El título de Cristinna fue una conquista para su madre también. Izabel tiene síndrome de Down y uno de sus principales desafíos ha sido demostrar a sus familiares que era capaz de criar a su hija.
Muchos dudaban de que esa mujer, con amigos imaginarios y que parecía ajena a todo, pudiera cuidar de su hija.
El síndrome de Down se lo descubrieron solamente a los 35 años. La anciana, la menor de 19 hermanos, pasó parte de su vida descrita como si "estuviese en la Luna". Sus familiares y conocidos no sospechaban que se trataba de una alteración genética. Para probar que podía cuidar a su hija, Izabel fue una madre extremadamente cuidadosa.
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"Siempre que me ensuciaba, corría a limpiarme. Aunque estuviese en el barro jugando con otros niños, siempre estaba limpia", cuenta su hija Cristinna, de 29 años. "Era mi muñequita, la cuidé muy bien", dice Izabel, que habla pocas palabras, pero siempre está sonriendo.
Hoy, 30 años después de haberse convertido en madre, sigue sorprendiendo a sus familiares por haber conseguido criar a su hija.
El síndrome de Down
Izabel tardó más que otros niños de su edad en aprender a hablar y andar. "Percibían que era más lenta que los otros, pero creyeron que era nada, que solo era perezosa", dice Cristinna.
Desde pequeña, también tuvo dificultades de compresión. Sus padres decidieron sacarla de la escuela tras los primeros años por sus dificultades para aprender. Izabel apenas sabe leer y escribir.
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En la adolescencia y el inicio de la vida adulta, los familiares notaban que Izabel tenía actitudes distintas. "Durante un tiempo, mi madre trabajaba. Pero mentía diciendo que se iba al baño y en su lugar se iba al huerto a jugar con sus amigos imaginarios, no estaban seguros de que estuviese bien de la cabeza", cuenta Cristinna.
A los 25 años, Izabel comenzó a salir con José Ribeiro. Son primos segundos y vivían en regiones cercanas. Tras seis meses de noviazgo, Ribeiro pidió permiso para casarse con ella. "Algunos de mis tíos no querían que mi madre se casara porque dijeron que no estaba muy segura. Pero mi abuela lo permitió".
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