Para Enrique Febbraro, que era un odontólogo de Lomas de Zamora (provincia de Buenos Aires), el hecho de ver que los humanos estaban allá arriba explorando el Universo, significó más que un logro científico o político. Sintió que aquel paso no solo unía al mundo en la ciencia, sino también en el afecto.
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Enrique Febbraro fue un odontólogo, profesor, músico y escritor argentino, nacido en Buenos Aires en 1924.
Por este motivo, decidió enviar 1.000 cartas a distintas organizaciones internacionales, muchas de ellas dependencias del Rotary Club (una institución mundial que promueve la amistad, el compañerismo, el liderazgo, la diversidad y la integridad entre sus miembros) planteando la idea de que el 20 de julio sea nombrado como el “Día del Amigo”.
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Todas las cartas, escritas a mano, contenían la siguiente frase: “Fuimos sus amigos y ellos, amigos del universo”. Para Febbraro, la llegada a la Luna había unido a la humanidad en un gesto solidario y también al Universo con las personas.
Las respuestas llegaron de todos los rincones del planeta. Y aunque la ONU nunca oficializó su propuesta global, Buenos Aires tomó la posta en 1979, cuando declaró por decreto el 20 de julio como el “Día del Amigo”, en honor a aquel hito lunar que Febbraro convirtió en puente entre corazones.
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Los astronautas del Apolo 11, en cuarentena, reciben la visita del presidente Richard Nixon.
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“El amigo es la sonrisa compartida, el abrazo inesperado, la mano que siempre está", solía decir él, convencido de que la amistad merecía su lugar en el calendario.
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Lomas de Zamora, donde vivió gran parte de su vida, lo distinguió como Ciudadano Ilustre y también fue declarada Capital Provincial de la Amistad.
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La Tierra vista desde el Apolo 11.
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Febbraro decía: “Mi propuesta fue un pretexto para encontrarnos. Porque cuando el hombre llegó a la Luna, nos sentimos todos amigos, todos hermanos.”
Desde entonces, cada 20 de julio la Luna sigue brillando como testigo de un sueño que nació en el cielo, pero se quedó a vivir en la Tierra.