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Sociedad 8M | 8m | Javier Milei

"Que todos somos iguales ante la ley comprende reconocer la desigualdad estructural entre el hombre y la mujer"

La abogada Analía Aucía, integrante de la ONG Cladem, reflexionó con AIRE acerca de la actualidad del feminismo en Argentina y los desafíos de las mujeres durante el gobierno de Javier Milei.

“La humanidad está atravesada por desigualdades estructurales: entre varones y mujeres, y entre clases sociales. Que todos debamos responder ante la ley en pie de igualdad comprende reconocer todas las diferencias existentes entre los seres humanos”, explicó la abogada rosarina Analía Aucía, integrante del Comité de Latinoamérica y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer, en diálogo con AIRE, para reflexionar acerca de la lucha feminista en Argentina.

Los tiempos que corren parecen ser un desafío para el feminismo en Argentina, y surgen preguntas que pueden ser engañosas: ¿la lucha feminista está desgastada? ¿perdió prestigio? ¿es anacrónica? O si es ese el objetivo que buscan quienes hoy tienen nuestros destinos en sus manos: desgastar la lucha de las mujeres, desprestigiarla, negar las desigualdades que han existido siempre, al menos desde que la humanidad se organiza en sociedades. La pregunta que surge, entonces, es ¿por qué?.

El gobierno que preside Javier Milei ha hecho alusión públicamente y en varias oportunidades a la intención de eliminar la figura del agravante de femicidio, si bien es algo que no puede ser definido por el Poder Ejecutivo. Para justificar esta postura, argumentan que “todos somos iguales ante la ley”.

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Sin embargo, no se tiene en cuenta qué comprende la igualdad ante la ley: “Se dice que somos iguales ante la ley, porque es en el único lugar que podemos afirmar que somos iguales. Hay desigualdades estructurales en lo económico, en lo social y lo político… una desigualdad que está entroncada en la cultura”, explicó Aucía.

También existe una desigualdad estructural entre varones y mujeres, e intentar explicar el origen y los motivos de esta desigualdad histórica y estructural ha sido objeto de análisis de pensadores, científicos y filósofos durante varios siglos, muchos de ellos resumidos por la filósofa francesa Simone de Bouvier en su obra “El segundo sexo”, publicado en 1949.

Aucía sostuvo que las desigualdades por sexos están presentes en todas las sociedades precapitalistas: en las sociedades feudales, en las esclavistas, ya se registraba esta supremacía del varón por sobre la mujer: “Las normativas no tienen por sí mismas la capacidad de eliminar esas desigualdades estructurales… (para esto) hacen falta políticas sociales profundas, culturales, desde una perspectiva macro de la cultura que incluye lo social, lo económico, lo político… para remover esa desigualdad estructural hacen falta políticas profundas, sostenidas, en el ámbito de lo social, de lo político, de lo económico”, precisó.

“Que todos somos iguales ante la ley comprende reconocer la desigualdad estructural; tener el mismo trato ante la ley no significa desconocer esa desigualdad estructural, porque hay disposiciones legales que, reconociendo esa desigualdad estructural, plantean removerla en el plano legal, formal, jurídico, considerando determinadas medidas específicas para equilibrar esa desigualdad”, amplió Aucía.

En este sentido, la abogada advirtió que “diferencia de trato no es lo mismo que desigualdad ante la ley, diferencia de trato en virtud de que hay una desigualdad estructural para tratar de remover esas desigualdades estructurales a partir de la ley, no se vulnera el derecho a la igualdad ante la ley, lo que se trata es de reconocer en la ley, que esa igualdad, si se aplica a todos por igual, va a seguir reproduciendo la desigualdad y la injusticia porque no somos iguales en la vida concreta y material. La norma no puede tratar a todas las personas por igual porque hay que considerar esas desigualdades, porque no todas las personas somos iguales.

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Es decir que “tratar a todas las personas por igual, legalmente, como si realmente lo fuéramos, es ocultar esa desigualdad y reproducirla”, advirtió Aucía.

Las medidas que pueden disponer los gobiernos para erradicar esas diferencias estructurales, o al menos comenzar a acortarlas, pueden ser de acción positiva, como por ejemplo el cupo obligatorio de personas trans al empleo público, las listas de candidatos con paridad de género, “todo eso es lo que se conoce como medidas de acción positiva que se implementan para dar oportunidades a quienes culturalmente no las tienen”, explicó Aucía.

En cuanto al agravante de femicidio, vigente en nuestra legislación desde diciembre de 2012, la ley incorporó los agravantes a los crímenes perpetrados por odio religioso, de género, a la identidad sexual: “La figura de femicidio como tal no existe en el código penal, es un agravante como odio de género - esto es importante porque demuestra el odio que manifiesta el presidente sobre lo femenino”, advirtió Aucía.

“La propuesta del presidente es que se elimine todo lo que tiene que ver con la identidad de género y violencia porque somos todos iguales ante la ley. Vamos a seguir ese razonamiento -propuso Aucía-: si fuéramos todos iguales ante la ley entonces habría que eliminar el odio religioso, o racial, ¿por qué eliminamos solo el odio de género? Allí se ocultan las raíces de esta desigualdad por sexo y el desprecio que hay hacia lo femenino, desjerarquización en sus capacidades cognitivas, intelectuales, laborales.. No importa la clase social, las mujeres sufrimos discriminaciones en la universidad, en el Congreso, en una empresa. El desprecio al valor de la palabra es diferencial y desigual. Fijate todas las cosas que dice el presidente, si sería una mujer, no sería posible, ya estaría “ahorcada”, no sería posible que tengamos una mujer presidenta que haga y diga las cosas que hace y dice Milei, y que siga en ese lugar”.

“Qué pasa entonces con el agravante de matar a los miembros de las fuerzas de seguridad, si somos todos iguales ante la ley ¿por qué mi vida va a valer menos que la de un policía? ¿La vida del policía es más importante que la mía? si somos todos iguales ante la ley…”, se preguntó.

“El agravante de violencia de género no intenta evitar que haya más femicidios, no es preventivo, se aplica cuando el crimen ya fue perpetrado, es un efecto simbólico, es señalar lo grave que es matar a alguien por lo que es, como los crímenes por odio de raza o de religión”, concluyó.

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  • ¿Cómo ves la actualidad de la lucha feminista en el país?

Creo que está reconfigurada en función del contexto… Hace 10 años, meses antes del Ni Una Menos que fue en junio de 2015 era otro contexto, con muchos derechos por conquistar. El Ni Una Menos en aquel entonces, mostró una confluencia y efervescencia del despertar de mucha población juvenil, de la aparición de nuevas perspectivas en el campo de la sexualidad..

Hoy hay una juventud que nació con la conquista de derechos y la apertura de muchas cuestiones vinculadas a la sexualidad y de derechos que no se ponen en cuestión en sus ideales, en sus perspectivas, en sus cabezas… Sin embargo hay una fuerte presencia de sectores conservadores, de valores tradicionales, de una jerarquía entre los sexos y se escudan, porque no podrían afirmar válidamente que quieren mantener esa jerarquía entonces se esconden bajo el slogan de ya somos iguales por el slogan de igualdad ante la ley. así quieren hacer desaparecer políticas públicas y normas legislativas que se han conquistado para desarmar las desigualdades … el conservadurismo, que pretende restaurar esos privilegios respecto de los valores y de como entender la sexualidad hegemónica, heterosexual, pretende borrar las luchas, las conquistas formales y neutralizar las luchas feministas. en este momento una buena parte de la lucha feminista pasa por resistir a los avances para destruir lo conquistado. Es bastante difícil pensar cómo lograr políticas públicas hoy, porque la política del gobierno es reducir las políticas sociales para agrandarlo en relación con los beneficios del capital privado. entonces hoy la lucha feminista se centra en resistir los derechos y las políticas… tratar de que no se deroguen normativas

  • ¿Sentís que el gobierno intenta llevar adelante una especie de campaña de desprestigio? ¿de dar por saturada la discusión o la cuestión de género?

Desde mi punto de vista el gobierno tiene dos frentes de acción respecto a las cuestiones de género: por un lado, de desprestigio, haciendo aparecer la lucha feminista como ya innecesaria porque hemos logrado una igualdad, la igualdad formal solamente, que tampoco es así plenamente porque hay vestigios en la normativa porque siguen contemplando desigualdad de trato, pero vamos a suponer que la igualdad formal está lograda de manera completa; entonces intenta desprestigiar la lucha feminista como que ya es una exageración, que no se sabe qué mas queremos, entonces lo que queremos es ser más que los varones… esa es una línea para desprestigiar…

Y por otro lado coincido con eso de que como ya “hemos logrado la igualdad” está saturada la discusión sobre cuestiones de desigualdades desde la perspectiva de género, como que no hay nada más por qué luchar y se mata a una mujer por ser mujer de la misma manera que se puede matar a un hombre por ser hombre, desde la perspectiva del gobierno. Hablar de normas que atiendan a la condición social de ser mujer y a las desventajas estructurales, al detrimento en términos de derecho que trae la condición social de mujer, se ha visto plasmada en términos de goce de derechos. el gobierno entiende que esto es una lucha saldada: podemos votar, trabajar, por lo tanto todo lo que tenga que ver con pensar en términos de desigualdad en el acceso tendrá como fundamento la capacidad, que queda reducida a un plano individual, perspectiva individualista que está en consonancia con la perspectiva neoliberal: de ver al individuo aislado, que sus logros son individuales y que si le va mal o no alcanza los resultados es porque eligió mal el camino, o los métodos, o porque no puso el esfuerzo suficiente. en este caso, si las mujeres no cobran lo mismo por igual trabajo, o puestos de poder relevante es porque no haremos el esfuerzo suficiente, o no tenemos las capacidades suficientes para eso, entonces se desconoce, por ideología o por conveniencia, las redes de poder, las estructuras de poder enquistadas en la cultura. entonces si hay una idea de saturación del tema, pero no por creencia, sino por conveniencia, por odio, por rechazo y por considerar que hay un deseo y un interés de conservar los privilegios que tienen los varones.

Analía Elisabet Aucía es abogada. Máster en género. Profesora Titular en diversas carreras de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Investigadora de la UNR. Directora del Centro de Estudios Feministas Jurídicos y Sociales (CEFEJUS) de la Facultad de Derecho, UNR. Integrante del Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre las Mujeres (CEIM), Facultad de Humanidades y Artes. Integrante del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer, (CLADEM), enlace Argentina.