AIRE y todo el periodismo de Santa Fe están de luto. Romina Mazzola –“la Pechu”, para toda la ciudad– murió en el Hospital Iturraspe después de una larga, digna y valiente lucha contra el cáncer, que contó en el micrófono, en su legendaria cuenta de Twitter y en las páginas de AIRE Digital. En las idas y vueltas de la enfermedad, la acompañaron los oyentes y lectores de AIRE, que también están de luto.
Cuando se enteró de que tenía cáncer, Pechu reconoció que se le vino el mundo abajo y en lo primero que pensó fue en sus hijos. “Quiero que sufran lo menos posible y que llegado el caso estén seguros y cuidados”, dijo en una de sus 12 columnas en AIRE. En lo de cuidar a sus hijos, a partir de ahora la podemos ayudar todos.
Después del shock del diagnóstico, Pechu decidió rodearse de amigos y de amor para transitar la enfermedad y también de mucho humor negro, que destilaba con ingenio en su cuenta de Twitter @pechugaslocas, en la que se presentaba como la Señora de las Bubis y tenía más de 46.000 seguidores.
Hizo lo mismo en “Dale, tomá aire”, el programa en el que acompañó a Fabiana Chiappero en Aire de Santa Fe entre las 14.30 y las 17. Con sus chistes, bromas y humor ultra ácido -y sus opiniones siempre jugadas- forjó un vínculo muy especial con los oyentes. Por eso enviaron cientos de mensajes al WhatsApp de AIRE para preguntar cómo estaba cada vez que no la escuchaban en el micrófono.
Pechu también participó de la edición en el teatro de Ahora Vengo, la nave insignia de AIRE, en donde tuvo cruces inolvidables con Luis Mino, Ariel Tarico y todos los columnistas. En los últimos meses, además, hizo una gran dupla con Lucho Piazza en “La Noche al Aire”.
Las columnas de Romina “Pechu” Mazzola en AIRE Digital
En las 12 columnas que escribió Pechu en AIRE Digital hay párrafos de una lucidez tremenda. “Me animé a decir cosas y permitir que me ayuden, subí a un escenario (pelada y sin dientes) y entendí de verdad que la vida dura un rato y que hay que animarse porque no sabés cuándo se va a terminar”, escribió en su relato sobre cómo enfrentar el cáncer.
En cada una de sus columnas, hay frases que están llenas de empatía y comprensión para los que tienen que cargar con los prejuicios del resto. “Es muy difícil para alguien que está fuera de los estándares de belleza y normalidad crecer en un mundo que te agrede y te hace sentir que te odia todo el tiempo”, planteó en su columna “Gorda”.
Su antídoto fue el coraje, la inteligencia y hasta la irreverencia. “No me pesan más las miradas de los otros ni sus chantajes. Aprendí a querer todo eso que me hace distinta y a respetarlo. Me quiero, me gusto, me disfruto y voy a pasar altiva y altanera por delante del mundo, orgullosa de lo que soy; para que los otros gordos, para que los distintos, para los que también tuvieron que florecer entre el desprecio sientan que algo está cambiando. Porque se siente bajito, pero está llegando”, concluyó en esa maravillosa columna.
“Florecer entre el desprecio”. Pechu hizo mucho más que eso y dejó un legado inolvidable en AIRE. En una de sus últimas notas, titulada “El tiempo se termina” –la escribió cuando ya sabía que el cáncer había vuelto– resume en un párrafo el dilema esencial de la condición humana: todos nos vamos.
“Te vas a morir igual. Vos, yo, todos. Somos finitos, nos terminamos. Cuando mi tiempo se termine quiero ser anécdota. Quiero que nadie se pueda olvidar de mi risa estridente y mi manera de disfrutar que estoy pasando”.
Pechu: nadie se va a olvidar de tu risa estridente, pero te vamos a extrañar mucho. Muchísimo.
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