Rescataron a una pequeña cabra y adaptaron su casa para que pudiera sumarse a la familia.
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Y, además de ayudar, estaba dispuesta a rastrear y dar con ese animalito que lloraba hacía dos días sin parar. Pudo averiguar que se trataba de una cabrita que estaba encerrada en una jaula con una gallina Charata, en un baldío próximo a su casa. “¿Me la das? Hay que alimentarla porque es muy bebé”, le dijo al dueño del lugar. “Cuando logré pasar al patio donde estaba la jaula, la vi muy delgada, llena de piojos y con el cordón umbilical fresco. Llamé al veterinario y me dijo que la sacara inmediatamente de allí y que me ocupara de que ganara peso. Lo más triste fue enterarme que su mamá había sido cuatreada. Nunca supe si ella había nacido antes o si, producto de la tortura, abandonó a la fuerza el vientre materno”. La cabra se recuperó y hoy forma parte de su hogar al que adaptaron para poder convivir todos en armonía. Claudia fantasea con envejecer junto a Brunella. Pero también sabe que en poco tiempo sus pequeños cuernos crecerán y habrá que buscarle una vuelta a la convivencia o pensar en otro espacio para la cabra.




