Infancias en riesgo: cómo detectar el maltrato infantil y por qué escuchar es urgente

Una especialista en infancia analiza el testimonio de Valentín Yankelevich y explica cómo reconocer señales de maltrato infantil y por qué es urgente escuchar.

Tras el testimonio de Valentín Yankelevich, una especialista en infancia explica en AIRE cómo reconocer señales de maltrato infantil y por qué es urgente escuchar.

Tras el testimonio de Valentín Yankelevich, una especialista en infancia explica en AIRE cómo reconocer señales de maltrato infantil y por qué es urgente escuchar.

El testimonio de Valentín Yankelevich sobre el maltrato infantil de su padre, dos años después de perder a su mamá, generó conmoción nacional. El joven pidió: “Escuchen a los chicos”. Y abrió una compuerta sobre uno de los grandes sectores silenciados. ¿Cuándo y cómo se los escucha? ¿Cómo advertir que una niña o un niño sufre violencia?

“Este caso es una oportunidad porque se ha hecho público y porque tiene las coordenadas de lo que pasa en muchos casos en relación al tiempo que a veces los chicos tienen que esperar y padecer para ser escuchados”, considera Ana Bloj, doctora en Psicología y psicoanalista especializada en infancia.

Valentín se refiere a su abuelo Gustavo como quien “lo rescató” y le salvó la vida.

Valentín Yankelevich contó su experiencia de maltrato infantil.

Valentín Yankelevich contó su experiencia de maltrato infantil.

“En este caso hay un abuelo que pudo responder y que pudo escuchar. Aunque haya pasado un tiempo, este chico hoy puede hablar y puede contar una historia”, destaca Bloj, y eso tiene que ver con el presente del joven. “Es un caso que pudo ser resuelto y este chico pudo armarse una vida, un hacer que tiene que ver con lo que desea, porque alguien pudo escucharlo no solo en relación al abuso, sino sus deseos”, describe.

Entonces, “hay más de un ingrediente favorable para lo que es el acompañamiento de un niño o de una niña”.

Cuando la familia no puede proteger

La intervención del Estado, según la ley de protección integral a las infancias vigente, comienza con un equipo interdisciplinario que define si existe alguien en la familia ampliada que pueda hacerse cargo.

Pero no siempre es posible “tener otro miembro de la familia que se haga realmente cargo porque, bueno, se trata muchas veces no de una persona fragilizada en su subjetividad, sino que muchas veces se trata de familias fragilizadas y ahí no hay quién pueda acompañar dentro de la familia”.

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Y si sufrir maltratos en la infancia siempre es una marca de por vida, no siempre hay condiciones para salir de la situación. “Las situaciones pueden ser de lo más diversas, tanto en lo que hace a la salud mental de un grupo familiar como a las posibilidades económicas, que muchas veces pueden acompañar de mejor modo en algunas oportunidades”.

La situación socioeconómica no siempre es una garantía para los niños. A veces, es una traba para que la situación se pueda resolver. “A veces también el dinero da cuenta de un gran poder de ese abusador o de esa persona maltratadora y es aún más difícil preservar a un niño de esa persona”, sostiene Bloj, algo que se verifica en los Tribunales.

Un adulto que escuche puede salvar a una pesona en la infancia.

Un adulto que escuche puede salvar a una pesona en la infancia.

Para volver al testimonio que permitió hablar nuevamente del maltrato a las infancias, el propio Valentín contó que sus abuelos paternos justificaron al maltratador.

Si no hay una tía, un abuelo, que puedan hacerse cargo, están dadas las condiciones para una medida excepcional, lo que implica separar a la niña o al niño de su centro de vida. Esa medida la toma la Subsecretaría de Niñez de la provincia, después de la intervención del equipo municipal.

Cuando no existe un abuelo que escucha y sabe —o puede averiguar rápidamente— cómo actuar de inmediato, como Gustavo Yankelevich, aparece la cuestión de los tiempos, que son urgentes, porque hay un niño que sufre maltratos.

“No todos, una vez que denuncian, encuentran un lugar y se dan los tiempos para poder salir”, puntualiza Bloj.

La importancia de alguien que escuche

Agresores que desmienten a las infancias, operadores judiciales que prefieren mirar para otro lado, profesionales que agitan el fantasma de las falsas denuncias. Que las madres implantan recuerdos inexistentes, que esa niña o ese niño no sabe lo que dice. Todas estas ideas atentan contra la posibilidad de escuchar a niñas, niños y adolescentes.

“Las situaciones son variables y complejas, pero lo más importante es que siempre haya lo que Fernando Ulloa llamaba un tercero de apelación”, afirma la especialista.

¿Qué quiere decir? “Que haya una persona capaz de escuchar. Él lo refería a la relación entre una víctima y un victimario en relación a la dictadura y a la tortura, pero es totalmente trasladable a estas figuras maltratadoras de niños”, actualiza Bloj.

El derecho a ser oídos está presente en la Convención sobre los Derechos del Niño. Imagen ilustrativa.

El derecho a ser oídos está presente en la Convención sobre los Derechos del Niño. Imagen ilustrativa.

El maltrato a una persona en formación, vulnerable, es tortura. “Muchos chicos y chicas tienen un grado de vulnerabilidad tal que les es muy difícil encontrar un referente adulto confiable para contar lo que están padeciendo, sin correr el riesgo de que se duplique la apuesta del adulto y haya aún más vejación o mucho más maltrato”, explica Bloj.

Ahí se destaca la importancia que tienen las personas que transitan por las instituciones a las que esas niñas y niños concurren.

Y ahí vuelve a aparecer el rol de la Educación Sexual Integral, no solo en relación con los abusos sexuales, sino también por la enseñanza —desde el nivel inicial— del derecho al propio cuerpo. “Nadie puede hacerte algo que te haga sentir incómoda” incluye, por supuesto, los golpes y también el maltrato psicológico, tan grave como el físico.

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“Los chicos y chicas tienen derecho a ser escuchados, en el sentido de la puesta en juego de la atención del adulto para indagar y acompañar ese proceso, porque para que un chico o una chica diga esto, haya o no un maltrato en la figura de ese padre o de esa madre o de ese pariente, hay algo de lo que habla que pone en juego un conflicto”, sostiene Bloj.

Y el derecho a ser oídos está presente en la Convención sobre los Derechos del Niño, que tiene jerarquía constitucional en la Argentina, así como en leyes nacionales y provinciales.

“La cuestión es poder escucharlos no solo en el sentido de escuchar de modo literal lo que dicen, sino que es una escucha que acompañe ese discurso, que puede ser una madeja que se tiene que ir desenredando para ver qué es lo que realmente está pasando”, afirma la psicoanalista especializada en infancias.

Los tiempos de la Justicia y los tiempos de la infancia

Si bien el recorte viralizado se concentra en el maltrato, durante la nota completa con Tatiana Schapiro, Valentín contó también el derrotero judicial que vivió a lo largo de tres años. Y eso que tenía un abuelo en condiciones afectivas y económicas de alojarlo.

“Desde la familia y a veces desde los mismos juzgados hay todo un protocolo, todo un tiempo, una burocratización de las prácticas y a veces, también, la falta de lugares donde estos chicos pueden ser protegidos y cuidados”, sostiene Bloj.

Es decir, las instituciones muchas veces no son las adecuadas y las medidas excepcionales se extienden. El Código Civil y Comercial establece un plazo máximo de 180 días para intentar revertir las causas que motivaron la separación de una niña o un niño de su familia.

Si eso no ocurre, el organismo administrativo debe dictaminar sobre su situación de adoptabilidad y comunicarlo a la Justicia. La declaración corresponde a un juez de Familia, pero los procedimientos pueden prolongarse mucho más allá de los plazos legales.

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Para Bloj, hay un factor que siempre se debe tener en cuenta, que es el tiempo. “Cuando este tipo de escuchas o de planteos judiciales se burocratizan, el tiempo que pasa va en desmedro de la posibilidad de expresión de ese niño en relación a lo acontecido o a lo vivido”.

La doctora en Psicología puntualiza que “según las edades también hay lo que se llama el sepultamiento de la memoria, del recuerdo. Si es un niño menor de cinco años que quiere denunciar, eso después se va sepultando”.

El tiempo es un factor fundamental “desde el punto de vista judicial y desde el punto de vista psicológico”.

Los otros lenguajes de las infancias

Esa escucha no es literal. “Hay un trabajo muy artesanal que hacer para escuchar a un niño. No es solamente escuchar de modo literal lo que dice”.

Y escuchar, muchas veces, va más allá. “Hay que observar si hace síntomas y a veces escuchar es justamente prestar atención a aquellos lenguajes que son más propios de lo infantil, que son el jugar y el dibujar, que son los recursos más propios del niño para hablar”.

La psicóloga confirma que “muchas cuestiones conflictivas como los maltratos, como los abusos, se suelen evidenciar o suelen circular por estos otros medios de expresión, que son los propios de ese niño o esa niña, aunque no lo diga”.

¿Qué signos puede observar cualquier persona adulta sobre el sufrimiento de un niño?

“Si uno se detiene a mirar, en general hay ciertas inhibiciones. Puede haber chicos muy retraídos, que hablen muy poco”. Como contó Valentín, su hermano mayor, Franco Yan, se retrajo.

“En general los chicos hacen algún síntoma, pueden ser síntomas orgánicos, hiperactividades, porque no pueden hablar y entonces hablan a través de sus actos o de sus dolencias”, sigue describiendo la psicóloga.

La clave, para ella, es la mirada. “Detenernos a ver realmente la mirada de un niño o una niña muchas veces logra esa conexión que nos permite descubrir si hay algo más que está pasando allí”, sostiene.

Si bien la posición social de Valentín Yankelevich puede ser —no siempre— una ventaja, para Bloj es importante que “esta persona que habla no habla solo por su propia recuperación, por su propio intento de reparación en relación a lo vivido, sino que también me parece que lo hace por una inquietud genuina en relación a otros niños y niñas, o por lo menos así lo anuncia”.

La mediatización, en este caso, sirvió “para poner a hablar, para que los adultos estemos más atentos a lo que los chicos puedan estar diciéndonos y que podamos creer en esa palabra”.

No quiere decir que siempre sea literal, pero “si un chico llega a decir algo de esto, es porque algo está pasando y algo está padeciendo”.

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