahora a la Intendencia para que “les baje costos” porque, argumentan, operan un sistema proyectado para una demanda inexistente. Piden bajar frecuencias, reducir o unificar líneas. El intendente Emilio Jatón y sus funcionarios cavilan. Saben que esos recortes oxigenan a las concesionarias pero perjudican a la gente.
El problema estructural es real: el sistema transporta 30 mil pasajeros al día, contra los 170 mil previos a la pandemia. ¿Volverán esos 170 mil a subirse a los colectivos? Funcionarios de la capital lo ponen en duda: “Probablemente no vuelva a ocurrir. A partir de la pandemia muchos van de dos o tres en auto, en bici o los buscan y los llevan. Hoy recuperamos casi todas las actividades, sólo siguen cerradas las escuelas y parte de la administración pública. Y seguimos en 30 mil pasajeros. El 40% del financiamiento del sistema en la ciudad es lo que se recauda por tarifa”.
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Rosario maneja otros números, pero el fondo de la cuestión es el mismo. Si Nación no asume otro rol en materia de subsidios, la cuestión quedará reducida a administrar la emergencia permanente, muy lejos del 80% de la renovación de la flota que se había conseguido, con unidades de cinco años de antigüedad como máximo, aire acondicionado y piso bajo. La devolución de coches que se dio en estos días por parte de Rosario Bus y El Cacique indica el final de esa etapa.
Acuerdo perdurable
El desafío es cómo lograr un acuerdo entre trabajadores, empresarios, poder concedente y Nación que sea perdurable, que evite que todos los meses a partir del quinto día hábil la UTA deje los colectivos guardados en los galpones porque no llegaron los fondos nacionales para salarios.
El problema estructural es real: el sistema transporta 30 mil pasajeros al día, contra los 170 mil previos a la pandemia.
El acuerdo de las últimas horas en Córdoba apuesta a ese objetivo. Carla Esteban, secretaria general del sindicato, explicó que a partir de agosto los trabajadores recibirán 50% del sueldo en el cuarto día hábil del mes (esta parte solventada con subsidios de municipalidad y provincia) y la otra mitad cuando llegue el aporte de Nación. En cuanto al aguinaldo, la fecha límite es el 10 de cada mes para cobrar las cuotas. Además, el sindicato accedió a que las empresas dispongan días de vacaciones adelantadas.
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El intendente Martín Llaryora consiguió autorización en el Concejo Deliberante para bajar recorridos, frecuencias y hasta el servicio nocturno. También presionó con la reducción de salarios, aspecto que la UTA nacional y las seccionales dejaron en claro que no aceptarán.
El acuerdo alcanza sólo al transporte urbano de la capital cordobesa, mientras que el interurbano –los únicos habilitados por la pandemia son los de trayectos de hasta 60 kilómetros– cumplió 100 días ininterrumpidos de paro.
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