Escapada a un destino mágico de Mendoza, que enamora con sus lagos turquesas y bodegas
Entre el impactante Cañón del Atuel, el laberinto literario más famoso del país y las bodegas boutique, este rincón mendocino ofrece el equilibrio justo entre adrenalina y relax total para una escapada inolvidable.
La fundación de 1805 como fortín militar permitió el posterior desarrollo agrícola del oasis, transformando el desierto en un polo productivo gracias a los canales diseñados por pioneros europeos.
Mendoza lidera los rankings de turismo nacional y San Rafael brilla con luz propia en el sur de la provincia como el destino ideal para una escapada. San Rafael nació en 1805 como el Fuerte San Rafael del Diamante para proteger la frontera y se transformó en un oasis agrícola gracias al ingenio de los inmigrantes europeos y sus canales de riego.
En la actualidad, el ferrocarril y la industria vitivinícola conviven con paisajes que parecen sacados de otro planeta, convirtiéndola en una parada obligatoria para cualquier viajero.
Escapada a San Rafael, un destino rodeado de historia y naturaleza
La identidad de San Rafael combina su pasado militar con una explosión de colores naturales. Si caminás por el centro, la Plaza San Martín y la Catedral te ofrecen una tarde tranquila bajo calles arboladas. Sin embargo, el verdadero espectáculo ocurre a pocos kilómetros del casco urbano, donde el agua y la piedra esculpieron maravillas únicas.
El sistema de riego por canales, heredado de los colonos europeos, transforma el suelo árido de San Rafael en un terreno fértil donde las bodegas boutique desarrollan varietales con una identidad propia y reconocida a nivel mundial.
Para disfrutar a fondo, te recomendamos dedicarle al menos cuatro o cinco días. Así podés alternar entre las rutas del vino y los senderos de montaña sin apuros. Podés llegar en avión directo al aeropuerto local o alquilar un auto para moverte con total libertad por las rutas mendocinas.
Qué hacer en San Rafael: los 10 atractivos que tenés que visitar
San Rafael ofrece opciones para todos los gustos, desde la contemplación silenciosa hasta los deportes náuticos:
Cañón del Atuel: Es la joya de la corona. Vas a encontrar formaciones épicas como “El Museo de Cera” o “El Lagarto” mientras el río te acompaña en cada curva.
Valle Grande: Un espejo de agua turquesa ideal para andar en kayak o simplemente disfrutar un catamarán.
Laberinto de Borges: Una obra de arte viva inspirada en la literatura del gran autor argentino. Recorrer sus pasillos geométricos es una experiencia mística.
Bodegasy espumantes: La tierra sanrafaelina produce algunos de los mejores varietales del país. No podés irte sin hacer una degustación guiada en sus establecimientos históricos o boutique.
Dique Los Reyunos: Un lago rodeado de cerros donde el aire serrano y las actividades náuticas son los protagonistas.
Pozo de las Ánimas: Dos hundimientos naturales con aguas verdes y profundas que generan un paisaje sobrenatural.
El Sosneado: Una zona misteriosa con aguas termales y las ruinas de un antiguo hotel que cuentan historias de otros tiempos.
Valle de Las Leñas: Aunque brilla en invierno con el esquí, en verano te regala caminatas suaves y vistas cordilleranas imponentes.
Las paredes multicolores del Cañón del Atuel muestran millones de años de erosión fluvial y eólica, creando figuras naturales que atraen a geólogos y turistas de todo el mundo.
Cuándo es el mejor momento para una escapada a San Rafael
La ciudad recibe turistas durante todo el año. La primavera y el otoño concentran los picos turísticos, ya que ofrecen temperaturas agradables ideales para quienes disfrutan de las caminatas y las visitas a bodegas.
Por su parte, el verano invita a refrescarse en ríos y embalses para combatir el calor, mientras que el invierno cuyano transforma el Valle de Las Leñas en un verdadero paraíso para los amantes de la nieve.