“El juicio oral que iba a comenzar el lunes 22 de abril en el Tribunal Oral Criminal 2, se suspendió por un acuerdo de juicio abreviado al que llegaron la Fiscalía y la defensa, que fijó a Koessler 3 años de pena en suspenso“, dijo hoy Andrés Bonicalzzi, abogado de las víctimas.
Según Minuto Uno, el letrado había citado para el proceso a unos treinta testigos, entre los cuales estaba el presidente de la Confederación Episcopal Argentina (CEA), monseñor Oscar Ojea, quien se desempeñaba como obispo de la diócesis de San Isidro cuando ocurrieron los abusos.
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En la lista de testigos también figuraban padres de alumnos de catequesis, quienes el 24 de septiembre de 2016 se reunieron en la Parroquia San José con Ojea, quién les reveló que Koessler había reconocido los abusos y pedido ayuda psiquiátrica y les anunció que dejaría la iglesia para vivir en el asilo Marín de San Isidro, indicaron fuentes vinculadas a la investigación.
Unos días antes, el 20 de septiembre, el titular de la CEA lo había separado del cargo y prohibido dar misas en público.

“Yo sabía que no iba a ir a prisión. Me da tranquilidad que haya reconocido su culpa. Pero yo no quiero saber más nada con la Iglesia, no fui más. Esto me afectó mi fe”, contó Nora Bustamante, una de las víctimas, de 75 años, quien fue catequista desde los 18.
“Me levanto para saludarlo y se me acerca para darme un beso. Yo tenía los brazos pegados al cuerpo. De repente me aprieta, me trinca, me mete la lengua en la boca y me la pasa por toda la cara. Pone su pierna en mi entrepierna, acerca la cara a mi oído y empieza a jadear. Quedé petrificada”, aseguró Nora.
Nidia Brittos, otra de las víctimas, relató haber vivido una situación similar en agosto de 2015 cuando visitó al cura para pedirle confort espiritual, después de enterarse que una persona de su entorno familiar había sufrido un abuso, lo que le hizo revivir su propia historia de abusos en su Paraguay natal.
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“Me fui al despacho y le conté lo que me pasaba. ‘Es una estadística. El hombre tiene sus instintos’, me dijo y me invitó a confesarme. Me sentí enfurecida y me levanté para irme pero me agarró por la fuerza y me apretó. Puso la cara cerca de la mía y empezó a jadear. Lo empujé y salí. Para mí fue un abusador más“, había Nidia.
La tercera víctima fue Alicia González, quién denunció haber sufrido un ataque de características similares a finales de 2014.
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