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Ni Una Menos, diez años después: más visibles, menos protegidas

A una década del surgimiento de Ni Una Menos, el movimiento feminista marcó un cambio irreversible en la percepción social de la violencia de género.

El martes 3 de junio se cumplen 10 años del Ni Una Menos, una consigna que la sociedad adoptó de forma capilar y que se convirtió en mucho más: una contraseña entre pares, un aleph que condensa una historia de violencias machistas que se hicieron visibles.

Diez años después, el gobierno nacional subejecuta y elimina programas que llevaron años de lucha del movimiento transfeminista, niega la violencia machista como producto de una estructura social de poder y, con eso, intenta arrojar a las víctimas al aislamiento. Pero algo cambió profundamente en la percepción social.

No fue instantáneo: hubo una historia que cimentó esas movilizaciones populares que conmovieron las plazas de todo el país hace una década. Y si bien los cambios llevan tiempo, hay cosas que no tienen vuelta atrás.

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“Sí cambió la percepción colectiva, popular y pública acerca de las violencias hacia las mujeres”, dice Marcela Ojeda, la periodista que el 11 de mayo de 2015 escribió el tuit que pasó a la historia: “Actrices, políticas, artistas, empresarias, referentes sociales... mujeres, todas, bah, ¿no vamos a levantar la voz? NOS ESTÁN MATANDO”.

Ni Una Menos: una historia colectiva

Fue la ola que levantó el tsunami. Ella, hoy como siempre, apunta a la construcción colectiva: “No creo en las individualidades. Todas fuimos parte. Y cuando digo todas, incluyo a la primera persona que vive en la provincia más al norte hasta el último habitante de nuestro país en el sur. Me parece que todas fuimos parte; todos estuvimos en una plaza o en un parque siendo parte de esa tarde, que fue histórica”, le dice a AIRE.

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Una consigna que se convirtió en bandera y contraseña.

Una consigna que se convirtió en bandera y contraseña.

“Sí es cierto que me tocó escribir ese tuit desde la bronca, desde el enojo, desde la impotencia. La misma que siento hoy, por supuesto, ante una noticia o las historias de violencias hacia nuestras pibas, hacia las mujeres, hacia las mujeres adultas”, reconoce.

También recuerda la reacción que provocó su tuit en aquel momento, “en esa red social que, diez años después, se ha transformado también en una usina de bosta, de operaciones, de troleo, de violencia, de agite a violencias contra periodistas, feministas, opositores, artistas”. Esa violencia simbólica tiene, siempre, un correlato en los cuerpos.

La consigna Ni Una Menos fue acuñada por Susana Chávez Castillo, poeta mexicana, en Ciudad Juárez, en respuesta a los crímenes contra mujeres en la región. Chávez fue asesinada en 2011.

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Romina Marucco, militante histórica de H.I.J.O.S. Rosario, educadora social y activista feminista, lleva años trabajando contra las violencias machistas. Ella pondera la acción de las periodistas como motor del Ni Una Menos.

“Para mí fue clave, como ya estábamos comprendidas en la era de la información, que lo tomaran las periodistas, que eso permitiera discutir en los medios de comunicación y, sobre todo, en lo cotidiano”, analiza.

“Muchos de los femicidios aparecían —o se decía por las radios— que eran crímenes pasionales. Y ahí tiene un papel la construcción de sentido que hicieron las compañeras periodistas en los medios masivos de comunicación, para poder construir la noticia desde otro paradigma”, continúa Marucco.

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Ojeda también cree que el gran logro de Ni Una Menos fue transformar la conversación social: “El gran cambio fue dar vuelta el debate social, que las violencias y hablarlo en profundidad fueran el eje. Más allá de las intentonas y los avances que está haciendo este gobierno para instalar mediáticamente otra cosa —como dar de baja más de diez programas vinculados a la asistencia y acompañamiento a víctimas de violencia, el desfinanciamiento y el cierre de espacios”, analiza Ojeda.

Violencia machista: un gobierno que la niega

El gobierno nacional niega la violencia machista, también, para aislar a cada mujer en su casa y en su sufrimiento. Si es un fenómeno social, quien la sufre deja de sentirse culpable, deja de estar aislada. Eso cambió en la Argentina, que no erradicó la violencia machista, pero sí avanzó en su visibilización y —aunque haya sido insuficiente— en la prevención.

Por eso, para el gobierno de Javier Milei, con el ministro de Justicia Mariano Cúneo Libarona como vocero privilegiado, los feminismos son el enemigo declarado. Porque rompieron el aislamiento para generar una comprensión social de las estructuras que sostienen las violencias.

Y aunque el ataque sea muy fuerte, las redes solidarias de los transfeminismos insisten.

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“La resistencia está, el acompañamiento de los movimientos de mujeres y los feminismos hacia las víctimas, hacia los sobrevivientes, está en cada barriada, en cada provincia, en cada lugar”, plantea Ojeda.

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Marcela Ojeda, la periodista que escribió el tuit convocando a movilizarse en 2015.

Marcela Ojeda, la periodista que escribió el tuit convocando a movilizarse en 2015.

Una de las primeras medidas del presidente Javier Milei fue eliminar el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad. Y su ataque a los feminismos fue permanente, desde antes de asumir. El 16 de mayo pasado, Cúneo Libarona anunció la eliminación de 13 programas creados para asistir y acompañar a víctimas de violencia machista. La mayoría ya no se ejecutaban debido a los recortes presupuestarios.

La Casa del Encuentro es una organización histórica. Su Observatorio de Femicidios Adriana Marisel Zambrano estableció la primera estadística —no oficial— de las muertes de mujeres y disidencias sexuales por motivos de violencia de género. En 2024, contabilizó una víctima cada 27 horas: 318 en total.

En un newsletter publicado recientemente, La Casa del Encuentro denuncia “un debilitamiento sostenido de las políticas públicas fundamentales para acompañar y reparar a mujeres y personas LGTBI+ víctimas de violencia de género, tanto por la falta de ejecución del presupuesto asignado como por la drástica reducción del personal afectado a la implementación de dichas políticas, claves para garantizar una vida libre de violencias”.

El retiro del Estado Nacional

Desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), elaboraron un documento para el 3 de junio.

Aclaran que los femicidios no son todos los asesinatos de mujeres: “La Justicia registra una causa como femicidio si hay indicios de violencia de género, como antecedentes de abuso o dominación, agresiones previas, ensañamiento o violencia sexual”, señala ELA. Y consigna: “Esos datos no los informa el Ministerio de Seguridad sino la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia. Sus informes muestran que los femicidios se mantienen estables desde 2014”.

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La cantidad de mujeres asistidas cayó un 98,72%, según datos actualizados al primer semestre de 2024.

La cantidad de mujeres asistidas cayó un 98,72%, según datos actualizados al primer semestre de 2024.

Otro dato que establece ELA es que el 50% de las mujeres argentinas sufrió violencia alguna vez en su vida por parte de su pareja actual o ex, según la Encuesta de Prevalencia realizada en 2023 en Argentina por el programa Spotlight, una alianza global entre la Unión Europea y las Naciones Unidas para eliminar todas las formas de violencia contra mujeres y niñas.

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ELA también señala que la Línea 144 perdió el 45% de su personal y el presupuesto del Programa Acompañar se redujo un 82%. La cantidad de mujeres asistidas cayó un 98,72%, según datos actualizados al primer semestre de 2024.

“Además del costo irreparable en vidas, abandonar la prevención y asistencia también tiene un altísimo costo para el propio Estado: es 22 veces más caro no intervenir a tiempo que invertir en políticas integrales”, detalla ELA.

Su conclusión es clara: “Cuando el Estado se corre, las mujeres quedan solas. La violencia no desaparece: se profundiza en silencio, sin atención, sin refugios, sin acompañamiento. La respuesta no puede ser solo castigo para el agresor. Tiene que ser prevención, asistencia, acceso a justicia y reparación”.

Nunca más va a dar lo mismo

Marcela Ojeda considera: “Nos quieren volver a meter, de alguna manera, puertas adentro de la casa. No hablar, no contar, no expresarnos, no decir lo que nos pasa, lo que nos pasó, de lo que son víctimas las mujeres en el día a día”.

La periodista sostiene que “es un momento de crueldad absoluta, desde el propio Estado, desde el negacionismo de las violencias, de no asistir, no acompañar, que no interese y que no importe. Es preocupante, es triste, pero también me parece que la respuesta va a estar desde las calles, como siempre, y desde los espacios de militancia y de activismo: desde los barrios, la facultad, los centros de estudiantes, los sindicatos, el lugar de trabajo. Hay que seguirla, sin duda alguna, porque entendemos que esto es un cambio que ha de ser estructural y que no va a ser de un momento para el otro”.

Porque el 3J, o Ni Una Menos, dejó una marca indeleble: “Hay transformaciones que hay que sostener, y que hay que abrazarlas. Nunca más va a dar lo mismo”.