Por Coqui Toum
“La creación del primer Parque Nacional de la provincia de Santa Fe, que se extenderá en islas del río Paraná, tomó impulso definitivo”, informaba un medio del sur provincial en junio de 2008. Comenzaba a concretarse la cesión de los terrenos de provincia a Nación para la creación del área natural protegida en la zona de Puerto Gaboto.
Unos meses más tarde, según consigna con precisión la página de la Administración de Parques Nacionales (APN), el 14 de agosto de 2008, la Legislatura santafesina aprobó la cesión de las islas que conforman el Parque al Estado Nacional mediante la Ley 12.901. Dos años más tarde, el 15 noviembre de 2010, previo paso por el Congreso Nacional, el Ejecutivo conducido por Cristina Kirchner, aceptaría la cesión de las tierras promulgando la Ley Nacional 26.648.
El Parque Nacional Islas de Santa Fe comprende una superficie de 4.096 hectáreas en la denominada ecorregión Delta e Islas del Paraná. Desde un embarcadero en Puerto Gaboto, se llega por lancha al Parque. La travesía dura una hora. “Este pueblo de pescadores se encuentra a 65 kilómetros de Rosario y a 110 de Santa Fe, por la autopista que vincula ambas ciudades y la RP 95”, explica en la pestaña “Cómo llegar”, la página de APN con información del lugar.
Ciro vivió allí toda su vida. Allí vivieron sus abuelos y sus padres. Allí reside actualmente con su mujer y su hijo. Se define como un pequeño productor. Tiene una “pequeña granja” en donde cría, junto a su mujer y su hijo, gallinas, patos, gansos, chivos, ovejas, chanchos y vacas. “Me dedico a eso. Tengo como si fuera una granjita, ¿vió?”, relató.

Cuando se enteró que se iba a crear un Parque Nacional creyó que era algo bueno para él y los suyos.
“Si se convierte en Parque, me dije, yo ya no cazo más, ni pesco. Hago unas cabañas para atender el turismo y tengo unos caballitos mansos para hacerlos pasear. Para que pueda venir la gente. Y bueno, ahora estamos en riesgo de que nos van a desalojar”, contó a Aire Digital el lugareño.
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Poblador isleño de tercera generación, pelea para no ser desalojado del lugar por decisión de la APN que recurrió a la justicia para expulsar a los pobladores preexistentes en la zona en la que se definió la jurisdicción del Parque. “Mi abuelo vivió en una isla que después, por derecho ocupacional, escrituró y después mi papá también ocupó otra isla”, recordó Ciro refrendando su derecho a estar hace casi tres décadas en otra isla lindante.

“Hace 29 años que estoy, que tengo mis animales, mi rancho, crié mis hijos y formé familia. Hice estudiar a mi hijo en la Agrotécnica de Totoras (Escuela de la Familia Agrícola Nº 8248), que es cara, pero uno sacrificando… a veces comíamos pan duro con mi mujer para que tenga un estudio. Quería que fuera veterinario, que nos hace falta uno entre los pobres. Y decretaron parque nacional y ahí empezamos el conflicto”, afirmó a Aire Digital.
En los últimos meses, los trámites de desalojo por pedido de la APN se aceleraron y la zona se fue quedando casi sin pobladores. A principios del corriente mes de junio, instituciones y organizaciones vinculadas con la preservación del ambiente que se agruparon en Red Delta emitieron un comunicado alertando la gravedad de la situación y reclamando a APN que se detengan los desalojos. “El 30 de mayo fuerzas de seguridad desalojaron por la fuerza a un poblador, desmantelando su vivienda y sus pertenencias. El hecho tuvo lugar en la Isla El Rico, y se extendería en los próximos días a las islas La Mabel y El Alisillar. Entendemos que continuar este proceso implica vulnerar derechos de pobladores tradicionales del Delta, para quienes las islas son territorio y medio de vida”, expresaba en uno de sus párrafos el comunicado.
Al mismo hecho se refirió Ciro, con el temor de ser el próximo, ya que solamente quedan dos familias en la zona comprendida por el Parque, la suya y la de Talo Pedante.
“Resulta que ahora empezaron a desalojar y el otro día desalojaron a un vecino. Nada más y nada menos que como en el tiempo de los militares que venían y te rompían toda la casa, te destruían y te tiraban así, ¿viste?”, contó y prosiguió.
“Con cuarenta prefectos. Es un viejito de 72 años, poblador isleño de toda la vida. Yo conocí a la madre, vivió toda la vida en la isla. Me dijo, a mi me va a pasar lo de mi mamá si me sacan de la isla, a los tres meses se murió. ¿Me entendés? Le llevaron las cosas a un pobre viejo a Entre Ríos, fuera de la provincia. Le devolvieron la ropa y las cobijas porque yo los llamé. Con este frío imagínese una persona de 70 años, llega a una isla y se encuentra sin nada. Se muere de frío. Es un asesinato”, denunció.
Afirmó además tener documentos que acreditan su presencia en esa isla (La Mabel) desde hace varios años. “Tengo una declaración jurada. En la isla, existen cuatro fuerzas vivas, el pescador, el cazador, el turista y el poblador isleño. Y cuatro personas firmaron un documento ante una jueza en donde atestiguaban que yo, en ese momento, hacía más de 25 años que estaba viviendo ahí. Aparte, en el islote del medio vivía mi papá. El lote del Guillo se llama por mi papá, y la isla del Pelado es por mi abuelo. Hay comprobantes y todos saben quién soy yo”, manifestó.

Su vida es en la isla. Ciro tiene decidido quedarse y plantea resistir el desalojo a como de lugar. No hay opciones, advirtió: “Yo me voy a salir, pero voy a regar con sangre la isla. Me voy a hacer matar ahí”.
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