Los ingresos no alcanzan: cómo administran la precariedad las mujeres
Cuando los ingresos se terminan, muchas suman trabajo, dejan de lado compras esenciales y saltean comidas. El impacto de la crisis económica en lo cotidiano.
Cómo impact la crisis económica en lo cotidiano.
"Yo me las arreglo. Limpio la casa del dueño del lugar donde trabajo, hago budines, voy a la feria", así cuenta Mariana cómo suma ingresos los últimos días del mes, cuando se le terminan los 800 mil pesos de su salario en un trabajo vinculado con medios de comunicación.
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“Sobrevivimos porque no hay persona en este país que tenga un solo trabajo, o una sola changa, eso la verdad que no existe”, suma Alejandra Amarillo.
Las reiteradas expresiones del presidente Javier Milei, quien negó que la gente llegue al 20 del mes con sus ingresos, generaron las más variadas respuestas. ¿Qué pasa con las mujeres que administran la precariedad?
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“Las familias también se endeudan muchísimo, por supuesto, creció la desocupación, entonces imaginate que la feria creció muchísimo, las changas”, cuenta Alejandra, que vive en un barrio popular, donde el impacto de la crisis es mucho mayor.
Es integrante de Mujeres de la Matria Latinoamericana (Mumalá), organización que realizó en agosto una investigación llamada Futuro en pausa, sobre el impacto de la situación económica en mujeres y personas LGBTTINB+ (lesbianas, gays, bisexuales, travestis, trans, intersex y no binarias).
El relevamiento se realizó mediante entrevistas presenciales a 1.538 personas de todo el país. Para seleccionar la muestra, Mumalá aprovechó su presencia territorial en distintas localidades y provincias, y garantizó una distribución regional de las entrevistas proporcional a la población.
Lo primero que salta es que el 98% de las mujeres despliega distintas estrategias, no una sola, para llegar a fin de mes. Una multiplicación de esfuerzos que convive con el agotamiento y la angustia.
Achicar gastos para llegar a fin de mes
“Preguntamos por un lado cuáles fueron las consecuencias en la cotidianidad de este ajuste económico y el 90% recortó compras del hogar”, señala Sofía Botto, referente de Mumalá.
Al mismo tiempo, querían saber “cómo se hacía para sobrevivir en un mes en este contexto en tenés que recortar compras, donde hay cosas que tienen precios exorbitantes y que justamente son de consumo necesario, cotidiano y de supervivencia, como los alimentos, el alquiler, los medicamentos”, sostuvo Botto.
El rubro vestimenta e indumentaria fue el más mencionado entre los recortes, aunque más de la mitad ajustó la compra de alimentos; casi la tercera parte de las encuestadas redujo la compra de medicamentos y el 19%, el pago de servicios básicos como luz, agua y gas.
En tanto, los rubros que se perciben con precios excesivos en relación con los ingresos son, justamente, aquellos vinculados a necesidades básicas e irremplazables, como los alimentos y los medicamentos.
Cuando se trata de evitar otros gastos, más allá de los imprescindibles, las personas encuestadas dejaron de gastar en estética, perfumería, recreación, viajes, vacaciones, gaseosas y delivery. También interrumpieron la terapia psicológica.
Este es un punto álgido, porque la falta de ingresos suficientes afecta la salud mental. “Preocupada” fue el sentimiento expresado con mayor frecuencia (61%) por las entrevistadas, que podían elegir más de uno. “Angustiada” reunió el 45% de las respuestas y luego siguen, en la lista de emociones recabadas por las encuestadoras, ansiosa, intranquila, enojada, desilusionada y triste.
El 83% de las encuestadas afirma que las preocupaciones económicas afectaron su descanso o sueño.
Cuando la comida también se recorta
“También hay que dejar de comprar insumos, alimentos. De la canasta básica es muy poco lo que uno puede comprar. Y sí, muchas familias se saltean comidas. Lo vivo con la situación de las personas del barrio, donde uno milita y está con el vecino, con los compañeros y dialoga. Hacen una sola comida, los niños no saben lo que es merendar como se debe”, relata Alejandra.
Las cuatro comidas, para muchas familias —y no solo de los barrios populares—, pasaron a ser una quimera: un mate cocido con pan a la noche, la escasez de carne, frutas y verduras son parte de la vida cotidiana.
En el informe Futuro en pausa señalan que “el 42 % de las personas consultadas refieren que en su hogar algún miembro de la familia debió suprimir una comida por falta de recursos”.
Saltearse comidas por falta de recursos es un indicador de inseguridad alimentaria, de acuerdo con la escala utilizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
“Esas privaciones en encuestas anteriores se veían más en los sectores populares, como saltearse una comida, pero hoy tenés literalmente familias de trabajadores que quizás tienen algún ingreso fijo pero con la pérdida de poder adquisitivo y los precios excesivos de alimentos, también están pasando por estas situaciones”, señala Botto.
Alejandra lo vive a diario en su barrio. “Las familias dejan de comprar muchísimas cosas, porque la realidad es que lo que ganan en una feria o haciendo más changas, además de ser una forma mal de vivir, por el esfuerzo extra, tampoco alcanza para mucho”.
Muchas veces, sus vecinas hacen panificación para llevar a la feria y no venden lo suficiente para recuperar el costo.
Esto se ve nítidamente en la encuesta, ya que “por falta de recursos económicos, el 65 % de las personas encuestadas dejó de comprar carne; el 35 %, lácteos, y el 29 %, frutas y verduras”.
Más trabajos, menos descanso y deudas para sobrevivir
Entre las encuestadas, el 71% tiene un solo trabajo remunerado, al que hay que sumar el peso diario de los trabajos de cuidado, que demandan un promedio de seis horas diarias. De modo que cualquier suma de tareas para generar ingresos significa restarle tiempo al ocio, si es que lo tienen, o al mero descanso.
“El 29% declara tener más de un trabajo pago”, lo que implica pluriempleo.
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Y, aun así, entre las personas encuestadas, en el 20% de los casos los ingresos “nunca” cubren los gastos básicos, mientras que en otro 49% los cubren “a veces”.
“Hay un porcentaje alto que incorporó actividades para sumar ingresos porque no alcanzan ni siquiera si tienen uno o dos trabajos, sino que además buscan otro tipo de ingresos para la supervivencia, con algún emprendimiento, por ejemplo, de venta de comida o cosméticos, ir a ferias, negocios, pero también la venta de electrodomésticos, e incluso se van desprendiendo de efectos personales para tener algún ingreso”, suma Botto.
Y ahí vuelve el gran tema de las familias argentinas: el 63% de las encuestadas manifestó estar endeudada con una o más fuentes.
Además de las deudas con tarjetas de crédito y billeteras virtuales, la falta de pago de servicios públicos e impuestos y los compromisos con familiares, hay quienes deben el alquiler.
En la opción “Otras deudas”, “se mencionaron los préstamos de amigos, el fiado en negocios de cercanía, los compromisos con profesionales (como psicólogos o abogados)”, entre otros.
Nadie puede dejar de comer o beber los últimos diez días del mes, eso es verdad. También es cierto que muchas personas en la Argentina dejan de hacer alguna comida, mientras buscan una forma de sumar dinero para lo básico, eso que necesitan sí o sí para mantener la vida biológica. Y eso no es vivir, es sobrevivir.







