Ingresos que no alcanzan y riqueza concentrada: las claves de la desigualdad en Argentina
Un estudio reveló que dos de cada tres argentinos se quedan sin plata antes de fin de mes y el 1% concentra el 26% de la riqueza. Una economista explicó cómo se relacionan estos fenómenos.
Un estudio reveló que dos de cada tres argentinos se quedan sin plata antes de fin de mes y que el 1% de la población concentra el 26% de la riqueza.
Los ingresos que no alcanzan para llegar a fin de mes y la concentración de la riqueza en los sectores más altos reflejan dos dimensiones de la desigualdad en Argentina. Según los datos difundidos a partir del World Inequality Report 2026 y CELAG, dos de cada tres argentinos se quedan sin dinero antes de terminar el mes, mientras que el 1% de la población concentra el 26% de la riqueza.
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En diálogo con Santa Siesta, por AIRE, la licenciada en Economía María Eva Bellini analizó estos indicadores y los vinculó con el deterioro de los ingresos laborales, el aumento de los gastos cotidianos y la pérdida de capacidad económica de la clase media. Según explicó, el problema no se limita a cuánto dinero perciben los hogares, sino también a cuánto pueden cubrir con esos ingresos y cómo se distribuyen los recursos en la economía.
Ingresos que no alcanzan: el salario pierde capacidad para cubrir los gastos básicos
Bellini señaló que distintos indicadores oficiales y relevamientos privados muestran dificultades para recomponer los ingresos desde hace al menos tres años. En ese contexto, tener un empleo ya no garantiza contar con los recursos necesarios para sostener los gastos cotidianos, incluso entre quienes tienen más de una ocupación.
"Hoy, quien tiene un trabajo para toda la vida, con buenos ingresos y demás, es un afortunado", planteó la economista, al describir las transformaciones del mercado laboral. También señaló que muchas personas con empleo formal necesitan sumar otras fuentes de ingresos para llegar a fin de mes.
La especialista puso el foco en el peso de los alimentos y los servicios, dos gastos que los hogares no pueden eliminar de su presupuesto. Aunque es posible reemplazar unos productos por otros para reducir costos, hay consumos indispensables que deben sostenerse todos los meses.
En ese sentido, mencionó que la canasta alimentaria acumuló un aumento del 25,3% durante los primeros nueve meses del año, hasta septiembre, según los datos que citó en la entrevista. De acuerdo con su análisis, esa evolución refleja una presión adicional sobre los ingresos, especialmente cuando los salarios no avanzan al mismo ritmo.
La dificultad para cubrir esos gastos también modifica el uso del crédito. Bellini advirtió que cada vez más personas recurren al endeudamiento para comprar alimentos o pagar obligaciones corrientes, en lugar de utilizarlo para adquirir bienes durables que pueden financiarse en cuotas.
"Si yo me estoy endeudando para comer, es algo que no puedo recortar y que todo el tiempo lo necesito", explicó. Además, señaló que la repetición de esa dinámica puede generar una deuda creciente, porque los gastos vuelven a presentarse al mes siguiente y se suman a las obligaciones anteriores.
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Riqueza concentrada: qué pasa con la clase media argentina
El segundo eje de los informes apunta a la distribución de la riqueza: el 1% de la población concentra el 26% del total. Para Bellini, este fenómeno debe analizarse junto con lo que ocurre con los ingresos de los sectores que dependen de su trabajo.
"La clase media argentina está basada en el trabajo asalariado", sostuvo. Desde su perspectiva, cuando el salario pierde capacidad para sostener las condiciones de vida y los hogares necesitan sumar empleos o endeudarse para cubrir gastos básicos, esa estructura social comienza a fragmentarse.
La economista describió un escenario en el que la riqueza se concentra cada vez más en los sectores de mayores recursos, mientras una parte de la población pierde capacidad económica. Así, el análisis de la desigualdad no se limita a observar cuánto acumulan los sectores más ricos, sino que también requiere examinar qué sucede con los ingresos de los trabajadores y con las posibilidades de sostener un determinado nivel de vida.
En esa explicación, Bellini también hizo referencia al coeficiente de Gini, un indicador que utiliza el Indec para medir la desigualdad en la distribución del ingreso. El índice se acerca a cero cuando la distribución es más igualitaria y a uno cuando la desigualdad es mayor. Según indicó, los datos recientes muestran un aumento de la desigualdad.
El rol del Estado en la distribución del ingreso
Bellini sostuvo que las decisiones del Estado inciden en la distribución del ingreso y pueden favorecer una mayor concentración de la riqueza o una distribución más uniforme. “Siempre los Estados regulan para un lado la distribución del ingreso. O pueden regularla para la mayor concentración en la cúpula o para que haya una distribución más uniforme”, explicó.
En ese sentido, vinculó la concentración económica con la situación de la clase media argentina, al tiempo que insistió en que está históricamente sostenida por el trabajo asalariado. “La clase media argentina se basa en el trabajo asalariado”, remarcó, y advirtió sobre la fragmentación de esa estructura cuando los ingresos laborales pierden capacidad para sostener las condiciones de vida.
La economista también cuestionó la idea de que el crecimiento económico termine beneficiando al conjunto de la sociedad a través de la distribución por goteo. “Yo en particular no la comparto”, afirmó al referirse a esa teoría.
Como ejemplo del papel de las políticas públicas, mencionó los impuestos a los combustibles y la distribución de los recursos destinados al transporte público. “Todos cuando cargamos combustible, pagamos el impuesto de los combustibles”, planteó, antes de cuestionar que esa redistribución no llegue necesariamente a quienes utilizan el colectivo, un medio de transporte asociado a los sectores trabajadores.
“Hasta el momento, entonces, la teoría no se está dando en la práctica”, concluyó Bellini, en referencia a su evaluación del esquema de distribución económica.






