POR JÉSICA OLDANI
El campo siempre fue considerado como un territorio masculino. El imaginario colectivo visualiza al hombre haciendo las labores del campo, invisibilizando así el papel de las mujeres en la cadena de producción.
Sin embargo, a pesar de que sigue predominando la figura masculina, de a poco, las mujeres van conquistando espacios y demostrando que el campo no es una cuestión de género.
8M Gisela Di Bernardini CON MARCA
Gisela Di Bernardini ha visto ordeñar vacas desde que tiene uso de razón. Tercera generación de trabajadores rurales, nació y creció muy vinculada al campo y a los animales, a los que aprendió amar desde muy chica.
Con 35 años, fruto de su pasión y experiencia, está al frente de la rutina diaria en el tambo familiar que está en Colonia San José, un pequeño pueblo ubicado a 20 kilómetros al oeste de la ciudad de Santa Fe.
“Tenemos una empresa familiar. Tenemos el tambo, elaboramos la leche y con esa producción, fabricamos queso y dulce de leche”, explicó en AIRE.
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Gisela ha visto ordeñar vacas desde que tiene uso de razón. FOTO: Maiquel Torcatt / Aire Digital.
Y el trabajo también es familiar. En las tareas diarias también están involucrados Marcelo y Graciela, sus padres; Anabela y Marcelo, dos de sus tres hermanos, y Pablo, su esposo, con quien tiene una hija de dos años. Sin embargo, Gisela siempre fue la que estuvo más pendiente de los animales.
“Yo soy la que está más metida con el tema del manejo del tambo, pero mi papá sigue muy pendiente. Y la verdad que no hubo una fecha en dónde nos dividimos las tareas, sino que fuimos tomando el lugar que más nos gustaba a cada uno, sin planearlo. En realidad, fue así, se fue dando”, indicó.
Y agregó: “Es lo que más me gusta. Le presto más atención porque es algo que me atrapa. El tambo tiene muchos detalles que hay que tener en cuenta y la verdad que a mí no me cuesta mirarlos”.
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Gisela siempre fue la que estuvo más pendiente de los animales. FOTO: Maiquel Torcatt / Aire Digital.
El oficio de Gisela es uno de los más sacrificados y duros del campo. No hay fines de semana, ni feriados, ni suspensión por tormenta. La jornada arranca a las 3 de la mañana en el tambo.
“Estamos ordeñando todas las vacas en dos horas y media. Después se elabora, se le da de comer a los animales y a las 13.30 se vuelve al tambo otra vez”, detalló.
Además, Gisela también hace un seguimiento individualizado de cada animal. Conoce cada vaca que hay en el campo, verifica si está sana o si necesita algún tratamiento. Se encarga de las pariciones –que llegaron a ser hasta cuatro por día a finales de febrero-, y de hablar con el veterinario.
Es tan grande su pasión y resuelve situaciones desde tan chica que su familia asegura que tiene todos los datos en su cabeza. “Tiene el conocimiento de cada animal. Ella sabe quién es la madre y la hija de cada vaca”, expresaron.
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Gisela también hace un seguimiento individualizado de cada animal. FOTO: Maiquel Torcatt / Aire Digital.
Las labores de Gisela en el campo no terminan allí. Desde que tiene 19 años es la encargada de convertir gran parte de los entre 3.000 y 3.500 litros de leche cruda que se ordeñan por día en los quesos reggianito, sardo y cuartirolo que venden de forma directa al público. El dulce de leche es la especialidad de su hermana Anabela.
Y en medio de las largas jornadas que exige el tambo, Gisela gestiona el tiempo para equilibrar su trabajo con el cuidado de su pequeña hija de dos años. “A veces se complica, no voy a mentir. Trato de dividirme como puedo. El campo no es igual todos los días. Siempre aparece algo, pero todos colaboran”, sostuvo.
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Ama este oficio con el que aprende todos los días desde que es una niña. FOTO: Maiquel Torcatt / Aire Digital.
Nacida y criada en el campo, Gisela asegura que nunca hubo diferencia de género en las tareas porque sostiene que nunca tuvo obstáculos que no pudiera afrontar, ni siquiera durante el embarazo.
“Sé que el campo es mucha fuerza y al hombre le resulta más sencillo que a una mujer, pero no siento que algo me frene. Creo que puedo hacer todas las tareas. Es más, durante el embarazo trabajé hasta el último día. Obviamente, que en los últimos meses si se escapaba un ternero lo corría otro, pero nunca me pesó. Tampoco me frenó”, aseguró.
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El tambo familiar está ubicado en Colonia San José. FOTO: Maiquel Torcatt / Aire Digital.
Gisela no sabe si ella eligió el tambo o el tambo la eligió a ella. Lo que sí tiene en claro es que ama este oficio con el que aprende todos los días desde que es una niña.
“Me gusta mucho lo que hago. Me siento muy cómoda trabajando entre animales. Obviamente que uno va aprendiendo todos los días, pero lo hago con mucha dedicación y amor”, concluyó.