A 39 años de la guerra de Malvinas, se siguen sumando protagonistas de esta fecha que se grabó a fuego en la memoria de los argentinos. Desde 1982 a la fecha siempre se destacó el rol que tuvieron los soldados durante la batalla contra las fuerzas británicas, sin embargo se dejó de lado el papel que jugaron aquellos que desde el minuto cero permanecieron en la retaguardia.
Las enfermeras del hospital Naval Puerto Belgrano fueron esenciales para asistir física y espiritualmente a los soldados que llegaban heridos, quemados y mutilados desde los campos de batalla en donde ejercían la defensa de la soberanía.
“Para nosotras, la guerra terminó en diciembre de 1982, cuando se fue el último paciente de alta y comenzamos a ser invisibles para la historia de nuestra patria”, afirma a Aire Digital Elsa Mabel Rodas, que integró el equipo de 170 enfermeras que durante la guerra de las islas Malvinas asistió a los soldados en el hospital Naval. Ese día comenzaron los trabajos para desarmar las salas que se habían armado con el objetivo de que el espacio funcionara como hospital de apoyo logístico y centro de operaciones de la guerra contra el Reino Unido.
“A nosotras jamás nadie nos llamó, ni siquiera la Armada Argentina o el Estado consideraron que nuestro trabajo era merecedor de ningún tipo de reconocimiento y así quedamos durante 30 años”, reitera Rodas en torno a la falta de reconocimiento a su labor y a la de todos aquellos que durante la guerra se convirtieron en la retaguardia de los combatientes.
En la madrugada del 1° de Abril de 1982, la enfermera oriunda de Misiones, se encontraba trabajando como era habitual en la guardia del hospital Naval cuando sus superiores le ordenaron que se mantuviera en su puesto a la espera de nuevas directivas.
“Trabajaba de manera normal con los conscriptos que estaban internados por alguna cirugía o por algo leve”, recuerda Rodas. Alrededor de las diez de la mañana el personal del hospital fue notificado por sus superiores de la situación que se avecinaba.
“Nos informaron que las tropas argentinas habían desembarcado en las islas Malvinas, y que tras un enfrentamiento había un fallecido y un herido que fueron trasladados desde el continente—cuenta la enfermera—.Fue un gran shock, algo demasiado grande para nosotras que no teníamos ni experiencia, ni estábamos entrenadas en ninguna guerra ni con ningún armamento. Ahí empezó”.
En la tarde del 2 de abril llegaron al nosocomio el Capitán Pedro Cecchino, que ingresó ya fallecido, junto al Cabo Segundo enfermero Ernesto Ismael Urbina, quien se encontraba herido. "Esos dos pacientes fueron los únicos que llegaron ese día. Veinte días más tarde comenzaron a llegar los otros pacientes muy heridos", relata Rodas. De a poco, empezaron a recibir a los soldados heridos de diferente gravedad, con esquirlas o con armas de grueso calibre, fracturas y amputaciones.
El ataque al ARA crucero General Belgrano quedaría marcado en la memoria de la enfermera que tuvo que asistir a los náufragos quemados tras el ataque de los ingleses. “Me impactó muchísimo ver quemados de pies a cabeza a los náufragos— asegura Rodas—La carne humana quemada es algo que te queda impregnado en el cerebro, porque lo sientes permanentemente".
Entre los pacientes que llegaron al nosocomio se contaron dos prisioneros británicos que ingresaron gravemente heridos y permanecieron una semana al cuidado del personal de salud. "Los recibimos enyesados en los miembros superiores y los asistimos, teníamos la orden de darle la comida y la medicación en boca porque ellos estaban enyesados. La orden militar era que no podíamos establecer ningún contacto verbal con ellos porque estaban en condición de prisioneros". La anécdota llegó a conocimiento de los veteranos de guerra 30 años después. Nunca se supo que sucedió con los hombres.
Los días y noches transcurrieron de sobresalto en sobresalto, tanto para Rodas como para sus compañeras que, ante la situación que les tocaba vivir, no lograron conciliar el sueño durante los 74 días que se extendió el conflicto. "Como la mayoría de los argentinos, que no estaban preparados para vivir una guerra tan espontáneamente", explica la mujer que durante mucho tiempo sintió angustia e impotencia ante la falta de reconocimiento de aquellos que apuntalaron a los combatientes.
En la actualidad la mujer que ronda los 63 años se jubiló y vive en Posadas, en donde lleva adelante su proyecto malvinero a través del cual recorre los establecimientos educativos rurales contando a los más chicos la parte de la historia del país que le tocó vivir en carne propia.
La entrevista en Ahora Vengo con Elsa Mabel Rodas
Este viernes 2 de abril, la enfermera Elsa Mabel Rodas habló con Geraldine Brezán en la edición de feriado de Ahora Vengo, por Aire de Santa Fe. Escuchá la conversación completa.
Temas
Te puede interesar



