Apoyado en la táctica del “achique”, estableciendo una cornisa de la que no pudo escapar el desequilibrio mental, estratégico y técnico de la selección de Lionel Scaloni, el cuadro asiático fue desde el primer y hasta el último minuto el legítimo ganador del primer juego en el Grupo C.
No alcanzó empezar ganando con un penal polémico. Nada fue suficiente. Ni Messi consiguió leer la manera, aunque sea individual, de encontrar un camino hacia el arco rival sin caer en la línea aleada del Var que dejó en off side, no sólo a los jugadores argentinos, sino también una lectura ciega del entrenador que se fue perdiendo en una pesadilla descomunal que pulverizó el invicto previo y todas las confianzas desmedidas que animaban un debut accesible.
Sin dudas un desayuno futbolísticamente trágico. La tecnología implacable que detecta hasta la más imperceptible sutileza material en posición adelantada, fue un jugador más a favor del plan árabe, el cual contemplaba seguramente este paredón táctico contra el que hoy chocó la “Scaloneta”.
Ahora no queda otra que evaluar los daños, acertar sin margen de error y con la suma de todos los miedos encima; salir rápido del espanto escénico buscando en los boxes de la Universidad de Qatar un nuevo equipo para tratar de poner en marha, desde el sábado ante México, el sueño ya no de ganar la copa –recalculando– sino de continuar en el mundial.
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