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Policiales Rosario |

La historia de una joven embarazada de Rosario que fue atacada por sicarios que buscaron dejar como marca la crueldad

Sabrina Maturano, de 29 años, fue baleada en la calle. Cursaba un embarazo de 9 meses. Su bebé murió a causa de los 13 balazos que recibió su madre, que tiene cinco hijos. Este hecho confirma que en Rosario se rompieron todos los límites posibles.

Ya no basta con eliminar a la víctima, sino que debe quedar palpable para quién está dirigido el crimen. A esto se suma ahora, cada vez con mayor frecuencia, las marcas en los cadáveres. Es la necesidad de dejar además del mensaje literal otro texto de crueldad marcado en el cuerpo.

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Para que el horror no se pueda esconder, que esté a la vista de todos, como ocurrió en abril pasado con Ismael Sobrín en las vías del barrio Ludueña. Ya no alcanzaba con matar a este joven, sino torturarlo y dejar el cuerpo a la intemperie para que todos lo vean.

Algo similar ocurrió el jueves al atardecer con Sabrina Maturano, una joven de 29 años, que cursaba un embarazo de 36 semanas. Fue acribillada de entre 13 y 15 balazos por dos sicarios que le dispararon al abdomen. Su bebé estaba muerto cuando le practicaron una cesárea de urgencia.

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Al momento del ataque, la mujer estaba en la calle acompañada por sus cinco hijos, uno de los cuales sufrió el roce de una bala.

Al momento del ataque, la mujer estaba en la calle acompañada por sus cinco hijos, uno de los cuales sufrió el roce de una bala.

Ella quedó en estado crítico, internada en el hospital Eva Perón de Granadero Baigorria. Disparar contra una mujer embarazada que estaba totalmente indefensa con sus cinco hijos es una maniobra cargada de una crueldad que no tiene explicación, si se contrasta el perfil de la víctima.

La historia de Maturano encarna no sólo la saña de los sicarios de matar a una mujer que estaba a punto de parir en plena calle, sino la extrema vulnerabilidad de la joven. La mujer sufría violencia de género. Por eso, según los investigadores, dejó a su marido y se fue a vivir con su hermana a una casa precaria de Nuevo Alberdi. Tenía cinco hijos, que la acompañaban a pedir comida y dinero por el centro y la zona norte de Rosario.

Cuando Sabrina Maturano fue trasladada al hospital Eva Perón de Granadero Baigorria los médicos detectaron que la mujer que estaba herida cursaba un embarazo avanzado. Había recibido entre 13 y 15 balazos y tuvo que ser operada de urgencia. La mujer perdió el embarazo a causa de las serias heridas que recibió en varias partes de su cuerpo. Su estado de salud es grave y quedó internada en el hospital.

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Unas horas antes, la joven había sido atacada cuando iba por la vereda en Baigorria y Doctor José Pérez, en la zona norte de Rosario. Según señalaron las fuentes policiales, dos hombres que se trasladaban en una moto negra dispararon contra Maturano.

De acuerdo a las fuentes, la mujer estaba en la calle acompañada por sus cinco hijos, entre los que se encontraba uno de 10 años, que en el momento del ataque sufrió el roce de una bala. Los disparos fueron dirigidos contra la joven embarazada, que quedó tendida en el piso. La gente del lugar entró en pánico por los chicos.

Los vecinos llamaron al 911 y unos minutos después llegó una ambulancia del SIES, que trasladó a la mujer al hospital de Granadero Baigorria, donde fue intervenida quirúrgicamente. Los médicos informaron que Maturano había perdido su embarazo.

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Unas horas antes, la joven había sido atacada cuando iba por la vereda en Baigorria y Doctor José Pérez, en la zona norte de Rosario. Según señalaron las fuentes policiales, dos hombres que se trasladaban en una moto negra dispararon contra Maturano.

Unas horas antes, la joven había sido atacada cuando iba por la vereda en Baigorria y Doctor José Pérez, en la zona norte de Rosario. Según señalaron las fuentes policiales, dos hombres que se trasladaban en una moto negra dispararon contra Maturano.

Este hecho sangriento en Rosario se produjo en un contexto atravesado por una intensa violencia que no logra bajar en esta ciudad. En lo que va de este año se cometieron 192 asesinatos en el departamento Rosario, una cifra que no marca un descenso de los homicidios, que el año pasado marcaron un récord histórico de 288 crímenes.

El miércoles murió, tras agonizar diez días, Jorge Guillermo Drake, un hombre de 44 años que el lunes 28 de agosto fue atacado en el barrio Parque Casas, también de la zona norte de Rosario. Según los investigadores, la víctima caminaba por la zona junto a su pareja, una mujer de 38 años, cuando ambos fueron sorprendidos por encapuchados. Uno de ellos reconoció a Drake y le disparó hiriéndolo en su pierna izquierda.

Drake quedó internado en el hospital Eva Perón de Granadero Baigorria donde finalmente falleció. La pareja vivía a seis cuadras del lugar donde fueron atacados. En el marco de la investigación fue detenido un joven de 19 años, que ya fue imputado por una tentativa de robo calificado y portación de arma de fuego, que la semana próxima será acusado por el asesinato, ya que el material balístico recolectado en la escena del ataque a balazos coincidió con el arma que le secuestraron.

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El crimen se instaló como una herramienta más del negocio mafioso y no tiene freno. Va en ascenso. Aunque con contextos diferentes y con distinta escala, aparecen síntomas de que el problema puede ser aún peor. En diciembre de 2020 ese rasgo de odio y saña apareció inscripto en una escena cargada de horror, que desató al principio mucha preocupación.

Un cartonero que revolvía la basura en un contenedor de la calle Lituania al 5600, en el barrio Saladillo, en el sur de Rosario, se encontró con una escena macabra: dos cabezas y dos brazos dentro de una bolsa de consorcio, envueltas en film, en tres paquetes distintos. Luego se supo, tras una serie de pericias que hizo el Instituto Médico Legal, que se trataba de los cuerpos desmembrados en 11 piezas de Víctor Martín Baralis y Jorge David Giménez. Nunca se pudo determinar quién fue el autor de este hecho despiadado.

Al principio de la investigación surgió una escucha que abrió como hipótesis que un ladero de Guille Cantero Brandon Bay podría haber estado detrás de esta trama. Sin embargo, nunca se logró comprobar que este joven de la banda de Los Gorditos, nacida en Tiro Suizo, fuese el responsable. “Escuchame, de paso van a buscar el tornado y de paso matamos a un par de zombies, me voy a llevar a uno. Te mando un video con una motosierra fíjate cómo lo voy a cortar en pedazos, bien a lo mexicano le voy a dar", señaló Brandon Bay en una escucha, revelada en una audiencia.

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El caso generó pánico no sólo entre los vecinos que veían cómo los policías sacaban pedazos de cuerpos envueltos de un contenedor de basura, sino también en las autoridades políticas. Según pudo saber AIRE, este caso provocó preocupación en la entonces ministra de Seguridad Sabina Frederic, que envió a un funcionario de su cartera para que relevara qué había detrás de este hecho. En ese momento se pensó que la violencia en Rosario ingresaba en otra etapa. No se equivocó en el diagnóstico la entonces ministra.

Dos meses después de que se encontraran los cadáveres desmembrados apareció otra escena cruenta, que mostraba una crueldad similar contra dos mujeres. Sicarios se encargaron de ejecutar a dos mujeres que estarían vinculadas a bandas narco rivales. Los crímenes de Agustina Thomson y Daiana Paiva se produjeron con pocas horas de diferencia en la zona norte de Rosario, en una trama criminal que tiene relación con la banda de Los Monos.

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En febrero pasado, Los Monos usaron la muerte como un mensaje macabro. La víctima fue Lorenzo Altamirano, un músico de 29 años que nada tenía que ver con la barra de Newell’s y el escenario de la disputa.

En febrero pasado, Los Monos usaron la muerte como un mensaje macabro. La víctima fue Lorenzo Altamirano, un músico de 29 años que nada tenía que ver con la barra de Newell’s y el escenario de la disputa.

A los asesinatos de estas dos jóvenes se sumó el hallazgo en dos etapas del cuerpo desmembrado de una mujer de unos 40 años cuyos brazos, piernas y cabeza fue encontrada en el arroyo Saladillo, en la zona sur de Rosario.

En agosto del año pasado el horror se hizo palpable en un caso que tuvo a un joven de 19 años como víctima. Era un soldadito narco cuyo cadáver apareció con las manos precintadas y con un tiro en la cabeza. La víctima fue identificada como Alan Agustín Ferrari, y los exámenes médicos determinaron que el cuerpo tenía cortes y golpes y una posible herida de escopeta. Ferrari había sido torturado antes de ser ejecutado.

El joven era cercano a Mauro Geréz, un narco que es el alfil del líder de Los Monos en el barrio Ludueña y que está imputado por formar parte de una asociación ilícita manejada desde la cárcel de Piñero, en el sur de Santa Fe.

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En febrero pasado miembros de la banda de Los Monos usaron la muerte como un mensaje macabro. El cadáver de un artista callejero raptado al azar sirvió como una especie de envoltorio para generar terror. La víctima fue Lorenzo Altamirano, un músico de 29 años que nada tenía que ver con la barra de Newell’s y el escenario de la disputa.

Estaba en la calle, donde trabajaba. En el bolsillo de su pantalón apareció un papel con un mensaje que se inscribía dentro de un conflicto por dinero entre miembros de la banda que dirige “Guille” Cantero desde la cárcel de Marcos Paz. El caso provocó conmoción y mostró que no había límites en el negocio de la droga.

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La lista de casos en los que se usó un modelo de crueldad extrema son decenas y muestran los recursos simbólicos que las bandas criminales empiezan a utilizar para dejar marcas en las tramas barriales. Ya no basta con los balazos para demarcar una situación, sino que aparece siempre después de los tiros el mensaje escrito. Todo se firma, en algunos casos con el sello: con la mafia no se jode.

Este recurso comenzó a ser utilizado hace no mucho tiempo, desde 2018 cuando los Cantero comenzaron a balear residencias de jueces. El uso del “mensaje” empezaron a emplearlo otras organizaciones y se logró imponer.

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