La provincia de Santa Fe ha dado de qué hablar estos últimos dos años. Desde la aprobación del Cupo Laboral Trans hasta la reparación histórica de mujeres perseguidas en la última dictadura debido a su identidad de género, pasando por la la primera Encuesta de Vulnerabilidad de la Población Trans. Los logros no son casualidad: son fruto de la lucha del colectivo LGBTIQ+.
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Este miércoles 4 de diciembre se materializa un nuevo sueño para la comunidad. El Gobierno de la Provincia presentará la “Guía sobre infancias y adolescencias trans y de género variable”. No solo es la primera en el país en su tipo sino en el territorio latinoamericano, lo cual sienta un precedente más que importante para el desarrollo de políticas públicas en tiempos neoliberales.
El documento fue editado con el apoyo de Unicef Argentina, Onusida y la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT). Allí se reúne la experiencia de un servicio inédito en América Latina: el ofrecido desde 2017 por el Gobierno de Santa Fe acompañando a más de 140 niños, niñas y sus familias.
La publicación de la Subsecretaría de Políticas de Diversidad Sexual brinda herramientas para que los equipos educativos, de salud y protección social "puedan garantizar la plena vigencia del derecho a la identidad de género del todas las infancias y adolescencias gozan en el marco de la Convención de los Derechos del niño", según informó el organismo en un comunicado.
El modelo Jean Malpas: de Nueva York a Santa Fe, sin escala
¿De dónde surge todo este proyecto? Sus raíces se remontan a 2005, cuando el psicoterapeuta Jean Malpas del Instituto Ackerman para las Familias en Nueva York inició un espacio de trabajo para brindar acompañamiento a las personas que en la infancia no se encuentran en comodidad con su género asignado al nacer.
Así fue como en 2016 el modelo aterrizó en la provincia de Santa Fe, gracias al apoyo de la Fundación Aigle. “Lo que Jean Malpas plantea y retomamos acá es que para acompañar a las infancias trans, no binarias o de género fluído o variable no existe un recetario con los pasos a seguir. Por eso el documento que presentamos no es un protocolo sino la sistematización de un conjunto de buenas prácticas”, explicó a Aire Digital Andy Panziera -coordinador del Proyecto “Género y Familia” en Santa Fe.
La experiencia santafesina es el primer capítulo del Proyecto Género y Familia (PGF) fuera de los Estados Unidos y la primera experiencia de implementar el mismo como una política pública -dentro del Ministerio de Desarrollo Social.
A tres años de su implementación, ya asistieron a más de 120 grupos familiares a lo largo de la provincia de Santa Fe, recibieron en espacios de consultoría de salud sexual a más de 180 niñas/os, jóvenes y adolescentes y capacitado a 4000 profesionales.
El foco de acompañamiento a las infancias trans está puesto tanto en las escuelas como en las instituciones deportivas y recreativas, así también como los espacios de escucha y la asistencia médica (derechos sexuales y reproductivos, asistencia en servicios de terapia hormonal y, en caso de la población joven, cirugías de afirmación de género).
De lo micro a lo macro
Andy Panziera propone pensar el proyecto como la lupa de un telescopio.“Es ir de lo más chiquito a lo más amplio, partiendo de la idea de multidimensionalidad. Lo más chico acá es centrarnos en las personas, en concordancia con la Convención sobre los Derechos del Niño. Saliendo de la lupa nos encontramos con la dimensión familiar y cómo acompañamos a ese entorno afectivo en el que muchas veces aprendieron por su medio cultural actitudes de rechazo hacia la diversidad sexual. En Rosario ya tuvimos cinco encuentros con los grupos de familias, donde comparten en primera persona lo que están vivenciando y por qué no los triunfos también”, relató Panziera.
“En un nivel más general todavía nos encontramos con el trabajo comunitario. Nos encontramos con que hay familias que logran avanzar un montón pero luego se encuentran con una sociedad que las vulneran", agregó.
“El proyecto Género y Familia tiene como objetivo macro promover la inclusión de la variabilidad de género en las sociedades. Entendemos este proceso como una forma de Justicia Social y nuestra labor como un acto de restitución de derechos”, explicó a Aire Digital.
Para ello es vital la Ley Provincial N° 12967 de Promoción y Protección Integral de las Infancias, que en su artículo 8 establece -como obligación del Estado- intervenir frente a situaciones de discriminación focalizadas en torno a la orientación sexual o identidad de género. Para visibilizar todo esto entrecruzaron distintas normativas como la Ley Nacional de Salud Mental N° 26657, de Identidad de Género N° 26743, Penalización de Actos discriminatorios N° 23592, Educación Sexual Integral N° 26150, Salud Sexual y Reproductiva N° 25673 y Ley Provincial de Violencia Familiar N° 11529.
Naciones Unidas y Santa Fe, codo a codo
“Muchas veces algunos sectores que están en contra de los derechos señalan que no hay investigaciones. Y las guías vienen a desafiar eso, ya que está enriquecida por las investigaciones de la WPATH (Asociación Internacional de Profesionales de la Salud Transgénero) líderes en esta línea. Además, que un organismo de Naciones Unidas como lo es Unicef nos acompañe es un sello de calidad para marcar un piso: desde acá es donde empezamos a hablar y construir. Y nada de esto hubiera sido posible estos cuatros años sin el apoyo de la Subsecretaría de Políticas de la Diversidad Sexual y su secretario Esteban Paulón”, argumentó Panziera.
Lo que falta para tener infancias libres
Con unas 400 entrevistas realizadas en cinco regiones de la provincia, dieron a conocer hace una semana algunos de los resultados de la primera Encuesta de Vulnerabilidad de la Población Trans en Santa Fe.
De acuerdo a los datos arrojados, el 70 por ciento de las personas encuestadas recordó haber percibido su identidad de género trans antes de los 12 años. El 39,2 por ciento comprendió el proceso que estaba transitando, pero sólo el 12,3 por ciento logró expresarlo abiertamente. ¿Por qué? Por un continuum de violencias que empiezan desde la expulsión del hogar, del sistema educativo y sanitario, del mercado laboral, de la falta de información sobre salud integral, la patologización, estigmatización y persecución policial.
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