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Mujeres arrojadas a la pobreza por el fin de la moratoria previsional

En la provincia, el 85% de las mujeres se jubilaron gracias a la posibilidad de "comprar aportes". El peso de la maternidad y la informalidad laboral.

La caída de la moratoria previsional el 23 de marzo pasado impide a millones de personas que puedan jubilarse en los próximos años. Y afecta mucho más a las mujeres. Lejos de los discursos oficiales, son personas que sí aportaron.

En la mayoría de los casos, trabajaron sin ser registradas o -en el caso de las amas de casa- hicieron un trabajo sin descanso sin retribución económica (es decir, gratis), aunque en el mundo está medido su impacto.

Según la Alianza Global de Cuidados, “el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado en todo el mundo equivale, aproximadamente, al 9% del PIB mundial. Es un aporte de 11 billones de dólares. Las mujeres realizan tres cuartas partes (75%) de ese trabajo”.

No sólo por estas tareas gratuitas, las mujeres son las más perjudicadas por la caída de la moratoria previsional.

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“Ahora las personas que no hayan reunido los 30 años de aportes tienen que ir a la pensión universal de adulto mayor (PUAM)”, plantea Lucía Cirmi, economista por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Desarrollo.

Una pensión menguada

La PUAM consiste en el 80% de un haber mínimo, “así que es un monto todavía más bajo que la jubilación mínima, que perdió poder adquisitivo” pero hay algo más: “Es incompatible con un trabajo remunerado, mientras la jubilación es compatible”.

Por ejemplo, el 95% de las empleadas de casas particulares son mujeres, un sector en el que hay más de un 70% de formalidad, es decir de personas que trabajan sin sumar aportes al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).

Al cumplir los 60 años, esas mujeres, que realizan un trabajo físico exigente desde hace más de 30 años, hasta el 22 de marzo podían “comprar” años -que se le descontaban de sus haberes en cuotas- y jubilarse.

Ahora, tendrá que esperar hasta los 65, someterse a un estudio socioambiental que acredite su falta de recursos y acceder a un monto menor, que en marzo fue de 223.297 pesos (293.297 con el bono).

“Esta es la figura a la que va a tender a acceder finalmente más del 55% de la población, y particularmente el 80% de las mujeres”, sigue Cirmi.

Desigualdad de género

“El acceso a la seguridad social sigue marcado por desigualdades de género”, asegura el informe especial número 13 “La desigualdad de género en números”, publicada el 7 de marzo pasado por la Usina de Datos de la Universidad Nacional de Rosario.

“En la provincia de Santa Fe, el 85% de las mujeres jubiladas lo hicieron a través de los planes de inclusión previsional o moratorias”, dice el informe de la UNR y subraya que ellas tienen “trayectorias laborales más fragmentadas”, muchas veces, por la crianza de los hijos, o por el acceso a trabajos de mayor informalidad.

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Sólo el 48% de los varones accedió al derecho a través de esta política pública. Es decir, que más de la mitad de los varones -hasta 2025- llegaron con los aportes. Pero la informalidad laboral sigue en aumento, ya que proliferan plataformas como Uber, que no contratan trabajadores registrados.

“La moratoria previsional fue una herramienta clave para reducir las brechas de género en el sistema jubilatorio”, dice el informe de la UNR. En la provincia, permitió que 239 mil mujeres accedan a una jubilación pese a no haber alcanzado los 30 años de aportes.

Habrá consecuencias

“El fin de la moratoria previsional tendrá consecuencias significativas, como una mayor vulnerabilidad económica para muchas mujeres que han trabajado toda su vida en el hogar y en empleos informales, quedando sin un ingreso previsional adecuado”, sigue el estudio de la Usina de Datos.

Los efectos serán funestos en los próximos años: “dependencia económica de las mujeres mayores respecto de sus familias” y un aumento de “la feminización de la pobreza en la vejez”.

La Usina es dirigida por Agustín Prospitti, con coordinación general de Paula Durán y coordinación estadística de Lucía Andreozzi.

Lo que plantea Cirmi es que habría que repensar “no solo que se debería continuar la moratoria, sino también si habría que jerarquizar la PUAM”.

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Lo primero que se debe tener claro es que las personas que no completan los aportes, en realidad, “aparentemente no aportaron, porque es un problema global, hay 700 millones de mujeres que, como trabajan y se dedican a tareas de cuidado, no les da la cuenta para jubilarse después”, aclara Cirmi.

El valor de los cuidados

“La mayoría de las mujeres no puede juntar más de 5 años de aporte en un trabajo registrado”, establece el cuarto informe La cocina de los cuidados, elaborado desde 2024 por la propia Lucía Cirmi, María José Rodríguez, Virginia Franganillo y Lucía de la Vega en diálogo con la Mesa Intersectorial de La cocina de los cuidados.

Este trabajo refiere al Programa de Reconocimiento Previsional del Cuidado, que fue puesto en marcha por el decreto 475 en 2021, y permite a las mujeres reconocer uno o dos años de aportes adicionales por cada hijo, al entender que la maternidad resta posibilidades de insertarse en el mercado de trabajo formal.

Este programa “carece de sentido si no empalma con una moratoria. Esto es porque sólo el 23% de las mujeres que hoy tienen 60 años tiene más de 25 años de aporte. El faltante de años de aporte es muy superior a la cantidad de años a computar por hijo, es decir que la vigencia de esta política sola no permitirá jubilarse a nadie”, explican desde La Cocina de los Cuidados.

Esas tareas de cuidado movilizan entre el 14 y el 21 por ciento de la economía argentina. Estos datos fueron medidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), y se demostró que esos trabajos gratuitos, impagos, en realidad explican la mayor parte del PBI del país.

Un problema global

“Son los mismos valores a nivel global”, asegura la economista. Y agrega otro dato: “Esas personas que no llegan a los 30 años de aportes previsionales, también aportaron consumiendo, igual que los trabajadores informales. Y ese consumo tiene un Impuesto al Valor Agregado (IVA) que financia la seguridad social”, puntualiza.

Algo que se dice poco es que “en Argentina y en otras partes del mundo, la seguridad social es financiada no solamente con los aportes de los trabajadores formales, sino también con los impuestos generales y con transferencias de tesoro, porque a ningún país le da la cuenta”.

Es cierto que la crisis de los sistemas previsionales es global, y también que la caída de los trabajos formales se profundiza en el mundo.

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“Los trabajadores informales son la mayoría a nivel mundial, las amas de casa (a las que también se debe jubilar porque aportaron a la economía), el envejecimiento poblacional” son problemas globales.

“Hay países que tienen la población trabajando con mayor grado de formalidad, pero la relación entre quienes están trabajando y quienes hay que jubilar tampoco cierra la cuenta.

Así que no hay ningún país del mundo que no esté enfrentando este problema de la sostenibilidad, cuando se calcula de la vieja forma”, sigue Cirmi Obón.

Por eso plantea que ya no se cuenta el balance entre aportes de trabajadores formales y erogaciones en jubilaciones, sino que el Estado debe mirar “todos los impuestos, todos los recursos, y tratar de cruzar eso para que todas las personas en edad de jubilarse tengan un ingreso y eso también pueda movilizar la economía”.