La Cruz emerge como esa opción fascinante: un pueblo que conserva su ritmo pausado y ofrece un entorno natural privilegiado, ideal para combatir el calor del verano 2026 bajo la sombra de los sauces.
Escapada a La Cruz, un destino con cascadas y ollas naturales
El mayor orgullo de la localidad reside en su río. El curso de agua, que baja puro desde las altas cumbres, esculpe a su paso formaciones rocosas que dan lugar a saltos de agua imponentes y ollas profundas. Estos piletones naturales invitan a nadar en aguas frescas y transparentes, rodeadas de una vegetación que parece no tener fin.
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El Balneario Municipal funciona como el punto de encuentro por excelencia. Aquí, las familias y grupos de amigos despliegan las reposeras para compartir un mate mientras el sol cae tras las sierras. La geografía del lugar genera un microclima único, donde la humedad del río y la brisa serrana regulan la temperatura, convirtiendo al pueblo en un refugio térmico durante las tardes más pesadas de enero y febrero.
Historia jesuítica y senderos de exploración
Más allá del agua, La Cruz invita a un viaje en el tiempo. El pueblo mantiene viva su impronta colonial y jesuítica, algo que podés comprobar al visitar la antigua Capilla de La Cruz. Este sitio histórico refleja la arquitectura religiosa de la zona y guarda relatos de los tiempos en que las estancias jesuíticas dominaban el mapa cordobés.
Para quienes no pueden quedarse quietos, los alrededores ofrecen diversas rutas:
- Caminatas costeras: Senderos de baja dificultad bordean el río, ideales para reconocer aves autóctonas y disfrutar del murmullo del agua.
- Ascenso a los cerros: Los aventureros con más energía pueden encarar rutas de mayor exigencia física hacia las cimas cercanas. El premio es una vista panorámica inigualable de todo el valle y el espejo de agua de la zona.
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Sabores locales: el broche de oro de la escapada
Ninguna visita a La Cruz está completa sin explorar su identidad gastronómica. El pueblo destaca por la producción artesanal, donde el saber se transmite entre generaciones. No podés irte sin probar los dulces regionales, elaborados con frutas de estación, o los famosos embutidos y quesos.
El pan casero, recién salido del horno de barro en los paradores cercanos al río, es el compañero obligatorio para cualquier merienda serrana.
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La Cruz demuestra que no hace falta irse lejos para encontrar paz. Es un destino que respeta el silencio, valora sus raíces y regala uno de los paisajes más genuinos de la provincia de Córdoba.
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