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El desafío de la economía para 2026: crecer, pero con mejoras en los ingresos de las familias

El Gobierno proyecta una tasa de crecimiento de la economía del 5% para 2026. El desafío es que eso se traduzca en una mejora de los ingresos de las familias.

El mayor desafío que enfrenta la economía es revertir el bajo nivel de nivel de actividad que continúa estancado según las cifras oficiales y privadas. Los últimos dos trimestres marcan una recesión técnica con fuerte heterogeneidad entre los distintos sectores: mejoraron el sistema financiero, agro y minería (energía) y retrocedieron industrias, comercio y construcción.

Punta a punta, el crecimiento de este año será casi nulo. “Para 2026 quedará poco arrastre estadístico a diferencia de este año, cuando fue 4%. Pareciera que el bimestre final continuará con esta tendencia. Para que la economía crezca el año entrante, es clave que aumente el crédito, asociado a la disminución de las tasas de interés que han estado muy altas y volátiles últimamente, con encajes bancarios muy elevados”, señala Eduardo Fracchia, profesor de Economía en IAE Business School.

“Bien encarada la estabilización, la prioridad ahora es el crecimiento, que supone más ingresos y más empleo. La actividad industrial presenta alta capacidad ociosa y los demás sectores económicos, salvo excepciones como energía, están por debajo de sus máximos históricos”, agrega Fracchia.

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La sanción del presupuesto 2026, que el Gobierno nacional quiere tener aprobado antes de fin de año, está desfasado y tiene exigencias muy altas.

El Gobierno proyecta una tasa de crecimiento para 2026 de 5%, una inflación de 10% y un dólar en la zona de $1.400 para fines del año próximo.

Revertir la caída de la actividad supone mejorar los ingresos de la población sin que se traslade a la inflación. Los salarios continúan con el cepo del 1% mensual y las jubilaciones mínimas con el bono congelado, lo que implica que suben por debajo de la inflación. Y en ambos casos representa un mayor deterioro por encima de los retrocesos durante los dos gobiernos anteriores.

A eso se agregan despidos y suspensiones por el crecimiento de las importaciones sustitutivas de la producción doméstica que, con el bajo consumo, ayudan a “controlar” la inflación.

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El Gobierno apuesta a un “derrame” de las variables financieras sobre la actividad económica, con la vista puesta en el agro y en la minería.

El Gobierno apuesta a un “derrame” de las variables financieras sobre la actividad económica, con la vista puesta en el agro y en la minería.

Por ejemplo, en octubre, balanza comercial bilateral con Brasil fue deficitaria en U$S 401 millones. Las exportaciones a Brasil en octubre totalizaron USD 1.238 millones y cayeron un 13,5% interanual, mientras que las importaciones alcanzaron los USD 1.639 millones, mostrando un crecimiento interanual de 5,7%.

Con este dato, el déficit comercial bilateral con Brasil alcanzó en los primeros diez meses del año USD 5.098 millones, contra un desequilibrio de USD 175 millones en igual periodo del año pasado, esto es una diferencia de nada menos que USD 4.922 millones.

“En la comparación histórica, no se registraba un déficit comercial con Brasil en enero-octubre acumulado superior a USD 5.000 millones desde 2017, tal que el dato actual es el segundo más alto desde 1999”, destaca la consultora Abeceb.

El FMI proyecta una inflación mayor, del 16%, y un crecimiento menor, del 4%. Como contexto internacional, es de destacar la reciente baja de la tasa de interés de la Fed, el dólar devaluado, ambas cuestiones favorables para países emergentes.

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Por otra parte, se estima según el Banco Mundial, que el precio de las materias primas disminuirá en 2026 y 2027, en particular el petróleo que irá a la zona de 60 dólares por barril.

“Argentina está muy cara en dólares y este ajuste cambiario favorece a un déficit de cuenta corriente más controlado. No se sabe si el Tesoro de Estados Unidos seguirá con sus intervenciones. Se suma a la demanda de dólares en el mercado la decisión de comprar reservas que, según el vicepresidente del Banco Central, comenzaría en 2026. El gobierno ha sido muy poco activo en este frente hasta el momento. Lo deseable sería contar con un 10% del PIB en las reservas netas, hoy negativas”, reconoce Fracchia.

En síntesis, el Gobierno apuesta a un “derrame” de las variables financieras sobre la actividad económica, con la vista puesta en el agro y en la minería. El interrogante es si solo esos dos sectores alcanzarán para revertir los retrocesos del resto de los sectores, más ligados al consumo interno y a las condiciones de vida.