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Sociedad violencia de género | Palermo |

Violación en grupo: el cambio empieza por ellos

La extrema violencia de lo ocurrido el fin de semana largo en Buenos Aires conmueve a una sociedad renuente a preguntarse por sus prácticas cotidianas. Las violencias van escalando de forma imperceptible cuando "ser hombre" es una cuestión de fuerza y dominio.

La violación en grupo ocurrida el lunes 28 de febrero en pleno barrio de Palermo levantó el debate. ¿Los violadores son bestias, monstruos, animales? ¿Qué quiere decir esa consigna “no son hechos aislados, se llama patriarcado”? ¿Por qué muchos varones, además de indignarse, se apuran a señalar a esos “otros” y no preguntarse sobre cómo seis hombres jóvenes se organizan para drogar y violar a una piba?

Son preguntas incómodas, pero necesarias. El foco está puesto en la transformación de las violencias que trae implícito ser varón en esta sociedad. Desde tiempos inmemoriales, el varón debe ser fuerte, demostrar quién manda. La masculinidad implica rasgos crueles que son celebrados como “fortaleza”: el castigo, la autoridad, la muestra de valor entre otros, son parte de esa construcción.

El psiquiatra Enrique Stola considera que los seis jóvenes que estaban cometiendo la violación “como gran cantidad de varones, se sienten totalmente impunes para hacer cualquier cosa con los cuerpos de las mujeres, niñas y niños, a cualquier hora del día. Entonces, que hayan estado ahí, más allá de que pueden haber tomado drogas, lo que sea, no importa, pero lo que subyace es la impunidad en ello”.

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¿Por qué un grupo de varones se organiza para cometer este delito? “¿Y por qué no va a decidir hacerlo si es que la pornografía es la educación sexual que tenemos los varones y una parte de las mujeres, si es que no hay educación sexual integral en todos los colegios y todos los niveles educativos, si es que hay una cultura de la violación que se expresa en diversos ámbitos de las prácticas sociales, si es que el incesto paterno filial es la principal de las agresiones sexuales y el Poder Judicial castiga a las mujeres madres que denuncian, así que ¿por qué no lo van a hacer?”, da vuelta la pregunta Stola.

Desde los feminismos se viene insistiendo en la necesidad de revisar esa forma de habitar el mundo. Y es por eso que apuntan a señalar que quienes violan no son monstruos, son “hijos sanos del patriarcado”. Eso quiere decir que hay un sistema de organización social que sustenta estas prácticas. Seguramente, en esta línea, muchos varones tomarán distancia, dirán que ellos no cometieron un acto brutal como la violación en patota. Pero hay muchísimas violencias que van trazando un camino, que llevan a cometer un acto criminal a un varón cualquiera.

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La ministra de Mujeres, Género y Diversidad de la Nación, Elizabeth Gómez Alcorta, desde su responsabilidad institucional, intervino en el debate público para señalar que no se trata de monstruos, ni de bestias. “Son varones socializados en esta sociedad”, dijo la funcionaria, y muy lejos de justificar esta violencia, puso el foco en una práctica que no es nada excepcional. Según las estadísticas del Ministerio de Seguridad de la Nación, en 2020 –el año más álgido de la pandemia– hubo 22.076 denuncias de mujeres por situaciones de abusos sexuales y violaciones: 60 por día. Y hay estudios como las Encuestas de Victimización que demuestran que el 90% de las agresiones sexuales no se denuncian.

“La monstruosidad es un hábil mecanismo que especialmente se da a través de los medios de comunicación, pero que tiene que ver con la disociación de las prácticas masculinas. Porque el mismo tipo que está pidiendo pena de muerte y que dice yo nunca violaría, está en el chat de papás del colegio o de ex compañeros del secundario enviando fotos donde las mujeres son denigradas, descalificadas y cosificadas”, plantea Stola, quien considera que “esta disociación se ve fortalecida a través de los medios de comunicación que cuando hablan de violencia de género solamente se refieren a la violencia de género extrema, al femicidio o este tipo de agresiones sexuales, pero ocultan la multiplicidad de violencias y los diferentes niveles de intensidad que sufren las mujeres, las personas trans, travestis y no binarias”.

Y subraya un punto fundamental. En este caso, “se conoció, pero podría no haberse conocido. Ahora, ocurrió a plena luz del día, con testigos que filmaron, pero si esto hubiese ocurrido en la noche, pobre piba. Y si iba a denunciar, iba a recibir mil condenas antes de llegar a un juicio. Esa es la sociedad que tenemos, esa es la sociedad que produce femicidas, violadores, abusadores, acosadores, etc. Y que si han tenido algún límite y si tienen algún límite es gracias a la lucha de las mujeres feministas”.

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