Comprar o ponerse ropa puede resultar una rutina, pero todo cambia cuando esa indumentaria debe cumplir con algún requisito que demanda una persona con discapacidad. Tanto sea porque no cumple con las necesidades específicas del físico de quien las requiere, como también por la condición estética de la pieza.
Anabella Schimanovitch, como mamá de una niña con TGD (Trastorno Generalizado del Desarrollo), entendió que tenía que revertir eso cuando recibió desde Alemania un chaleco de peso que le habían recomendado los terapeutas a su hija y se encontró con una pieza marrón que a su pequeña no le gustó nada.
“No voy a ir con eso a la escuela”, le dijo la niña. Y fue en ese momento en que la mujer asumió que debía encontrar la manera de lograr que se sienta a gusto con lo que tanto necesitaba.
En ese momento, puso manos a la obra para crear uno similar con los colores que Kahia (su hija) amaba, y así abrió las puertas a un mundo que la llevó a crear una marca de indumentaria y accesorios con perspectiva inclusiva.
En diálogo con AIRE, Ana aseguró que la meta de su emprendimiento de desarrollo textil siempre fue “potenciar capacidades”, pero en el camino se encontró con el amor de las familias que encontraron soluciones en sus prendas.
La marca ofrece al mercado chalecos que abrazan, tobilleras de peso, ropa de presión que ayuda a la calma y registro vestibular, sábanas, guantes y cascos que protegen. “Si bien en un inicio la expansión surgió por los mismos profesionales que atendían a mi hija y que lo recomendaban a otros pacientes, comenzamos a recibir demandas específicas que nos permitieron abrirnos a otras necesidades”, contó la mujer.
Ana contó que de esta manera surgió la creación de productos como un cinturón gástrico para proteger a quienes deben someterse a una gastrostomía, ropa interior de aprendizaje de control de esfínteres y también juguetes adaptados.
“Nunca vimos la propuesta como una apuesta educativa, pero sí entendemos que nos enseña mucho sobre cómo ver a los demás y también nosotros enseñamos a otros que hay necesidades diversas, formas de encontrar soluciones y herramientas”, afirmó.
Sorpresas que llenan el alma
Ana tuvo muchas alegrías personales con su emprendimiento. Recibió llamados de profesionales de distintos puntos del país que la felicitaron por el trabajo que realizaba. Logró que le hagan pedidos desde el exterior y que cientos de familias le abran las puertas de sus casas enviándole fotos o videos para mostrarles los avances de sus hijos o hijas, a partir del uso de los productos que ella creó.
“El ida y vuelta con la gente es hermoso, nos encanta, porque nos muestra que estamos haciendo una "buena lectura" de lo que necesitan las personas con discapacidad para estar mejor”, mencionó la mujer, que aclaró que habla en plural porque actualmente la marca cuenta con un equipo de trabajo formado por más de diez personas, entre los que cumplen funciones en la oficina y el taller.
Para cerrar, Ana contó que su proyecto ofrece lo necesario para que la indumentaria pueda tener cobertura de las obras sociales en un 100% e hizo hincapié en que no pierde oportunidad para seguir capacitándose y crecer.
Si te interesa conocer su propuesta podés visitar el sitio de Instagram: @s_delalma
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