Durante toda la escuela primaria, a Florencia Sánchez –alrededor del 2 de abril–, sus maestras y sus compañeros de escuela le pedían los objetos que había logrado rescatar su papá, el excombatiente Claudio Sánchez. Fotos, cartas, medallas, alguna que otra prenda eran documentos históricos palpables. Más difícil era lograr que él les contara sobre los 74 días en las islas Malvinas. Con los años, aquella niña empezó a estudiar trabajo social, tomó otra dimensión de lo ocurrido, y se integró a Generación Malvinas, una agrupación de hijas e hijos de soldados que fueron llevados a aquel conflicto bélico.
A Eugenia, en cambio, le costó un poco más. “Creo que llegué no hace mucho porque también estuve enojada con Malvinas, con sentir por qué mi papá tuvo que haber atravesado eso y después, pasé todo un proceso para entender que es una cuestión socio-histórica. Dejé el enojo de lado para abrazar la causa desde el otro lado”, dice ahora Eugenia Nux, que estudió trabajo social aunque luego dejó la carrera, para estudiar música. A punto de cumplir 30 años, es DJ.
A 41 años del desembarco argentino en Malvinas, Eugenia sabe que durante las semanas previas al 2 de abril, los teléfonos de veteranos –agrupados en el Centro de Ex Combatientes– y de Generación Malvinas “estallan”, pero su objetivo es “malvinizar todo el año”. Cree que es una cuestión de “soberanía”.
“Intentamos fomentar espacios de charla, vamos a escuelas, también a veces nos llaman desde las facultades”, cuenta sobre las actividades. Florencia –que ahora está un poco alejada de la actividad cotidiana por sus obligaciones laborales– suma que la tarea de Generación Malvinas es acompañar a los veteranos “a todos los eventos”, ya que “a veces ellos no dan abasto, como ir a repartir el mate cocido o la cena, la comida de la noche o estar en distintos lugares, siempre en el marco del 2 de abril”.
En la familia de Eugenia, la memoria de Malvinas fue sostenida por el abuelo, que siempre les contaba lo que habían sufrido en tiempos de guerra. “Estaba la idea de que mucho no podíamos preguntar o no nos sentíamos en la confianza de preguntar a papá sobre la guerra. ¿Qué preguntarías sobre la guerra a tu propio padre?”, cuenta sobre el silencio íntimo y social que vivieron durante muchos años.
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“Era algo muy sensible y tampoco se hablaba mucho. Lo que a mí me llegaba particularmente eran las historias de mis abuelos. Mi abuelo mantuvo bastante presente la memoria en la familia, porque nos contaba las historias de cuando ellos iban a recorrer todos los lugares preguntando qué pasó con Luis, dónde estaba, si había alguna novedad, y sobre lo mucho que sufrieron esa espera, que se silenció tanto como su regreso”, cuenta Eugenia. Si bien su papá, Noel Luis Nux, es de la provincia de Entre Ríos, hizo el servicio militar obligatorio en Corrientes, y desde allí fue llevado a la guerra.
La joven subraya que “con el tiempo se empezó a valorar la figura del veterano, se les empezó a dar cierta importancia, pero se demoró mucho, y a nivel sociedad también, en aceptar o abrazar a esos muchachos y a las familias”.
En ese proceso, Generación Malvinas se fundó como “subcomisión de hijos e hijas del centro de excombatientes de Rosario y San Lorenzo”, en 2008. Uno de sus impulsores fue el periodista Ever Arnoldo, hijo del veterano ya fallecido, Edgardo Arnoldo, un hombre muy extrovertido, que siempre habló de Malvinas.
Eugenia llegó hace un par de años, porque su papá se lo sugirió. “Mi viejo me comentó que estaban juntándose los hijos e hijas. Yo no tenía mucha noción de eso. Yo estudié trabajo social y había decidido no continuar y mi viejo me dijo: ‘cualquier cosa, vos acá tenés un espacio en el cual vos podés aplicar tu trabajo social, tu causa, tu lucha social’. Me quedó resonando, pero demoré unos años hasta que dije que era el momento de acercarme. Fui a una reunión y me di cuenta de que, si bien éramos todos muy distintos, estábamos todos atravesados todos por lo mismo, de diferentes maneras”, cuenta la joven.
Lo que le parece más interesante es que “está empezando a tomar más fuerza el tema de mujeres y Malvinas, que justamente es pensar a las mujeres que están acompañando a estos veteranos”. Sitúa la película Matria, dirigida por Jimena Chávez, que se estrenó a fin del año pasado después de tres años de trabajo, como el puntapié inicial. “Ahora estamos trabajando en conjunto con ella para seguir problematizando y dándole lugar”, apunta.
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A Florencia el activismo feminista le llegó a través de la facultad. “Todo lo que yo conciba como un hecho político, lo miro con los ojos del feminismo y, a partir de ahí, también me convoca acercarme a Generación Malvinas, porque más allá de que mi viejo es un veterano, sentía que faltaba esa mirada”, cuenta.
Entre esas voces, también se pudieron empezar a escuchar las de las enfermeras que participaron del conflicto, como lo documentan distintos libros, entre ellas, “Mujeres invisibles”, de Alicia Panero y “Mujeres enfermeras en la Guerra de Malvinas. Crónicas de un olvido”, de Alicia Mabel Reynoso.
Para Florencia, “el feminismo es una mirada que nos viene a interpelar cualquier hecho y acto político y los feminismos están para eso”. Saluda que permita escuchar “voces que no han sido escuchadas”.
Dice que la película Matria “marca el camino para abrir y para seguir construyendo, teniendo en cuenta que siempre las mujeres somos las que sostenemos la casa, la crianza y en este caso en el caso de Malvinas, muchas mujeres, madres pobres, que han sabido sostener como pudieron, con los recursos que han tenido, ese dolor tan grande que es que a un hijo lo lleven a la guerra”.



