En una entrevista con Luis Mino en el programa Ahora Vengo por AIRE, el médico y máster en Gerontología, Diego Bernardini, explicó cómo ambos géneros experimentan de forma diferente el paso del tiempo y cómo la sociedad puede aprender de estas diferencias para mejorar la calidad de vida de todos en la segunda mitad de la vida.
La nueva mirada sobre la vejez
La diferencia en la forma en que los hombres y las mujeres viven el envejecimiento existe. Si bien ambos géneros enfrentan desafíos similares, las mujeres tienden a manejar mejor la transición hacia la vejez, gracias en gran parte a su capacidad para formar y mantener redes sociales. En cambio, los hombres a menudo se sienten más aislados cuando llegan a la jubilación y carecen de un propósito claro.
En muchos casos, las mujeres, debido a su experiencia de vida y a sus redes de apoyo, enfrentan el envejecimiento de manera más positiva y activa. Mientras que los hombres, al perder su identidad laboral o no encontrar nuevas actividades que los motiven, suelen ser más reacios a aceptar los cambios que trae la vejez. "Las mujeres tienden a vivir la segunda mitad de la vida de manera más activa, ya que suelen estar acompañadas, tienen redes de apoyo y propósitos más claros", destacó Bernardini.
En este sentido, resaltó cómo la menopausia, aunque es un cambio biológico que muchas veces se asocia con dificultades, en realidad puede ser un momento de liberación para muchas mujeres. "Hoy, muchas mujeres viven la menopausia como una oportunidad para reencontrarse consigo mismas, para hacer cosas que no podían antes", comentó. Por otro lado, los hombres, deben aprender a manejar el envejecimiento de manera más proactiva, buscando nuevas actividades que los mantengan ocupados y motivados.
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La diferencia en la forma en que los hombres y las mujeres viven el envejecimiento existe.
Lo más importante, según el especialista, es que tanto hombres como mujeres deben aprender de sus respectivas experiencias. "El envejecimiento no es algo negativo, es una oportunidad para seguir creciendo", afirmó y concluyó que la clave está en aprender a vivir esta etapa de manera activa, manteniendo una actitud positiva y aprovechando todo lo que la vida tiene para ofrecer, independientemente de la edad.
El cambio después de los 40
Bernardini explicó que la percepción de la vida cambia significativamente después de los 40 años, y ese cambio no debe ser visto necesariamente como negativo. De hecho, destacó que la vejez debería ser entendida como un privilegio más que como una carga, pues mientras más envejecemos, más valoramos las experiencias vividas.
Bernardini subrayó que la sociedad, aún en la actualidad, sigue alimentando estereotipos negativos sobre la vejez. La idea de que envejecemos con una “fecha de vencimiento” no solo es injusta, sino también errónea. Según él, es esencial entender que la vejez no está necesariamente vinculada a la pérdida de vitalidad o la incapacidad de contribuir al mundo. Todo lo contrario, los mayores de 50 años, por ejemplo, tienen tanto que ofrecer, desde su experiencia hasta su visión de la vida, y esa riqueza debe ser aprovechada. El gran desafío, según el especialista, radica en que la sociedad aún no está lo suficientemente preparada para abrazar esta nueva etapa de vida que está cada vez más extendida.
El especialista también planteó un punto crucial: la discriminación por edad sigue siendo una barrera difícil de superar y no solo afecta el ámbito laboral, sino también en el personal, provocando que las personas mayores se sientan invisibles. "La discriminación por edad es la última barrera que tenemos que vencer", afirmó. Este proceso de invisibilización de los mayores afecta directamente su salud, su autoestima y, en última instancia, su bienestar general. "Si somos tratados como si nuestra vida tuviera un 'fin' a partir de cierta edad, estamos perdiendo una gran oportunidad como sociedad", destacó.
El envejecimiento activo: una revolución para la economía
Bernardini también tocó un tema central: el envejecimiento activo y cómo puede ser una verdadera revolución para la sociedad, tanto desde el punto de vista social como económico. La economía de la longevidad, un concepto emergente, debe ser más comprendido y aprovechado. Si bien se habla mucho sobre los desafíos que plantea una población envejecida, lo cierto es que los mayores de 50 años representan un mercado inmenso que hasta ahora ha sido subestimado.
"Hoy tenemos un fenómeno global: la economía de la longevidad", dijo Bernardini. Según el especialista, las personas mayores no solo tienen mucho que aportar en términos de conocimientos y experiencias, sino que también son actores clave en la economía. En Argentina, por ejemplo, el 80% de las personas mayores de 50 años son propietarias de sus hogares y cuentan con una pensión regular. "Este grupo demográfico tiene una enorme capacidad de generar impacto en el mercado, si se les da la oportunidad", explicó Bernardini. Para él, la gran tarea es transformar la vejez de un problema a una oportunidad económica. En lugar de ver a los mayores como un gasto, debemos entenderlos como un recurso valioso para el país.
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Las personas mayores pueden contribuir socialmente, participando en actividades que van desde el voluntariado hasta el asesoramiento a las nuevas generaciones.
Pero el envejecimiento activo no solo se trata de aspectos económicos. Las personas mayores pueden contribuir socialmente, participando en actividades que van desde el voluntariado hasta el asesoramiento a las nuevas generaciones. Sin embargo, para que esto suceda, se deben crear más espacios que favorezcan su integración activa en la sociedad. "El envejecimiento activo tiene que ver con ofrecer a las personas mayores oportunidades para seguir aportando a la sociedad", comentó.
"Lo que necesitamos es cambiar la percepción social. Las personas mayores son una fuente de sabiduría y experiencia, no solo consumidores pasivos", concluyó sostuvo Bernardini.