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Sociedad bomberos | historias | Ciudad de Santa Fe

"Lo vuelvo a elegir toda la vida": Daniel Almada, el bombero santafesino que se retiró tras casi 33 años de servicio

Hijo y nieto de bomberos, Daniel Almada lleva la vocación en la sangre. Su extensa carrera estuvo atravesada diferentes momentos que lo forjaron como profesional y persona. "Yo cumplí el sueño de todo chico de ser bombero", aseguró.

Lleva la vocación en la sangre. Como hijo y nieto de bomberos, Daniel Almada se crió entre sirenas y autobombas y el cuartel de la Agrupación de Bomberos de Santa Fe es su hogar. El pasado jueves 27 de octubre fue su último día como Subdirector General de los Bomberos Zapadores de Santa Fe, después de 32 años y ocho meses de servicio público. “Es una frase muy trillada, pero con las cosas buenas y malas, lo vuelvo a elegir toda la vida”, expresó emocionado en AIRE.

A menos de 24 horas de ese momento bisagra en su vida, Daniel Almada recibió a un equipo de AIRE donde contó sensaciones, aprendizajes y anécdotas de tantos años de servicio público.

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Acostumbrado al ruido de las sirenas desde siempre, el bombero retirado hace pocas horas admitió que va a “ser raro acostumbrarse” a esta nueva etapa de su vida. “Siempre estamos con el teléfono, te llaman a cualquier hora y estás pendiente de lo que pasa. Con el director teníamos que ver todo lo que sucedía en la provincia: desde el cuartel en Vera hasta el que está en Rosario, pasando por San Lorenzo, Rafaela y Santa Fe. Es un parate medio de golpe”, dijo.

Sin embargo, aseguró que a partir de ahora va a disfrutar de la familia, de los afectos y del tiempo libre. “Hay gente que trabaja hasta los 70 años, pero nosotros no tenemos un fin de semana, Navidad o aniversario. Nos toca una guardia o un siniestro y tenés que salir”, relató.

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"Con las cosas buenas y malas, lo vuelvo a elegir toda la vida"

Con 32 años y ocho meses de servicio, fueron muchas las situaciones que le tocó vivir en su carrera: algunas fueron insólitas, otras lo llenaron de orgullo y las hubo también muy duras que lo forjaron como profesional pero también como persona.

Entre las experiencias más difíciles de atravesar en su carrera, Almada no dudó un segundo en mencionar la tragedia de calle Salta 2141 de Rosario, en el año 2013, la explosión de un edificio a causa de una perdida de gas que dejó 22 víctimas fatales y causó una profunda conmoción en la ciudad del sur provincial.

“Fue una situación que nos marcó a todos. El primero en llegar fue el director, nosotros viajamos esa misma noche como apoyo. Más allá de toda la situación, lo que más fuerza nos dio fueron los carteles de los chicos de las escuelas que nos dejaban como apoyo. Fue muy lindo. Con esa profesión aprendimos que la vida te puede cambiar en un segundo”, recordó.

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Sin embargo, destacó que logró sobrellevar este tipo de momentos con una enseñanza que le dieron en su juventud: charlar las vivencias con los compañeros. “Me lo enseñaron cuando entré y traté de transmitírselo a los jóvenes. Cuando uno vuelve de una situación complicada hay que sentarse a charlar sobre eso. No hay que guardarlo porque a la larga no es bueno. Y siempre hay una situación en particular que rebalsa el vaso”, explicó.

Las situaciones divertidas e insólitas también formaron parte de su día a día como bombero y se le dibuja una sonrisa cada vez que las recuerda. “Hemos tenido intervenciones desde bajar un gatito, rescatar un perrito o una iguana ¡Es verdad que rescatamos gatitos!", exclamó risueño y siguió: "En Rosario nos pasó que fuimos a recatar un loro y cada vez que lo queríamos agarrar se volaba”.

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Entre las anécdotas más graciosas que le tocó vivir, mencionó lo que ocurrió con una joven hace muchos años. "Se estaba bañando una chica en la bañera y jugando con la canilla se le quedó uno de los dedos del pie metido en la canilla. No lo podía sacar entonces nos llamaron”.

Además, admitió que una de las cosas que más va a extrañar son las visitas escolares al cuartel. “Las visitas de los chicos de las escuelas me encantan porque yo les cuento las cosas y te miran como un superhéroe. Se ponen el casco y los dejás tocar las sirenas y son felices. Yo cumplí el sueño de todo chico de ser bombero", aseguró.

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Una vocación innata

Daniel Almada tiene 50 años y su vocación por ser bombero es casi innata. Su abuelo y su padre también fueron parte del cuerpo. “Cuando tendría cinco o seis años venía al cuartel y jugaba con las autobombas, iba a las oficinas donde ellos trabajaban. No había tantas fotos en esa época, pero sí venía de chiquito”.

Cuando suena la sirena del camión, el corazón se le estremece cómo cuando era pequeño. Y, simplemente, no podrá ser indiferente a las próximas autobombas que pueda oír pasar desde el balcón de su casa. “Yo escucho la sirena e inconscientemente salgo a ver a dónde pasa y sé lo que sienten los chicos. Esa adrenalina cuando suena la alarma y estás durmiendo, comiendo o duchándote. Dejás todo lo que estás haciendo, te subís al camión y hasta que no llegás al siniestro no sabés bien de qué se trata”.

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Finalmente, este hombre al que le va a costar dejar de ir al cuartel, no quiso dejar de destacar el compañerismo que hay dentro de los bomberos y aseguró que es una de las cosas que más le gustan de su trabajo. “El compañerismo que hay, el espíritu de trabajo, de superación constante. Saber que uno se entrena, se prepara, se capacita para brindarle un mejor servicio a la comunidad. Es importante saber lo que vamos a hacer porque de muchas veces de nuestras acciones depende la vida de muchas personas y eso te motiva a seguir”.