Durante muchos días, distintos programas de televisión relataron, con lujo de detalles, los padecimientos de Lucio Dupuy, un niño de cinco años asesinado por las personas que debían cuidarlo. Esa insoportable violencia ejercida sobre un ser indefenso no es un hecho único: en este mismo momento, en varios lugares del país, niños y niñas son víctimas de maltrato infantil. Según la Encuesta Nacional de Niñas, Niños y Adolescentes de Unicef en el período 2019-2020, el 59% de niños, niñas y adolescentes experimentaron métodos violentos de disciplina.
“Efectivamente, el caso de Lucio ha tomado notoriedad por distintas circunstancias, pero lamentablemente hay muchos otros casos en la República Argentina y en otras partes del mundo. Diría que es un tema mundial, todavía seguimos pensando que los niños y niñas, sobre todo los más pequeños, son objetos de nuestra pertenencia y que podemos avasallar su cuerpo como queremos”, plantea Marisa Graham, defensora nacional de Niñas, Niños y Adolescentes.
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El espanto que recorre la sociedad trae ecos del asesinato de Nicolás Almada, de seis años, en la ciudad de Santa Fe en el año 2016. Más reciente, y en provincia de Buenos Aires, el 22 de diciembre, Renzo Godoy, de cuatro años, también fue asesinado por la pareja de su madre. El 23 de enero pasado, Milena Torres, de dos años, murió también por golpes.
“A mí me impacta un poco la sorpresa de todos. Son innumerables los casos donde hay maltrato, incluso homicidios, a niñas, niños y adolescentes. Desconozco por qué este caso llamó tanto la atención, porque podría enumerar cientos y cientos. Lo que más me impactan son las excusas. Esto de que 'falta una ley', cuando la verdad es que leyes en Argentina sobran”, explica Yael Bendel, que es abogada, fue Asesora General Tutelar de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia y también fue Presidenta del Consejo de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes.
“Tenemos el plexo normativo comparable a cualquier país desarrollado. Tenemos, incluso, la adhesión constitucional a la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, que es como el estándar máximo de leyes, y que promueve la capacitación a todas las personas que forman parte del sistema”, señala Bendel, para dejar en claro que lo que fallan son las instituciones del Estado que deben garantizar la protección integral.
Y esa protección involucra a todas las personas adultas. "El sistema de protección es la escuela y los centros de recreación, los hospitales, los médicos, los psicólogos, la Justicia, los vecinos: todos tenemos que proteger la infancia. Lo que veo en este caso, como en muchísimos casos, es que todo eso falla y en vez de revisar por qué todo falla, estamos diciendo 'faltaba una ley'", reclama Bendel, quien considera que es necesario poner el foco en las instituciones y en las personas que las integran.
“Fallamos las personas, y esto es lo que mató a Lucio y lo que mata a muchas otras niñas, niños y adolescentes del país. Lo que nos cuesta aceptar es que, a veces, cuando escuchamos o vemos un maltrato tendemos a pensar que son cosas de los padres, que si lo hacen sabrán por qué. Y el maltrato a un niño o una niña no se puede aceptar nunca”, sigue la especialista. Es que niñas, niños y adolescentes "no tienen dueño". "Los padres no son los dueños, entonces no pueden hacer lo que quieren con ellos", advierte Bendel.
En la misma línea, Graham reflexiona: “Ni siquiera es que solamente sentimos que son objetos de nuestra propiedad, sino que además podemos hacer con ellos lo que con ellos lo que queremos, incluso aniquilarlos. Entonces, la vida de Lucio perdida, como la de Milena, como la de Renzo, y se podrían decir cantidad de nombres distintos, ojalá nos sirvan para, de una vez por todas, ponernos a reflexionar sobre por qué seguimos avasallando el cuerpo de los niños”.
La funcionaria pública del organismo de control del Estado considera que “se hace con las nenas y los nenes, lo que ya no se hace -o al menos no se avala socialmente- con el cuerpo de adultos o adultas. Todavía existen el zamarreo, el coscorrón, el chirlo, la paliza, el sopapo, cosas que no logramos superar”. Graham considera que “es más fácil cambiar una norma que cambiar una cultura”. Por eso, en 2020, la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes nacional participó de la campaña de Unicef llamada #SomosResponsables. “El mundo adulto es responsable de cuidar de la vida, de la integridad, de la dignidad de niñas y niños”, subraya Graham.
Por su parte, Bendel señala que “sorprende que se presentan tantos indicadores: ingresos a hospitales, un niño o una niña llega a la escuela golpeado, lo escuchan vecinos, se va a la Justicia y nadie se mete. Piensan que se habrá caído, y esto pasa todo el tiempo. Siempre son excusas, pero hay que meterse, hay que indagar. Un hospital tiene la obligación de indagar: no es una opción, es una obligación, y todo esto es lo que vemos que está fallando, que no está sucediendo”.
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