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Desigualdad de género: el trabajo doméstico no remunerado y los cuidados equivalen al 15% del PBI de Argentina

Corina Rodríguez Enriquez, doctora en Ciencias Sociales, habló con AIRE sobre la necesidad de revalorizar las políticas de cuidado que mayoritariamente recaen sobre las mujeres. Desafió a pensar un país en el que a futuro se reduzcan las jornadas laborales y escuelas comprometidas con el cuidado.

Las mujeres e identidades feminizadas son las principales protagonistas del trabajo doméstico no remunerado y de cuidados. Se trata de una actividad sumamente invisibilizada pero, al mismo tiempo, enormemente vital para el desarrollo de cualquier sociedad. Corina Rodríguez Enriquez, doctora en Ciencias Sociales y especialista en mercado laboral y economía del cuidado, visitó la ciudad de Santa Fe y habló con AIRE sobre el debate que urge abrir aquí y en el país.

Este tipo de trabajo equivale al 15% del Producto Bruto Interno de Argentina, aseveró la especialista que además integra el Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (Ciepp). Este dato surge de una estimación formulada por la Dirección de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía de la nación, utilizando información del Módulo de Trabajo no remunerado que relevó el Indec hace unos años (que aporta la información sobre el tiempo que se destina a los cuidados y el trabajo doméstico no remunerado) y tomando como valor de referencia monetario el salario promedio de las trabajadoras particulares.

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Corina Rodríguez Enriquez es doctora en Ciencias Sociales y especialista en economía del cuidado.

Corina Rodríguez Enriquez es doctora en Ciencias Sociales y especialista en economía del cuidado.

"Esta magnitud hace que sea el sector económico más grande. Ni la producción agropecuaria, la minera, la manufactura o la industrial, o la administración pública, no hay ningún sector económico que aporte tanto como este", advirtió Rodríguez Enriquez, quien ofreció una charla en la Sala Moreno, organizada por el Centro de Estudios "Nexo Santa Fe".

Si bien el trabajo doméstico no remunerado y las tareas de cuidados representan una parte gigantesca de la actividad económica argentina, su valorización es inversamente proporcional: ni está remunerado, ni cuenta con protección social ni tampoco se lo considera como trabajo.

Menciona frases como "Estaba trabajando pero tuve un bebé y tuve que dejar' o "Estuve trabajando pero tuve que dejar para cuidar a mi mamá", y dice que son afirmaciones coloquiales tan comunes de escuchar que encierran en sí la síntesis más contundente de lo invisibilizadas que están estas tareas, al punto que no se las considera trabajo.

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Rodríguez Enriquez asegura que el trabajo doméstico no remunerado es el que más aporta a la economía del país.

Rodríguez Enriquez asegura que el trabajo doméstico no remunerado es el que más aporta a la economía del país.

A esto se suman nuevos desafíos, como los cuidados de adultos mayores: "Ese es un problema urgente que enfrentamos como sociedad porque somos una sociedad que envejece rápidamente y porque las personas mayores cada vez viven más tiempo y requieren cuidados muy intensivos. No es lo mismo cuidar a un niñe que está creciendo que cuidar a una persona mayor. Es física y emocionalmente muy demandante y no hay dispositivos accesibles para el cuidado de personas mayores", explicó.

Para Rodríguez Enriquez la generación actual quedó en el medio: debe cuidar simultáneamente a niños y niñas y a personas mayores.

Además, recordó que los datos de encuestas sobre el uso del tiempo que se hicieron en 2013 indican que las mujeres en promedio destinan seis horas y media diarias a los cuidados no remunerados y tareas domésticas, mientras que los hombres solo dedican tres horas y media por día.

El rol de las escuelas en las tareas de cuidado

La especialista apuntó al papel que deberían comenzar a jugar los establecimientos educativos en las tareas de cuidado y sostiene: "Los espacios educativos son en la práctica espacios de cuidado. Cuando dejamos a los hijos en las escuelas los educan pero también los cuidan; lo que pasa es que hay resistencia de parte de quienes trabajan en el ámbito educativo a reconocer esta dimensión de los cuidados en su tarea".

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La especialista planteó la necesidad de involucrar a las escuelas en las políticas de cuidado.

La especialista planteó la necesidad de involucrar a las escuelas en las políticas de cuidado.

Considera que esto se debe, precisamente, a la desvalorización social que estas actividades tienen, haciendo que se adopte una especie de cuestión jerárquica entre educar y cuidar. "Me parece que eso es algo que hay que romper y cuestionar, entender que cuidar es importantísimo, es vital y humano, es esencial, como lo puso en evidencia la pandemia", explicó.

Para Rodríguez Enriquez, una de las lecciones de la pandemia fue la de visibilizar la esencialidad de las tareas de cuidado y, al mismo tiempo, dejar expuestas las desigualdades en la distribución de las mismas que -opinó- "siguen recayendo mayoritariamente en mujeres o identidades feminizadas".

Reducción de la jornada laboral como alternativa a futuro

La concepción del trabajo también se pone en crisis a la hora de hablar de políticas de cuidado. Para eliminar desigualdades de género en este aspecto, Rodríguez Enriquez pide dejar de pensar al trabajo como aquel que hacemos para producir bienes y servicios para el mercado, y comenzar a interpretarlo como aquella actividad humana socialmente útil. Es ahí donde entran los cuidados.

Considera que, actualmente, la valoración social en torno a los trabajos es funcional al sistema capitalista y planteó la necesidad de abordar una posible reducción de la jornada laboral, al menos en un horizonte utópico.

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Rodríguez Enriquez junto a Soledad Artigas, secretaria de Políticas de Cuidado y Acción Social de la Municipalidad de Santa Fe.

Rodríguez Enriquez junto a Soledad Artigas, secretaria de Políticas de Cuidado y Acción Social de la Municipalidad de Santa Fe.

La especialista fue más allá en esa visión, y propuso analizar la redistribución social de todos los trabajos que garantizan la vida, una valoración social de los trabajos vitales y una penalización social de aquellos que son nocivos para la vida.

"Como sociedad deberíamos valorizar mucho más el trabajo no remunerado de cuidados y el de casas particulares que el trabajo que hace un CEO de una empresa financiera cuya actividad es nociva para la sostenibilidad de la vida". "Como sociedad deberíamos valorizar mucho más el trabajo no remunerado de cuidados y el de casas particulares que el trabajo que hace un CEO de una empresa financiera cuya actividad es nociva para la sostenibilidad de la vida".

En este contexto, cabe la pregunta de cuál sería el rol del Estado. Para la profesional, el Estado es clave a la hora de garantizar ciertas condiciones para el trabajo doméstico no remunerado, en términos de garantías de ingresos monetarios y de protección social, pero también garantizando servicios que faciliten el mismo.

"Las políticas de transporte pueden ayudar a transformar la organización social del cuidado; la política de saneamiento urbano, de llevar agua potable por ejemplo, puede facilitar los tiempos de cuidado. Es importante abordar esta agenda con una mirada integral y crear mecanismos de articulación entre distintas dependencias de la gestión municipal para que sea realmente una gestión integrada", mencionó.

Rodríguez Enriquez no duda en afirmar que la manera en que concebimos actualmente las tareas de cuidado en el país dejan una sola víctima: la sociedad.

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