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La bitácora |

El tiempo se termina

¿Pensaste alguna vez cuánto valen las horas que estás desperdiciando? Si hoy —por un motivo x— te dijeran que en un tiempo ni corto ni largo, un tiempo preciso, con horas, minutos y segundos, tu vida se termina indefectiblemente. La columna de Pechu en Aire.

Eso que te tiene afligido ahora, ¿será realmente importante? ¿Valdrá tus lágrimas eso que no pudo ser? ¿Tendrás lugar para esconderte en la vergüenza y la cobardía si tus horas estuvieran contadas?

Alguien dijo por ahí: "cuando cambiás la forma de ver las cosas, las cosas que ves, cambian". Vos y yo, parados en la misma ventana, desde el mismo lugar y con el mismo paisaje vemos cosas distintas. Miramos el mundo y nuestras vidas dando todo por sentado, como un eterno transcurrir, lento, hasta que un día no pasa más nada. ¿Y si lo miramos distinto? Si nos regalamos por un momento la posibilidad de pensarnos sin la seguridad del mañana. Si nos permitimos entender que todo se puede terminar en un simple parpadeo. Si nos entregamos a la certeza ineludible de que no somos más que una partícula de polvo en el espacio, pequeños y finitos. Si por un segundo tuviéramos conciencia de nuestra pequeñez, entonces miraríamos el mundo desde otro lado.

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¿Cuánto valen ahora esos abrazos que nos hicieron sentir seguros? ¿Cuánto valen las risas que nos hicieron eternos compartiendo noches con los que amamos? ¿Cuántas cosas te llevarías? ¿Cuánto de todo lo que tenemos valió el esfuerzo por lograrlo?

Esto, que parece un texto redundante en lugares comunes (y tal vez lo sea), es al menos un sacudón para despertarte. No importa a dónde te escondas;, la vida, irremediablemente, pasa. Se va a ir con vos o sin vos, pero se va. Ese tren no vuelve. No importan los lamentos ni los llantos. Esa vida que tenés es una y sos vos el que puede, o no, gastarla.

Cuando el tiempo se termine, no habrá lugar para pensar en las caricias que no diste por miedo, las cosas que no dijiste, los pasos que no bailaste. ¿De qué tanto te estás cuidando?

Te vas a morir igual. Vos, yo, todos. Somos finitos, nos terminamos. Cuando mi tiempo se termine quiero ser anécdota. Quiero que nadie se pueda olvidar de mi risa estridente y mi manera de disfrutar que estoy pasando.

Cuando mi tiempo se termine quiero no haberme privado de nada, no haber escondido mis ganas ni haber dejado que el tiempo me secara como un helecho al sol, esperando lo inevitable.

Cuando mi tiempo se termine no quiero haber sido una promesa, pretendo haber sido una minúscula partícula de polvo en el espacio que alguna vez para alguien significó mucho más que algo.

Y vos, ¿qué estás esperando?

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