El kaisershmarrn es uno de esos postres que llaman la atención, apenas llegan a la mesa. No solo por su nombre difícil de pronunciar, sino porque se sirve en trozos irregulares, como si alguien hubiera destrozado un panqueque a propósito. Pero lejos de ser un error, esa es justamente la gracia de este clásico de la cocina austríaca y alemana.
Según la leyenda, este dulce era el favorito del emperador Francisco José, de ahí su nombre: “el revuelto del emperador”. Hoy, el kaiserschmarrn es un infaltable en las casas y refugios de montaña de los Alpes, donde se disfruta tanto como postre como en la merienda.